En 1932 don Manuel Mendoza, después de tocar 30 años con los Vargas, decide dejar el conjunto de arpa. Las memorias de Silvestre Vargas y de Nicolás Torres aseguran de que ya era “de avanzada edad”, y que estaba “cansado” de tocar; porque en esos momentos eran un grupo de pueblo que tocaba en combates, bodas, jaripeos y cumpleaños en los ranchos y pueblos del sur de Jalisco y Colima. No vivían de la música sino de sus actividades agrícolas, arrendando tierras, o trabajando como “jornaleros del campo”.
Entró entonces don Francisco Álvarez, un arpero de Tamazula, quien al regreso de una temporada en la ciudad de Tijuana, Baja California, contratados por el empresario Mariano Escobedo, falleció en una riña.
Entonces ingresó José Mendoza Cortés, un arpero que tocaba como solista, oriundo de Zapotiltic; pero duró sólo un año. Luego en los años 70 la maestra Irene Vázquez Valle tuvo la posibilidad de grabarlo e incluyó su famosa polka “Salida del baño”, que se tocaba durante las bodas en la región. Duró apenas un año con los Vargas.
Ya emigrados a la capital, entró Ernesto Villa Pérez, nacido en Zapotiltic, pero su familia era de Teocuitatlán, al norte de la región, y ahí aprendió a tocar; de ése pueblo salió a la ciudad de México para tocar con sus primos los Pulido. Tocó el arpa mas de una década en los años 30s y 40s, con Silvestre Vargas; pero salió por problemas con la manera en que se repartía el dinero y por no querer aprender a tocar “por nota”, como exigía Rubén Fuentes.
Es necesario evidenciar al apellido Mendoza y su relación con el arpa grande, no sólo en esta zona del sur de Jalisco, sino en otros espacios del occidente de México. El famoso conjunto de arpa grande de Cutzato, estuvo formado por Florentino Mendoza, senior en el arpa, y su hijo Florentino Mendoza, junior, era un excelente arpero solista, y sólo tenemos algunas transcripciones que dejó Francisco Domínguez, publicadas en 1941 como “Álbum de Michoacán”. En el caso de José Mendoza Cortés, de Zapotiltic, existe la grabación de campo de Irene Mendoza, y los que siguieron están en las grabaciones comerciales del Mariachi Vargas de Tecalitlán, para evidenciar su destreza en el manejo del instrumento. Es muy probable que los arperos del mismo apellido en el sur de Jalisco tengan algún grado de parentesco, y no sería raro que este apellido se vincule con las capillas de indios de las parroquias de la región, o con los músicos “ministriles” que fueron contratados para enseñar a los jóvenes de las élites indígenas, en Tzintzuntzan, por los franciscanos, o Tiripetío, por los agustinos, en el siglo XVI, y que se extendieron con la “conquista espiritual”, y musical, hacia la Tierra Caliente y la Costa del Sur, en el occidente novohispano, una vez establecidas las órdenes religiosas y consolidado el clero diocesano en el territorio de la Nueva Galicia.
La pareja tuvo varios hijos y fue hasta el 23 de junio de 1870 que llevaron a bautizar hasta a Tamazula a su “hijo legítimo”, Manuel, nacido el día 16, en La Higuerita, un rancho perdido entre las montañas, más próximo a Jilotlán, y por ello algunos actos civiles se realizan en ése pueblo, o en Tecalitlán, que en su cabecera. En la fe de bautismo dice que fue nieto por línea paterna de Antonio Mendoza y Nieves Orozco, y por la materna de Doroteo Mendoza y Ignacia Bravo. Sus padrinos fueron sus tíos: Antonio Torres y Francisca Mendoza.
No sabemos ¿con quién aprendió a tocar el arpa? Sobre todo porque esos ranchos en las sierras del Eje Neovolcánico Transversal están aislados, tienen poca población, y esta se muda constantemente. Lo lógico es que fuera su padre, Florentino Mendoza del Toro, o alguno de sus tíos quien le dieran sus primeras lecciones, o que él tomara el arpa de algún pariente cercano para iniciar a tocar las primeras notas. Es de notar la coincidencia en el nombre y el apellido con los músicos del rancho de Cutzato, en la sierra al sur de Uruapan, en Michoacán, muy lejanos geográficamente; pero un indicio para explorar.
El 7 de enero de 1898, en Jilotlán de los Dolores, comparecieron el ciudadano Manuel Mendoza y la señorita Carlota González, para contraer matrimonio civil. Dijo el primero: que es soltero, de 25 años de edad [en realidad de 28 años] labrador, originario de Tamazula y vecino de esta municipalidad hace algún tiempo en el Rancho de El Chivo, hijo legítimo de Florentino Mendoza, finado, y de María Trinidad del mismo apellido que vive. La segunda expuso ser “célibe”, de 17 años de edad, originaria de Tecalitlán y vecina de esta municipalidad hace algún tiempo, hija legítima de Joaquín González, que entonces estaba vivo y prestó su consentimiento para el matrimonio, y de Juana Arellano, finada. Testigos fueron testigos “Mendoza”, casado de 28 años, comerciante, José Jesús Mendoza, casado de 29 años de edad, artesano, Manuel Morales, casado de 22 años, artesano y José Ángel Ureña, soltero de 24 años, comerciante, todos de Jilotlán. La pareja procrearía 10 hijos que fueron naciendo en ranchos de Jilotlán y Tecalitlán, hasta que, por las labores muiscales de don Manuel, se avecindaron en Tecalitlán.
Según la memoria de Silvestre Vargas, en 1898, a petición del presidente municipal de Tecalitlán, Trinidad de la Mora, integraron un grupo para participar en las fiestas patrias. Lo cual es dudoso, porque si bien ahora el “mariachi” es uno de los símbolos de lo “nacional”, en pleno porfiriato había un desprecio por lo rural, incluso la gente de los ámbitos rurales que vestía calzón de manta no podía ingresar a la plaza de Tecalitlán los domingos, según recordaba don Trinidad Mendoza, que fue compañero de banca escolar de Silvestre Vargas.
En 1930, la familia Mendoza González ya residía en Tecalitlán, según el Censo Nacional, vivían en la calle de Cuahutemoc, casa número 64, el jefe de familia era Manuel Mendoza, de 60 años, agricultor, casado por las dos leyes con Carlota González, de 43 años [en realidad de 49], con sus hijos Ramón Mendoza González, de 25 años, soltero, jornalero del campo; Pedro Mendoza González, de 18 años, soltero, jornalero; Adela Mendoza González de 12 años, escolar, Jesús Mendoza, niña de 8 años, escolar. En la misma casa vive la familia de Cirilo Magaña de 70 años viudo, jornalero, Maximiliano Magaña, de 22 años, soltero, jornalero, Julián Magaña, 40 años, soltero, jornalero y Francisca Magaña, de 3o años, soltera, dedicada a las labores del hogar.
El año en que abandonó al mariachi de los Vargas, don Manuel y su esposa doña Carlota, vieron casarse a su hijo Pedro con María Dolores Barajas, el 20 de abril en Tecalitlán. El juez acudió a la casa número 64, de la calle de Cuahutémoc para casar a Pedro Mendoza y la señorita María Dolores Barajas; el primero: soltero, de 18 años, jornalero agrícola, originario y vecino del pueblo, hijo legítimo del Señor Manuel Mendoza y de la Señora Carlota González que viven. La novia declaró que: era célibe, de 20 años de edad, originaria y vecina también del pueblo, hija legítima del señor Feliciano Barajas “que vive y esta presente” y de la señora Juan Venegas, finada. Tan relevante hecho ameritaba testigos importantes; así que por parte de la novia firman los ciudadano: Trinidad Olivera, soltero, y Gaspar Vargas, casado, “mayores de edad y de esta vecindad”. Es muy probable que después del acto protocolario hubiera un mariache por la boda, y que tocaran los Vargas.
Es probable que don Manuel Mendoza se dedicara al campo con sus hijos, pero no sabemos si alguno heredó sus conocimientos musicales. Falleció en Tecalitlán, el 12 de enero de 1944, según lo expresó su yerno y probablemente su sobrino Rafael Torres, casado con su hija Josefa, de 45 años de edad, originario de Tamazula. En “la casa sin número de la calle Cuahutemoc”, a las 9:30, “a consecuencia de gripa sin asistencia médica”, falleció el señor Manuel Mendoza de 66 años de edad [en realidad de 74 años]. Su cadáver fue inhumado en el Panteón municipal, en fosa de 2a clase por cinco años, “Gratis por gracia”, lo que quiere decir que su situación económica no era muy buena.
Manuel Mendoza, arpero de la tradición de Jilotlán, compañero de Gaspar Vargas López y de su primo Refugio Hernández Vargas, era 9 años mayor que los primos Vargas, y con ellos formó el conjunto de arpa grande que, con el tiempo, ayuda del General Cárdenas, las industrias culturales de México y mucha viveza de don Gaspar, se convirtió en el afamado Mariachi Vargas de Tecalitlán, marca registrada por Rubén Fuentes.


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