Mostrando las entradas con la etiqueta músico. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta músico. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de julio de 2022

Emigdio Galán Anacleto

 

15 de junio de 1936 se unieron en matrimonio Emigdio Galán y Elpidia Navarro. El novio era un filarmónico de 25 años, hijo de Epigmenio Anacleto y de Ma Asunción Galán; pero como había sido registrado como “hijo natural”, recibía primero el apellido de su madre y luego el del padre. La pretensa, como decían en la época, fue Elpidia Navarro de 23 años, célibe, hija “natural” de los finados Feliciano Merlán, tamborero, y de Ma Félix Navarro.
        La pareja procreó a Edelmira, quien nació el 16 de diciembre de 1937, y fue registrada un mes después; según testificaron Juan Francisco y Arnulfo Salmerón, mayores de edad. lamentablemente murió a los 11 meses, a causa de “convulsiones”, sin asistencia médica.
        Emigdio Galán fue filarmónico y la segunda pareja de Carlota Rojas, ejecutante de la guitarra en la orquesta femenil de Tlapehuala, quien enviudó a los 21 años de Eulogio Giles, muerto a balazos en 1938. Carlota fue comadre del músico Nicolás Salmerón y de su esposa, también dedicada a la música, la violinista Ma Guadalupe Navarro.
        Los músicos de los valles del Balsas y el Cutzamala tuvieron un alto índice de “hijos naturales”, también era usual la bigamia y la poligamia. Don Emigdio no fue la excepción, el 10 de mayo de 1948 nació su hijo Antonio Pineda, en Santa Teresa, perteneciente a la comisaría de Paso de Arena del municipio de Coyuca de Catalán, cuando tenía él 40 años; habido con Eustreberta Pineda, de 20 años, ocupada en las labores domésticas e hija de Rosendo Pineda y Alejandra Duarte, ambos de Santa Teresa.
        Un año después, el 8 de julio de 1949, nació en Tlapehuala su hija Elena Rojas, hija “natural”, habida con Carlota Rojas, de 42 años, ejecutante de la guitarra, hija de Dionicso Rojas, finado, y doña Merced Larios, que vivía
      Ello no quiere decir que dejó a su esposa Elpidia Navarro, pues todavía en 1952 registraron el fallecimiento de María Rosario Galán, de 9 meses, que murió de fiebre, atendida por el médico Gabriel Orduña Adán.
        Emigdio Galán Anacleto, filarmónico, murió de insuficiencia renal crónica el 30 de julio de 1973.  Su esposa fue Elpidia Navarro, hija de Feliciano Merlán y de Ma Félix Navarro, con quien contrajo matrimonio el 15 de junio de 1936, en Tlapehuala.
 

viernes, 22 de julio de 2022

Feliciano Merlán Santa María

 Feliciano Merlán Santa María, fue un tamborero de Tlapehuala. A decir de don Zacarías Salmerón, tocó con los hermanos Jacinto Rivera, ejecutante del violín, y Jesús Rivera, quien tocaba la guitarra séptima, pero también con el conjunto de los Salmerón, a decir de don Zacarías Salmerón.

        Don Feliciano nació hacia 1893, era hijo de Leonardo o León Merlán (nacido hacia 1868), y de Paula Santa María (n. 1867). Tuvieron a Juan (18 de marzo de 1885); Pedro que nació el 28 de enero de 1898 y murió por piquete de alacrán a los 8 meses, el 11 de octubre del mismo año.

        Feliciano Merlán Santa María se unió con María Salomé Salmerón Aquino, nacida en 1902, hija del filarmónico Hermenegildo Salmerón (n. 1865) y de Tiburcia Aquino (n. 1870). El matrimonio Salmerón Aquino tuvo además a Otilia, quien nació en 1895 y que tendría varios hijos con don León Merlán, cuando este era viudo, quien le superaba con más de 30 años de edad.
        En 1916 nació Teodoro Merlán Salmerón, hijo natural de los señores Feliciano Merlán y Ma. Salomé Salmerón; heredó el nombre y apellido de su bisabuelo.
        La abuela Paula Santa María, llevó a registrar a la niña María Carmen Merlán Salmerón, el 3 de agosto de 1919; la presentó como hija “natural” de Feliciano Merlán, su hijo, y de María Salomé Salmerón.
       Dos años después el abuelo León Merlán, de 46 años, casado, presentó ante el Registro Civil a su nieta María Encarnación, hija natural de Feliciano y María Salomé, el 28 de abril de 1921.
        Lamentablemente don Feliciano Merlán falleció de fiebre la madrugada del 2 de abril de 1923 en Tlapehuala. Murió a los 30 años de edad, era soltero, jornalero, mexicano, “de raza indígena”; según declaró su padre: León Merlán de 49 años, soltero, jornalero, e hijo también de Paula Santa María, que en ése momento vivía.
    Al morir don Feliciano Merlán su esposa, María Salomé, tenía 32 años, y estaba embarazada; así que el 17 de mayo de 1923 dio a luz a Pascuala, hija del finado. Fue presentada por su abuelo León Merlán el 21 de mayo, como la 5a hija del matrimonio, ambos mexicanos de raza indígena, y casados religiosamente. Don León Merlán de 57 años de edad, soltero, originario y vecino de esta población con habitación en la primera manzana, casa sin número.
        En 1930 vivía en la primera manzana de Tlapehuala, en la casa marcada con el número 19 León Merlán, de 58 años, ya entonces viudo, salador, con sus nietos: Guillermina Merlán de 16 años, J. Ezequiel Merlán, soltero de 14 años, Teodoro Merlán, escolar de 12 años, María Merlán, escolar de 6 años.
        Un año después don León Merlán y Otilia Salmerón tuvieron a su hija Justina Merlán Salmerón; quien se casó con el agricultor Rafael Martínez, de 58 años, el 3 de febrero de 1950 en Tlapehuala, ella tenía 19 años y había quedado huérfana.
        Don Feliciano Merlán tuvo otros hijos, que no pertenecen al clan Salmerón; por ejemplo: con María Félix Navarro procreó a Elpidia Navarro, nacida en 1913, quien a los 23 años se casó con el filarmónico Emigdio Galán, de 25 años, el 15 de junio de 1936, en Tlapehuala.
        El tercer hijo, Teodoro Merlán se casó en Tlapehuala el 19 de noviembre de 1941, tenía 25 años de edad, era soltero, se ocupaba como jornalero, originario y vecino de Tlapehuala; hijo natural de don Feliciano Merlán, finado y Ma. Salomé Salmerón, entonces viva. La contrayente fue Amancia Díaz Segura, también de 25 años, célibe, “con las ocupaciones propias de su sexo”, “hija natural” de los señores Miguel Segura, finado, y Macedonia Díaz, viva entonces.
    J.Ezequiel Merlán tuvo un hijo con la señora Apolinar de la Rosa, a quien llamaron Rogaciano Merlán de la Rosa, nacido en Tlapehuala el 24 de mayo de 1945; el padre tenía 26 años y era artesano, la mamá tenía 23 años y se dedicaba al hogar. Su abuela paterna, María Salomé Salmerón, vivía, y también sus abuelos maternos Benjamín de la Rosa y Julia Hernández.
        La hermana mayor Guillermina Merlán, de 35 años, tuvo un “hijo natural” con Maximino Galán, artesano de 25, el 24 de abril de 1947, en Tlapehuala. Le pusieron por nombre María Agustina Galán, nieta por línea paterna de Juan Galán, finado y Francisca Gónzaga, con domicilio en Tlapehuala.
        La mas pequeña hija de la familia, María Encarnación Merlán, no se casó, y vivía con su hermano Ezequiel Merlan, de 64 años, campesino, casado, en su casa de la calle en H. Colegio Militar, sin número. Falleció a los 56 años, el 19 de agosto de 1981, por un choque anafiláctico causado por salmonelosis, con asistencia médica, según declaró su hermano.
        Aunque fue breve la existencia de don Feliciano Merlán hemos visto que algunos de sus descendientes siguieron vinculados con la música.     

martes, 19 de julio de 2022

Benjamín Pastenes Vela "La Capilla"

 

Benjamín Pastenes Vela fue un filarmónico, músico de banda de viento, y sastre originario de Santa María, actual Nuevo Guerrero, en el municipio de Tlapehuala, nacido hacia 1915, hijo de don Pedro Pastenes y Urbana Vela.
En 1930 vivía la familia Pastenes en la casa número 55 de Santa María. El jefe de la prole era don Pedro Pastenes, entonces de 47 años, viudo, con sus hijos Benjamín Pastenes de 16 años, Eugenia de 14, Beatriz de 19, Pedro B. Pastenes de 10, y Brígido de 5 años.
El padre, don Pedro Pastenes, estuvo casado con doña Urbana Vela, madre de Benjamín y sus hermanos; pero ya viudo tuvo varios hijos con mujeres de Santa María, como Demetrio, que “falleció de piquete de alacrán”, el 6 de noviembre de 1935; quien fue hijo de Francisca Salvador, del propio pueblo. Don Pedro Pastenes fue amigo de Martín Luciano, quien aparece como su testigo varias veces, quien también fue músico, por lo que es probable que el propio don Pedro Pastenes tuviera una práctica musical no documentada hasta el momento en las actas del registro civil.
Don Benjamín Pastenes tuvo varias relaciones que desembocaron en familias, la primera fue Natalia Almonte, con quien no se casó y procreó varios hijos alternados con los habidos con Leovigilda Hinojosa, con quien si contrajo matrimonio civil.
Don Benjamín Pastenes se casó en Tlapehuala el 9 de diciembre 1944, con Leovigilda Hinojosa. En ése momento dijo tener 19 años de edad (en realidad tenía 29 años), estaba soltero, era filarmónico, originario y vecino de Santamaría, Gro. Hijo natural del señor Pedro Pastenes y de la difunta Urbana Vela. Leovigilda tenía 20 años de edad, era célibe, de “ocupación doméstica”, también originaria y vecina de Santa María; era hija legítima del extinto Francisco Hinojosa, y de la señora Maura Santamaría, que entonces vivía. Los pretendientes era “de raza mestiza, de nacionalidad mexicana”, según declararon los testigos; el contrayente presentó a Feliciano Peralta, de 28 años, casado, filarmónico como el pretenso, originario y vecino del poblado de Santamaría y J. Encarnación Torres de 19 años de edad, soltero, sastre, oficio compartido con el contrayente y como él, originario y vecino de Santamaría. La pretensa invitó como sus testigos a los señores Alberto Elías, de 53 años de edad, soltero, y Bulmaro Torres, de 20 años de edad, soltero, ambos agricultores, originarios y vecinos de Santa María.
La primera hija habida con Natalia Almonte, entonces de 28 años de edad, fue Ricarda, que nació el 23 de febrero de 1936, en Tlapehuala, el dijo tener entonces 25 años de edad, ser soltero, jornalero y vecino de la población. Aparecerá constantemente como su testigo Aurelio Torres, quien probablemente también fue músico. Un par de años después, fue registrado Delfino que nació el 24 de diciembre de 1937, como su cuarto hijo “natural”, registrado por doña Natalia Almonte. El 13 de septiembre de 1940 nació J. Eligorio Pastenes, registrado como en tercer lugar e “hijo natural” por “unión libre”. Un año después nació Carlos Pastenes, el 29 de septiembre de 1941, y dos años después nació Víctor Pastenes, el 16 de septiembre de 1942, ambos hijos de Natalia Almonte. Miguel Pastenes, también su hijo “natural”, nació el 29 de septiembre de 1946; tenía entonces 30 años, en “ocupación” declaró ser “artesano”, mexicano de Tlapehuala y doña Natalia Almontes, dijo tener 35 años de edad, ser “doméstica”, mexicana, también de Tlapehuala. Los abuelos paternos del niño eran Pedro Pastenes, de Santa María y Urbana Vela, ya finada; los maternos: Jesús Almonte, ya finado y Luisa “Wuitrón”, de Tlapehuala. El niño murió de paludismo a los 3 años, el 31 de octubre de 1949, sin asistencia médica, según declaró su tío Isidro Almonte, de 42 años, agricultor, casado, de Tlapehuala.
La familia con Leovigilda Hinojosa fue la siguiente. La primera registrada es Carmen Pastenes Hinojosa que nació el 16 de enero de 1948, en Santa María, anotada como “hija legítima” de Benjamín Pastenes, entonces de 33 años, artesano, mexicano, y Leovigilda Hinojosa de 24 años, doméstica, mexicana, ambos con domicilio en Santa María. Los abuelos paternos eran Pedro Pastenes, con domicilio en Santa María, pues Urbana Vela ya era finada, y los maternos: Francisco Hinojosa, de 40 años, agricultor y María Santamaría de 50 años, doméstica, ambos con domicilio en Santa María. Ése mismo año, el 27 de noviembre nació Virgilio, también en Santa María, y el padre se ocupaba como “artesano”. Un año después el 27 de octubre de 1949 nació Victoria Pastenes Hinojosa, pero Santa María había cambiado el nombre por “Nuevo Guerrero”; en el acta dijo don Benjamín ser “agricultor”, y su suegro, don Francisco Hinojosa ya era finado. La niña fue bautizada hasta el 11 de marzo de 1950, fueron sus padrinos Melquiades Pérez y Bartola Nabor.
Don Pedro Pastenes falleció el 24 de abril de 1957, en Nuevo Guerrero, de 68 años, viudo, hijo de Tomás de Aquino Pastenes y Margarita Modesto. Murió de “intoxicación alcohólica”, sin asistencia médica, según declaró su hijo Brígido Pastenes de 32 años, soltero, agricultor.
Probablemente esta rama de los Pastenes, de Santa María (ahora Nuevo Guerrero) eran parientes con doña Feliciana Pastenes, madre de J. Isaías Salmerón Pasténes, filarmónico, quien declaró, el 27 de octubre de 1916, en Cutzamala, que su madre falleció a los 51 años de fiebre; nacida en 1865, hija de Ramón Pastenes y María Cuadra. El propio Isaías luego de recorrer numerosos pueblos de los valles del Balsas y el Cutzamala, terminó su existencia en Nuevo Guerrero, en el pueblo materno.
Aquí terminan las referencias encontradas sobre la familia de don Benjamín Pastenes, filarmónico de la cuadrilla de Santa María, ahora Nuevo Guerrero.

Anastasio Valerio Andrés


Anastasio Valerio Andrés fue un filarmónico, hijo de Valentín Valerio y Anastasia Andrés de los Reyes, casados el 20 de diciembre de 1892, quien nació en Chuperio, municipio de Pungarabato, entonces Michoacán, en 1898. Fue registrado como “hijo natural” por su padre, entonces de 32 años de edad, jornalero, vecino de Chuperio. Aunque don Valentín presentó ante el Registro Civil a mas de 6 vástagos, en la mayoría de las actas aparecen como de “madre no conocida”; sin embargo, al registrar a Herculano, el 21 de noviembre de 1893, se registra como hijo de Valentín Valerio y de Anastasia Andrés. El señor Valerio murió a los 49 años de fiebre, el 26 de abril de 1910.
En el censo de 1930 aparece Anastasio Valerio viviendo en Temixco, Arcelia, con oficio de “platero”, entonces soltero de 29 años, con sus hermanos: Tomás de 19 años, Ángela de 22 años, y Virginia de 20.
La primera referencia de Anastasio Valerio, vinculado con la música, es cuando aparece registrado como “filarmónico”, junto a J. Jesús Carbajal, del mismo oficio, al ser llamados como testigos de Gumaro Mariano, para dar parte de la muerte de su hija Elena, de 4 meses. En ése momento, el 23 de octubre de 1923, ambos testigos era solteros y vecinos de Pungarabato.
La habilidad musical de Anastasio Valerio le llevó a probar suerte en la capital del estado de Guerrero, Chilpancingo, donde también encontró a su esposa; pues casó con Emilia Vélez, de 22 años, originaria de San Marcos, en la costa de Guerrero, el 15 de noviembre de 1943. En su acta de matrimonio dice trabajar como “filarmónico”, tener 37 años (tenía en realidad 45 años), y ser originario de Ciudad Altamirano.
Don Anastasio Valerio Andrés murió de cáncer de esófago el 1 de mayo de 1964, en Chilpancingo, atendido por el Dr. Javier Calvo. Aunque en el acta toman por nombre de su madre su apellido “Andrés” y colocan el apelativo materno, “de los Reyes”, como el segundo de don Anastasio. En el acta dice que era oriundo de Ciudad Altamirano, que tenía 65 años (en realidad 66), trabajaba como “filarmónico”, y dejó viuda a doña Emilia Vélez, entonces de 40 años, ocupada “de su hogar”, en la col. Cuauhtémoc de Chilpancingo. Entre los testigos aparece Silvino Martínez, de 48 años, filarmónico, con domicilio en la calle Quintana Roo y sin parentesco.
El señor Valerio ejerció dos oficios a lo largo de su vida, era platero, como su amigo Gumaro Mariano, y músico como Jesús Carbajal; lo cual no era raro en la región, pues el vínculo entre un oficio artesanal y el ejercicio musical aparecen constantemente; en particular, entre el gremio de plateros, como sucede con la familia Medrano de Coyuca, quienes también eran músicos. Otros artesanos que dedicaron su tiempo “muerto” en el trabajo a la música fueron: sastres, zapateros y peluqueros, que entre un trabajo y otro, ensayaban su repertorio musical.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Juan Pérez

Juan Pérez, guitarrista, originario de ciudad Altamirano, tal vez emparentado con esa familia de músicos pungarabatenses que tuvieron una orquesta y residente en San Miguel Totolapan. Estuvo casado con María Isabel García de El Terrero, también parte de una familia musical. Él aparece como filarmónico y entre sus testigos está J. Santos Piedra, también ejecutante de la guitarra, y su compañero en el conjunto musical de Dionicio Pascual, violinista.
           María Isabel García era hija de Francisco García y Macaria Urdiera, ambos de San Antonio de la Gavia, perteneciente a San Miguel Totolapan. Entre los amigos de su padre, que aparece como testigo en el registro civil, en su boda en 1911, está el “filarmónico” Gregorio Aguirre, por lo que es probable que ejerciera también el oficio, aunque en los documentos que hemos revisado no se da cuenta de ello; pues, como hemos dicho en otros casos, la práctica musical no siempre es la “ocupación” principal o con mayor prestigio social para anotarse.
             La pareja formada por el “filarmónico” Juan Pérez y María Isabel García se presentó ante el Juez del Registro Civil el 9 de junio de 1937. Al dar sus “generales”, el pretenso dijo tener 25 años, ser soltero, mexicano, católico, “de raza mezclada con blanca”, originario de Ciudad Altamirano y vecino de San Miguel, hijo legítimo de los finados Rómulo González y Victoriana Pérez, vecinos que fueron de ciudad Altamirano. Por su parte la señorita García dijo: tener 20 años, ser soltera, con “la ocupación de su sexo”, mexicana, católica, “de raza mezclada con blanca”, originaria de la Cuadrilla del Terrero, e hija legítima de los esposos Francisco García y de la finada Macrina Urdiera. Actuaron como sus testigos, dos hermanos, el primero lo fue del pretenso, se trató de J. Santos Piedra, mayor de edad, soltero, no registraron su ocupación laboral, pero sabemos que era guitarrero y compañero del novio en el conjunto de don Dionicio Pascual; su hermano J. Reyes Piedra, también mayor de edad, soltero, sirvió de testigo para la novia. La pareja se casó dos días después.
             El 29 de octubre de 1943 la pareja vio nacer a su  amado hijo Amado, el padre Juan dijo tener 30 años y ser “jornalero”, en tanto doña Chabelita dijo tener 21 años y ocuparse del hogar.
            La familia pasó un trago amargo al morir la niña Victoriana Pérez, de 6 años, oriunda de El Terrero, por el piquete de un alacrán a las 19:30 horas del día 29 de noviembre de 1945; fue inhumada en El Cubo. Al año siguiente, el 19 de enero, la pareja vio nacer a otra niña a quien le pusieron de nuevo Victoriana, el nombre de la madre de don Juan, que ya había fallecido. Aunque se pide que los testigos no tengan parentesco con los interesados en el acto civil, en esta ocasión fueron J. Ángel Pérez, 23 años, y Sidronio García, de 30 años, agricultores, y residentes en El Terrero.
              Aunque pareciera que don Juan se dedicaba más al trabajo en el campo que en la música, el 5 de enero de 1949, al registrar a su hija Aurora, que había nacido en El Terrero el 13 de agosto de 1948, volvió a decir que era “filarmónico”, de 28 años, y su esposa María Isabel García, de 25 años, ocupada en “las labores de su sexo”.
            Hasta aquí la breve historia de don Juan Pérez, guitarrero, y probablemente también violinista, oriundo de Pungarabato y residente en El Terrero de San Miguel Totolapan; su nombre, bastante común, produce muchos homónimos a los que es difícil seguir la pista y descartarlos.

martes, 24 de mayo de 2022

Espiridión Salgado.

Espiridión Salgado, es descrito como “filarmónico”, hijo de Hesiquio Salgado, también músico, de San Antonio de la Gavia, y una de las ramas de esta familia musical que llega hasta el presente.
El primer documento que encontramos de don Espiridión es cuando fue padrino de los gemelos José Francisco y José Ramón Bustamante, nacidos en San Miguel Totolapan, el 5 de octubre de 1900; los miembros de la familia Bustamante aparecerán repetidamente en los actos civiles de esta rama de la familia Salgado, e incluso emparentarán con el tiempo. Todavía no sabemos si son descendientes de Odón Bustamante, filarmónico de fines del siglo XIX, también de Totolapan, y si sus descendientes también practicaron el arte de Euterpe.
El filarmónico Espiridión Salgado contrajo matrimonio civil con Adolfina Araujo el 13 de enero de 1925, en San Miguel Totolapan. En ése momento dijo ser “de raza indígena mezclada con español”, mexicano, soltero, de 25 años, originario y vecino de la cuadrilla de San Antonio, hijo legítimo de los finados Hesiquio Salgado y Nicolasa Arellano. Su esposa dijo ser célibe, de 15 años de edad, originaria y vecina también de la cuadrilla de San Antonio, hija legítima del finado J. Isabel Manzo y de la señora Diega Martínez. En ése momento la pareja no sabe leer ni escribir.
La pareja bautizó a su hija Agustina Francisca el 4 de octubre de 1929; sus padrinos fueron Socorro Carranza y Crescenciana Carranza, otra familia que se relaciona con ellos.
En 1930 la familia de Espiridión Salgado de 30 años, casado por las dos leyes con Adolfina Araujo, de 18 años, con sus hija: Agustina de 9 años, vivía en la Cuadrilla de San Antonio, en la casa número de 26; con ellos estaba Isaías Salgado, soltero de 18 años, J. Jesús Calderón, soltera de 15 años, y Feliciana Salgado de 8 años. En las casas que rodean el hogar familiar hay otras familias apellidadas Salgado.
Hasta 1932 nació su segunda hija, el 5 de marzo, en Totolapan, a quien llamaron María Elena. En ése documento dijo que su ocupación era ser “jornalero” y tener 27 años; pero ya hemos mostrado que las edades en los documentos no siempre son “exactas” y que, al no saber leer y escribir, sólo refería aproximadamente las fechas.
Don Espiridión tuvo un hijo “natural” con Candelaria Ortiz, originaria y vecina de Santa María, llamado Pablo Ortiz, quien se casó el 2 de junio de 1941 con María Campos. En ése momento tenía 27 años, era soltero, era jornalero, católico y mexicano. No fue el único, Alfonso Salgado Ortiz, hermano del anterior, se casó el 9 de abril de 1945, con Hermenegilda Reza Calderón, ambos de San Antonio de la Gavia; él tenía 20 años, era “agricultor”, soltero y mexicano. Su cónyuge tenía 20, soltera y ocupada en las labores domésticas. Es interesante que este tío del más conocido violinista Alfonso Salgado, esbozara la vida de su sobrino.
La unión de Luciano Bustamante y Agustina Salgado fraguó la amistad que mantenían las familias; contrajeron nupcias el 28 de junio de 1947. El tenía 18 años, era “agricultor”, originario de San Antonio de la Gavia; ella tenía 15 años, era célibe y de la misma cuadrilla y vivía sólo con su mamá, pues su padre había fallecido. El era hijo de Ramón Bustamante, el niño bautizado por don Espiridión, que entonces era agricultor, y viudo de Julia Bernal.
El 19 de abril de 1954 fue un día aciago para la familia, pues Alfonso Salgado fue asesinado. Tenía 25 años, vivía en unión libre, era agricultor, con domicilio en Los Bancos; según declaró su madre: Candelaria Ortiz. Los testigos fueron, de nueva cuenta, miembros de la familia Bustamante, Bartolo Bustamante, de 45 años, agricultor, y Julián Bustamante de 30 años, agricultor, ambos de Los Bancos.
No podemos afirmar que los Salgado Ortiz fueran músicos; sin embargo, un hijo de doña Elena Salgado Araujo, José Antonio Palacios Salgado, también fue “filarmónico”. Así lo declaró al dar parte del fallecimiento de su madre; ella tenía 45 años y murió en San Antonio de la Gavia sin asistencia médica, de “dolor”; él declaró tener 23 años, ocuparse en la música y residir en Acapulco, Guerrero. Los testigos fueron de nuevo miembros de la familia Bustamante, llamados Cleto Bustamante, entonces de 32 años, agricultor, y Ursino Bustamante, de 25 años, también agricultor, ambos con domicilio en San Antonio.

miércoles, 11 de mayo de 2022

La vida musical de un campesino: don Noé Martínez Medrano

 Don Noé Martínez creció con violín que era de su padre, don José Martínez Izquierdo, y que andaba rodando por su casa durante su infancia. Le sacó las primeras notas para “entretener” a una hermana menor. Su padre dejó la música “cuando llegaron los tocadiscos” a Tzitzio, en los años 50, y la gente prefería contratar para sus fiestas a los dueños de bocinas, quienes con sus aparatos Radson y su cajas de vinilos ponían canciones rancheras y piezas “tropicales” para bailar.
Los Martínez de los Balcones de Tzitzio son una familia musical, tal vez con más de guitarra, junto con sus hermanos, luego su tío Perfecto Martínez, de Copuyo, lo inició en el violín. La motivación era poder tocar con sus primos Ascensión, Ramón y José Martínez, hijos de Leonora Medrano Santoyo, hermana de doña Casimira, la mamá de don Noé.
Aproximadamente desde los 15 años don José Martínez se dedicó a la música, pero cuando nació don Noé, el 29 de agosto de 1950, “la música ya no valía”, así que se separó y sus primos incorporaron a don José Rubio, para seguir tocando.
Don Noé tenía 8 años cuando vio tocar un dueto formado por Othón Hernández violinista, quien tocaba con Melitón Piña, “con la guitarra tamborina”, en Poturio, un rancho como a media hora de Paso Ancho. La guitarra tamborina, es la guitarra tuá, o guitarra panzona que se tocaba en la música de la Tierra Caliente del Balsas; se le llamaba tamborina, porque tenía una función más percusiva que armónica y los redobles en los mánicos emulaban a los redobles de la tamborita, además de que sus aros muy anchos le daban un aspecto peculiar.
En esos años, los de su infancia que fueron los 60’s, don Noé recuerda que también había un conjunto musical en La Parotita. Lo formaban don Tiburcio Pérez, el violinista, con don Vidal Patiño, el “segundero”, su hermano José Patiño, en la guitarra tamborina y Meliton Castro, en la tamborita. Aunque su padre y otros músicos viejos le refirieron los bailes sobre la tabla, ese instrumento percusivo que los bailadores tocan con los pies, en los ranchos de Tzitzio, en los años 60, ya no se usaba y aunque se regara el piso con agua, al rato ya estaban “las polvaderonas”.
Don Noé nació en Charapeo, cerca de Queretanillo, pero iba a aprender con su tío Isabel Martínez, hijo de don Perfecto, el maestro y tío de su padre. Don Isabel era violinista y tocaba la guitarra “séptima”; pero nos dice don Noé que sólo de nombre, porque ya era una guitarra sexta de Paracho.
Igual que sucedió con su padre, don Noé se inició en la vida musical con un conjunto formado por sus primos, los hijo de don José Martínez, de Las Minas, tío suyo porque se casó con prima hermana de su mama. Sus hijos don Ricardo Martínez, su compadre, y primo segundo, segundo tocaba el violín; su hermano Agustín es prolijo pues toca la guitarra, el violín, y luego aprendió el acordeón. Don Agustín vivió en la Ciudad de México, en Apatzingán y en Estados Unidos, por lo que dejó la música tradicional de sus pueblos para dedicarse a la norteña.
Cuando don Noé se casó con su esposa, doña María Dolores Ávalos Celis, nacida en El Limón, en 1978, tocaron sus primos. Ricardo Martínez en el violín, Agustín Martínez en la guitarra y su primo segundo Abelino Villa, en el tololoche. Esos “Villa”, son una familia de músicos de Las Juntas, donde se juntan el río grande y el chico que forman el río Purungueo que desemboca en el Cutzmala. Don David Villa, tocaba la guitarra y la vihuela, y su hijo Samuel Villa, toca el tololoche con Los Carácuaros de Serafín Ibarra.
Hasta los años 40 las fiestas de bodas y “cuelgas” o cumpleaños, mantuvieron su carácter tradicional. Dependiendo del nivel económico se contrataban un número de grupos que podían ir de uno a 4, a cada uno le armaban una enramada y le ponían una banca para sentarse. Los novios iban a los pueblos a casarse a Copuyo, Tzitzio, Tafetán, y al regresar los salían a recibir con piezas; entonces, el grupo más reputado se sentaba y tocaba en un tono, el siguiente debía continuar en el mismo tono, repitiéndose la acción mientras hubiera grupos. El primer grupo podía cambiar de tono y entonces los demás debían tocar en el tono propuesto. Estos ciclos de tocar en tonos iban acordes con el tiempo de la fiesta; si había grupos de músicos buenos se alargaba, cuando algún conjunto ya no sabía y no podía, se rompía el ciclo de “contestadas” y se tocaba “ya como podían”. Usualmente los contratos eran de 6 hasta 12 horas y cobraban 20 pesos de 1950 por hora; pero don Noé recuerda que algunas veces llegó a tocar más de medio día.
Don Noé toca para los festejos de alegría, pero también para las funciones de los santos y los difuntos. Asegura que “tiene música” para tocar hasta 12 horas, iniciando con Las Mañanitas y de ahí valses, minuetes, sonecitos, alabanzas, pasos dobles y polkas “de pura música”. Sabe que en otros lugares hay “marchas fúnebres”, pero en los Balcones de Tzitzio no se resguardaron. Ahora el repertorio incluye piezas promovidas por el disco y el radio como “Te vas ángel mío”, “Cruz de olvido”, “Amor eterno”, con las cuales se suele iniciar, alternando el rezo del rosario con la música, las horas que se contraten, que pueden ser toda la noche. Después de un rato la familia del deudo comienza a pedir la música “que le gustaba al difunto” y ahí si ya hay libertad para tocar piezas que no son propias para la velación.
En esas fiestas las bebidas eran “calientes” con alcohol del 96, que compraban en latas, o mezcal que bajaban de la sierra de las vinatas de Marcelino Villa o de José Pérez, por El Salto. A partir de los años 50 la cerveza fue la bebida común para celebrar las fiestas.
En los años 70 comenzó a llegar la música norteña a Tzitzio y el gusto por la canción, el corrido y hasta la cumbia fueron desplazando a los géneros locales. Don Noé no es un tradicionalista que se oponga a los campos, porque a él le gusta saber un poco de todo.
Don Noé tocó con don Elpidio Valenzuela en el tololoche, primo hermano suyo, que sería luego su compadre; nativo del puerto de El Tigre. Pero luego lo jaló su primo don Agustín Martínez, el acordeonista, y con su hermano Anselmo Valenzuela, que tocaba el bajo sexto, formaron uno de los primeros conjunto norteño de la región.
En Tzitzio ha también un dueño norteño, formado por Miguel Coria en el bajo sexto y José Durán, en el acordeón. Un caso interesante es el de Juventino España, nativo de La Soledad, que tocaba la guitarra y el bajo quinto, cuya fotografía aparece en el libro de Jas Reuter, La música popular de México, publicada por Editorial Panorama en 1982. El hijo de don Juventino, Miguel España toca la guitarra y ha sido compañero de don Noé. En Copuyo, don José Magallanes, violinista, mayor de 80 años, es parte de un linaje de músicos que se han convertido en “versátiles”, con su equipo de sonido eléctrico, luces y escenario.
Un caso interesante es el de la fabricación de los instrumentos, pues si bien en la actualidad estos se compran en las casas de música de Morelia, y proceden generalmente de Paracho, guitarras, violines y tololoches; en el pasado hubo algunos músicos que construían sus propios instrumentos. Don Noé recuerda que su padre, José Martínez Izquierdo, construyó un violín, y que don Othón Hernández, que era violinista y fustero, también hizo algunos instrumentos.
La vida laboral de don Noé Martínez es amplia y diversa, apenas ayer reparó una cerca, buscó un burro que se le salió de su corral, cortó algunas cajas de ciruelas y se preparó para viajar a Morelia a tocar con sus nietos, que aprenden con él, el Día del Niño. Don Noé construye casas de “material” y de adobe, conoce plantas medicinales que hay en los cerros y barrancas, sin ningún problema sacrifica chivos, puercos y reses, hace carnitas, desmonta para sembrar el maíz y frijol que consume su familia, tiene terrenos propios y otros los trabaja a medias, siembra jamaica, mantiene sus ciruelos, planta magueyes para mezcal, atiende sus estanques con ranas toro, mueve su ganado con su macho, o anda en cuatrimoto. Aunque la música ocupa una parte importante de su vida es sólo una de las facetas de ser campesino en los Balcones de la Tierra Caliente.





Sabino Carrizosa


Celedonio Serrano Martínez entrevistó a don Blas Valdés, corridista originario de Queruseo, municipio de San Lucas, Michoacán, en la Escuela Regional Campesina de Coyuca de Catalán, Gro., el 8 de septiembre de 1942; entonces le comunicó “La Bola del Tapatío”, que aparece en su libro La Bola Suriana, esa entre otras las atribuyó a Sabino Carrizosa, de La Yerbabuena, Guerrero, sin indicar el municipio. He podido hacer una breve historia de don Sabino Carrizosa a partir de los documentos del Registro Civil y parroquiales.
Don Sabino Carrizosa fue un corridista o trovador popular, vecino de La Yerba Buena, municipio de Teloloapan, Guerrero, pero nacido hacia 1857, en la hacienda de Acamilpa perteneciente al municipio de Jojutla de Juárez, Morelos. Hijo de Amado Carrizosa y Sóstenes Mendoza, no hemos encontrado mucha información. A los 21 años llegó a Teloloapan y se asentó en La Yerba Buena, donde conoció a Aurelia Medina, se casó con ella el 30 de junio de 1891 y se dedicó a la albañilería.
En 1905 nació su hijo Simón Carrizosa, en Ajuchitlán, habido con Adelaida Calderón, con quien incluso se casó, asegurando que era “viudo”, pero su primera esposa murió hasta 1958. El 24 de noviembre declaró que él y su esposa vivían en la Hacienda de San Pedro, del municipio de Ajuchitlán, pero eran originarios de San Antonio en el de Totolapan, el tenía 42 años y se ocupaba en la agricultura, ella tenía 32 y él en las del hogar; aunque podría ser un homónimo, el apellido no es común en la región. Por los registros, don Sabino debió morir entre 1923 y 1930, pues cuando se levantó el Censo Nacional de 1930 en La Yerbabuena, ya no aparece.
En 1930 el Censo Nacional registró en La Yerbabuena la casa de Fausto Carrizosa de 36 años, jornalero, casado con Vicenta Suárez, de 30 años, vivían con sus hijos Rufo y José, de 6 y 4 años, y Berta de un año. En la que sigue su madre Aurelia Medina de 58 años, viuda con su hija Herminia Carrizosa de 37 soltera, costurera, Gaudencio de 26 años, soltero, Daniel de 24 años, también soltero, Ignacia de 22 años del mismo estado, Juan de 20, soltero, Reynalda de 18, en ése momento soltera, Crescenciana de 16 y Albertano de 15, todos nacidos en la Yerbabuena.
Doña Aurelia Medina Sotelo murió el 2 de abril de 1958, de hemorragia cerebral, en La Yerba Buena.
No puedo asegurar que don Sabino “compusiera” algunas de las bolas surianas colectadas por el profesor Serrano en la memoria de don Blas Valdés; sin embargo, “La Bola del Tapatío” es importante porque contiene evidencia de que el término “tapatío” no se asocia únicamente como el gentilicio de los nacidos en Guadalajara, sino que tiene otros significados, en éste caso con el de “ladrón”; un “tapatío” es un ladrón y no un oriundo de Guadalajara.
Es interesante observar que hay una relación entre la Tierra Caliente y sus vecinas: las montañas del Eje Neovolcánico Transversal que ascienden hasta los valles calientes de Morelos, donde se encuentra Jojutla. Esa zona geográfica es una de las vertientes del corrido hacia el sur; así que “La Bola del Tapatío” puede pertenecer a una tradición más antigua y no exclusiva de la región. Catherine Héau piensa que la educación porfiriana fortaleció al corrido y su transmisión escrita, le abrió a temáticas nuevas; pero en este caso me parece se trata de temáticas antiguas.

martes, 3 de mayo de 2022

Alfonso Rodríguez

 

Alfonso Rodríguez, músico, nacido en Otlatepec, municipio de Tlalchapa, en 1908; fue hijo natural de Julio de Paz y de Quintilia Rodríguez. Tocó con Carlos Aguirre, filarmónico y panadero, originario de Tlalchapa.

            Don Alfonso nació en Otlatepec, municipio de Tlalchapa, el 2 de agosto de 1908, fue registrado una semana después como, “hijo natural” de Quintina Rodríguez, fueron sus abuelos maternos Paulino Rodríguez y Leocadia Arce, y sus padrinos sus tíos: Felipe Arce y Rosario Rodríguez; su padre fue don Julio de Paz. En 1914 nació Juan de Paz Rodríguez, bautizado el 31 de mayo de 1914, hijo “legítimo” de Julio de Paz y Quintina Rodríguez, por éste documento nos enteramos que estaban casados religiosamente, pero no civilmente. Un año después, el 6 de diciembre nació su sobrino Nicolás, hijo de Paulino de Paz y Silvestre Osorio, a quien llevaron a bautizar, junto con su esposa Quintina Rodríguez, el 12 de diciembre.

        Don Julio de Paz falleció el 25 de febrero de 1919, en Los Tules, municipio de Cutzamala,  de fiebre, tenía 30 años, era jornalero y vecino del lugar. Por el apellido, probablemente era músico.

            El matrimonio de Alfonso Rodríguez con la señorita Rosa Valerio se verificó en Tlalchapa, el 4 de julio de 1927. Alfonso manifestó tener 19 años de edad, ser soltero, de ocupación labrador, originario y vecino de la población; “hijo natural” de la finada Quintina Rodríguez. La señorita Rosa Valerio dijo tener entonces 18 años de edad, ser “honesta”, hija legítima del finado Encarnación Valerio y de la señora Jacinta Castillejo que entonces vivía; también originaria de Tlalchapa. Fueron sus testigos Sebastián Reyes, Timoteo Nava, Crispín Ponce y Carlos Araiza, mayores de edad y libres de toda excepción. En algunas actas firman todos los presentes; es interesante este caso porque aparecen mujeres, familiares y amigas que firman el acta, en este caso participaron: Santiago Andrés, Alfonso Rodríguez, Rosa Valerio, Timoteo Nava, Sebastián Reyes, J Carlos Ariza, Atanasio Gutiérrez, Élfega B. de Martínez, Eva Rabiela, Heraclia Carachure, Julia Rabiela, Ester G., Elvira Rayón, Felipa Albarrán, Trinidad Calzada.

            La primera hija, Juana, nació el 30 de marzo de 1929, en Tlalchapa 1929; la llevó a registrar su madre Jacinta Castilleja, vecina de la 3a manzana. La niña era hija legítima de Alfonso Rodríguez y de Rosa Valerio. El primero de 25 años de edad, casado civilmente, labrador, católico, indígena puro mexicano, que sabía leer y escribir. La señora Valerio tenía 20 años de edad, estaba casada, “sin profesión de su sexo”, de religión católica, “indígena pura mexicana”. Ambos eran vecinos del lugar y los abuelos paternos fueron: Julio de Paz y Quintina Rodríguez; los abuelos maternos: Encarnación Valerio, era finado, y Jacinta Castillejo, que entonces vivía. Fue bautizada el 12 de julio del mismo año como Juana Félix, hija “natural”, para la Iglesia porque estaban casados civilmente, de Rosa Valerio, “Soltera”, fueron sus padrinos los hermanos José y Feliciana Ortiz.

            En 1930 el Censo Nacional registró en la casa número 16, de la Avenida Matamoros, a Alfonso Rodríguez, de 22 años, que se ocupa como músico, “soltero”, aunque ya se casó civilmente, con él viven sus hermanos, apellidados “de la Paz”, el siguiente, después de él: Jerónimo de 18, Juan de 16, la señorita Feliz de la Paz de 14 y Quintilia de la Paz de 12 años. Es extraño que no aparezca con su esposa Rosa Valerio.

El 21 de febrero de 1934, en Tlalchapa, nació su hijo Paulino Rodríguez, registrado el 13 mayo de 1934. Entonces los Rodríguez Valerio ya han contraído matrimonio civil y eclesiástico. El señor Alfonso Rodríguez dijo tener entonces 27 años, filarmónico, católico, “de raza indígena pura mexicana”. La señora Rosa Valerio tiene entonces 25 años.

            Tres años después, el 25 de marzo, la señora Rosa Valerio registró a su hijo Daniel Rodríguez, que nació 4 de diciembre de 1936; el niño ocupa el tercer lugar de primogenitura.

          Alfonso Rodríguez fue testigo en el nacimiento de Carlota Aguirre, hija del músico Carlos Aguirre y Catalina Rosales. El hecho ocurrió el 12 de abril de 1945, tenía entonces 35 años y declaró, ser músico.

           La pareja Rodríguez Valerio tuvo otros hijos que llegaron a la edad adulta, pero no queda constancia de alguna actividad musical. En 1977 falleció Domingo Rogelio Rodríguez Valerio, de 36 años, mexicano,  trabajador de Petróleos Mexicanos, en Reynosa, Tamaulipas, asesinado el 13 de marzo de 1977. Según declaró su padre Alfonso Rodríguez Cárdenas, de 72 años, agricultor, casado, de Tlalchapa; un testigo fue su hermano Miguel Rodríguez, de 50 años,  chofer, domicilio de Tlapehuala.

                En 1982 falleció de “decaimiento físico”, Alfonso Rodríguez “Cárdenas”, de 75 años, casado, mexicano. En el acta dice que fue hijo de “Feliciano” Rodríguez y Quintina Cárdenas; casado con Rosa Valerio; pero sabemos que su padre fue Julio de la Paz, por aparecer así escrito en varios documentos. El declarante fue su hijo Nemorio Rodríguez, de 50 años, que vivía en San Pedro Actopan,  en la Ciudad de México, entonces DF.