miércoles, 18 de febrero de 2026

Don Demetrio Olais, arpero de Tecalitlán


Don Silvestre Vargas conoció a la generación de músicos nacidos en Tecalitlán, hacia 1840; siendo él un niño de 10 u 11 años, ellos rondaban entre los 70 y 80 años. Es probable que algunos tocarán con sus parientes, como su abuelo Amado, su padre Gaspar, o su tío Hermenegildo. Nos cuenta que en su infancia:
...alcancé a conocer a los miembros de ese conjunto ya muy ancianitos, entre ellos a Don Demetrio Olais que tocaba el arpa.

Aunque don Silvestre asegura que su padre siempre le habló de “mariachis”, ahí los llama: “conjunto” y no “mariachi; y hay testimonios de que don Gaspar llamaba a su estilo “Tierra Caliente”, y no “sur de Jalisco”, o “del Llano”, “de La Cuesta”, como se conocen a las áreas al sur de las lagunas de Zocoalco y Sayula.
Eran esos “conjuntos”, a decir de Silvestre, agrupaciones musicales que tenían usualmente dos violines, una guitarra de golpe, y un arpa grande; esta es la razón porque en la parte oriental de las Sierras de Quitupan, Santa María del Oro, Jilotlán y Pihuamo se llaman “conjuntos de arpa grande”, o simplemente “l’arpa”.
Hablemos de los Olais, una familia de músicos participantes en el mariache en el Jalmich., e iniciemos con don José Demetrio Ignacio Olais Pulido, nacido en Tecalitlán, el 25 diciembre de 1843; registrado como hijo legítimo de Antonio Olais y de Guadalupe Pulido; fueron sus abuelos paternos: Francisco Olais y Guadalupe Ponce, y los maternos Antonio Pulido y Petra Trejo. Es interesante la combinación, pues el apellido Pulido, presente en los pueblos del norte de la región, dio origen al Mariachi Pulido, y al dueto Los Dos Oros, con músicos de El Volantín, Tizapán El Alto Jalisco, San José de Gracia, Cojumatlán y San Pedro Cahro, Michoacán.
Hasta el momento no hemos podido encontrar el registro del matrimonio de don Demetrio, el cual ocurriría hacia 1860; sin embargo, si hay constancia de que estuvo casado más de 50 años con doña Camila Rodríguez, oriunda de Pihuamo, Jalisco, nacida el 9 de julio de 1844.
Al parecer el primer hijo fue José Justo, nacido el 16 de julio de 1867, en el rancho de El Calabozo, bautizado 4 días después en Pihuamo. Sus abuelos paternos fueron Antonio Olais y Guadalupe Pulido; en tanto los abuelos maternos registrados como Ignacio Rodríguez y María Concepción Álvarez.
Dos años después nació José Félix, el 22 de mayo de 1869, nacido en el rancho de Huajotitán y bautizado a los 5 días en Tecalitlán, por sus tíos: Ramón Pulido y Ma Carmen Núñez.
Al año, el 17 de junio de 1870 murió María Felícitas, una niña de un año de edad, murió de fiebre, y fue enterrada de limosna.
Un mes después, el 5 de julio de 1870, presentó don Demetrio Olais, casado, jornalero, de 30 años, a su hijo Irineo, nacido el 3 de julio de 1870, habido con Camila Rodríguez.
La felicidad recuperada por la familia, se vio empañada con una epidemia regional de sarampión (descrita como “fiebre e irritación”), que fue llevándose a infantes y algunos ancianos. El 4 de febrero de 1873 murió el pequeño Irineo, párvulo, enterrado “de limosna” en Tecalitlán, de apenas dos años.
El 4 de septiembre de 1877 nació Victoriana, a las tres de la tarde; fue registrada cuatro días después en Tecalitlán.
El 13 de mayo de 1880 llegó a este mundo Diego Olais, fue su madrina su tía Ramona Pulido.
Su hija Domitila, viuda de 35 años, se casó con Matías Silva, viudo de 50 años, en ése momento don Demetrio Olais tiene 60 años, y su esposa Camila Rodríguez 61 años. La pareja se presenta el 11 de junio de 1900, a las 7 de la noche, y presentan por testigos, el primero a: Hermenegildo Vargas, casado, “empleado”, de 42 años y Marcos Íñiguez, viudo, jornalero de 39 años de esta vecindad; y la segunda a los ciudadanos Jesús Mejía, de 50 y Doroteo Tortolero de 40 años, casados, jornaleros, de esta vecindad. Ahora sabemos que don Hermenegildo Vargas fue primo de Gaspar y tío de Silvestre, y con él iniciaría, hacia 1915, su vida musical en el mariachi. Este documento muestra la cercanía que tenían los músicos, aunque no aparecen registrados como tales, por ser músicos líricos, y los vínculos entre los linajes. Sabemos que no fue la usual convocatoria que se hace en las oficinas del Registro Civil, en el municipio, para que firmen como testigos los empleados, porque don Hermenegildo no aparece como testigo en otros enlaces matrimoniales en el mismo periodo; se trata entonces de la participación en un enlace de una familia amiga. A la pobre Domitila no le duró mucho el amor, pues el 27 de junio, apenas 16 días después, queda de nuevo viuda al morir don Matías; de nuevo aparece como testigo don Hermenegildo Vargas, empleado, aunque no dice si es municipal o particular.
Don Demetrio Olais, jornalero, de 78 años de edad, originario de Tecalitlán, “murió de fiebre”, a las 4 de la mañana del 9 de febrero de 1912, sin asistencia médica, su cadáver fue sepultado “en fosa común de insolvencia”, en el cementerio del pueblo. Según declaró: Pioquinto Larios viudo, jornalero, vecino de esta población, y con el testimonio de los ciudadanos Jesús Mejía viudo, jornalero y Damian Silva, casado, jornalero. Es muy probable que algunos de los participantes en estos actos también fueran músicos; sin embargo, el censo de 1930 en Tecalitlán es escueto al nombrar a los profesionales de Euterpe, y sólo el trabajo etnográfico podría abrir algunas luces; pero mientras esto sucede, sea este un buen escaparate a la tradición musical en Tecalitlán, Pihuamo y sus ranchos al iniciar el siglo XX.

lunes, 16 de febrero de 2026

La familia Martínez de Tecalitlán


Don José María Martínez Monroy, fue un ejecutante de guitarra quinta, “mariachera”, o de “golpe”; nacido en Tecalitlán en 1844, y fallecido en el mismo pueblo en 1916, a los 72 años. En varias entrevistas don Silvestre Vargas habla de los músicos de su pueblo que formaron los que para él fueron los “primeros” mariachis, aunque es muy probable que ya existieran otros no documentados.
En Tecalitlán, a mediados del siglo XIX, residían varios músicos que formaban mariaches y a quienes Silvestre aseguraba haber conocido en su infancia, hacia 1910; nos dice:
Yo alcancé a conocer a los miembros de ese conjunto ya muy ancianitos, entre ellos a Don Demetrio Olais que tocaba el arpa; Don José Martínez, guitarra, y Don Jesús Reyes, violín.
El conocimiento de la familia y el linaje musical fueron algunos de los motivos para que don Silvestre Vargas, en los años 40, invitara al mariachi de su familia al nieto de don José Martínez, llamado Blas Martínez Panduro (1912-2016), campesino, albañil, carpintero, arpero, y constructor de instrumentos musicales; casado con doña Rosario Barajas Torres. La pareja dio Martínez Barajas origen a dos músicos de mariachi más: José Martínez Barajas, violinista, más conocido como “Pepe” Martínez (nacido en Tecalitlán, en 1941, y fallecido en Guadalajara, en 2016), y al trompetista Fernando Martínez Barajas (nacido en 1946- muerto en 1998).
El linaje de los Martínez de Tecalitlán, hasta ahora documentado, inicia en Tamazula, con la pareja de los indígenas Pablo José Martínez, casado con María Getrudis Castellanos, originarios de Tamazula, nacidos hacia 1760, y unidos en matrimonio hacia 1780. De la pareja nació Pablo José Martínez, “indio de tasación” (que pagaba tributo por los alcaldes indios del pueblo) unido en matrimonio con María Nicolasa Solano, probablemente mestiza.
Pablo José Martínez y Ma Gertrudis Castellanos*
[aparecen como “españoles”, pero al parecer eran “mestizos”
aceptados como tales] (Tamazula, 1760?)
Padres de:
Antonio Basilio Martínez Castellanos.
Es curioso que al dar sepultura a su hijo Basilio, “indio de este pueblo”, la pareja es registrada como “naturales de este dicho pueblo de tasasión”. La familia es clasificada en los documentos como “indígenas” y también como “españoles”, o como “blancos”; tal vez por sus ojos rasgados, que caracteriza al fenotipo de la familia, altunos individuos de la familia sean considerados “indios”, sobre todo cuando su piel es morena, mientras que aquellos individuos que tienen la piel sanguínea, son “chapeados” o “colorados”, que es otro elemento fenotípico que persiste en los Martínez, son considerados “blancos”. Es muy probable que la actividad musical fuera una actividad familiar de un par de siglos, y tengo la hipótesis que los ascendientes en Tamazula formaron parte de la capilla musical de la parroquia, quienes usualmente eran indígenas educados por los frailes franciscanos.


La salida de los Martínez del pueblo de Tamazula obedece, me parece por su similitud con otros casos documentados, a una estrategia familiar para dar un salto en la barrera de color y volverse “mestizos” y luego, “coyotes”, “castizos” y por último, “españoles”. Un proceso en el que se debe empeñar toda la familia en “mejorar la raza”, es decir, casarse con personas con el fenotipo “criollo”, dejar de hablar el náhuatl, y tomar la cultura "occidental". Este proceso implica salir de la comunidad, dejar de ser de tributar por “tasación”, para ser “indios laboríos” en haciendas y trapiches, y luego ya como “mestizos” y “castizos” no pagar tributo (aunque en el siglo XVIII se intentó hacerlos tributar como “no españoles”). Ello permitía cierto “ascenso social”, con problemas en las identidades sociales, pero requería mucho tiempo, un esfuerzo continuo de toda la familia, y que los sacerdotes se “hicieran de la vista gorda”, para ir modificando los registros bautismales y matrimoniales. Este es el caso de los Martínez de Tecalitlán, a quienes podemos ver a lo largo del tiempo apareciendo como “españoles” y como “blancos”, cuando se trata, como sucede con muchas familias mexicanas que se consideran “blancas”, de “güeros de rancho”, de familias que dieron el salto a la "barrera de color". Lo importante aquí es el linaje musical; que se puede ver de larga data, y que, con un poco de tiempo en los archivos de Tamazula, podrían mostrar el comienzo del linaje musical.

domingo, 15 de febrero de 2026

Los Villa Pérez una familia de mariacheros del Jalmich.


La familia que formaron don Melesio Villa y doña Seferina Pérez, oriundos los dos de ranchos en La Manzanilla de la Paz, recorrió varios pueblos al sur de la Sierra de Santa María del Oro; es por ello que nacieron sus hijos en Zapotiltic, pero una vez pasada la Revolución, volvieron a su querencia y el Censo Nacional de 1930 los encontró en Teocuitatlán de Corona, viviendo en la casa número 4 de la calle Corona; viven en el hogar Melesio Villa, labrador, de 35 años, casado por las dos leyes con Seferina Pérez, de 35 años, ambos saben leer y escribir; con sus hijos Ernesto Villa Pérez, soltero, músico, de 18 años [nacido hacia 1912], su hermano José Villa, de quince años, “labrador”.
A decir de la familia, todos se dedicaron a las labores del campo, ayudando a su padre; pero don Melesio tocaba un poco la guitarra séptima, y hacía 1920 decide invertir en sus hijos comprándole a Ernesto un arpa, y a José una vihuela, con lo que empiezan su aprendizaje musical.
El hermano mayor se llamó Ernesto Villa Pérez y aprendió a tocar el arpa grande, al estilo “zurdo”, tocando los bajos con la mano derecha y la melodía con la izquierda. Era muy bueno, por lo que al emigrar a la capital ingresó al Mariachi Vargas, hasta que, al iniciar la década de los 50’s, tuvo unas diferencias con Rubén Fuentes y salió del Vargas, para integrarse al que había formado su hermano menor. Su hermano José Villa recuerda así ese momento:
...Ernesto tenía un oído espectacular no tenía ningún problema en seguir todas las notas musicales, pero pues Rubén Fuentes empezó a querer que todos se pusieran a estudiar notas musicales y aquí se armó la buena, Ernesto Villa tenía un gran sentido musical, aparte el tocaba su arpa del lado derecho, al revés de todos, sacándole al arpa un hermoso sonido y bajeo espectacular, lo que hizo ganarse un lugar en la historia de la música mexicana. Pero tenía un defecto, era muy explosivo y siempre cargaba una punta muy filosa, que aún conservo; si alguien se equivocaba de inmediato sacaba la punta y les tiraba a dar.
Por su mismo carácter se ganó la salida del mariachi Vargas. Un día le dijo Rubén Fuentes: “mire don Ernesto aquí o se aplica a saber nota o se va”, en ese momento “desfundó” su pistola calibre 38 y se la puso en la cabeza a Rubén diciéndole: -A mi, ningún muchachito “caguengue” me va a enseñar música, ni cómo tocar. Con esto, Rubén le dice a Vargas: -O corres a Ernesto o me voy yo. Y así fue su salida.
Don José de Jesús, “Pepe”, Villa Pérez, fue ejecutante de la vihuela, y de la guitarra sexta, cuando esta se incorporó al mariachi de masas, nació el 26 de mayo de 1915, en Las Canoas, un rancho que algunos aseguran pertenece al municipio de Zapotiltic y otros a Tuxpan. Es el mas conocido de la familia porque, como sucede en las películas de intriga, se quedó con el mariachi de sus parientes, los Pulido, y lo transformó en el Mariachi México. En 1935 emigró a la ciudad de México, donde conoce a Valentín Rojas, quien lo invita a formar parte de un grupo musical que tocaba en las cantinas y la vía pública en torno al barrio de Garibaldi.
Pepe, junto a don Miguel Martínez, trompetista, arreglista y compositor, hicieron algunos cambios que definirían al mariachi moderno, al agregar una segunda trompeta, que inhibe con su estruendo a los violines, dándoles a los metales el peso de la melodía; además, como estaban de moda los tríos de guitarras, hicieron que el mariachi cantara a “tres voces”; así que el día de la Candelaria (2 de febrero) de 1953, nació una concepción del mariachi ya plenamente urbano, adecuado a repertorios nuevos, en otros contextos. La trayectoria del Mariachi México es más o menos sencilla de seguir, por su fama, y no es el objetivo de este texto. Don “Pepe” murió el 24 de julio de 1986.
La familia, como sucedió con otras de la cuenca sur del Lago de Chapala, decidió migrar a los pueblos y haciendas del sur de la Sierra del Tigre con la Revolución. Al igual que otras familias de músicos y campesinos, que hemos documentado en la región, no tenían tierra y tenían que moverse siguiendo el trabajo agroganadero en los ranchos, dónde además, ejercían la música como un oficio complementario o como una afición.
Esa movilidad de las familias no perdía la conciencia del linaje familiar, el cual, muchas veces, se remontaba varias décadas en el tiempo. Un buen ejemplo es cuando los hermanos Villa Pérez entran al Mariachi Michoacano Pulido, un grupo que Lázaro Cárdenas impulsó desde que lo acompañaron a su campaña electoral, y que estaba adscrito a la SEP. Don José de Jesús Villa Pérez, recuerda que:
A partir de entonces mi hermano y yo pasamos a formar parte del “Mariachi Pulido” que era de unos primos lejanos míos, pero primos al fin... ellos eran Pancho y David Pulido, cuando yo llegue a ese mariachi sabía que ellos nunca habían tocado en la radio.
Vamos a ver que tanta proximidad tenía el linaje y a la par vamos a conocer el desplazamiento de las familias. La pareja de Melesio Villa y Serafina Pérez nació en los ranchos de La Manzanilla de la Paz, después de bajar a Zapotiltic, regresan al norte y por eso en 1930 residen en Teocuitatlán de Corona.
El abuelo paterno de los Villa Pérez fue, según los registros documentales, Lugardo Villa, nacido en “Cojumatlán”, dice un documento, pero en su acta de nacimiento dice que nació en Mazamitla, sin embargo, sus padres si se casaron en Cojumatlán, Michoacán.
Lugardo Villa fue bautizado en Mazamitla, hijo de Pioquinto Villa [Villaseñor aparece en los documentos] Ayala, nacido en 1805, en Jiquilpan, y muerto hacia 1888, en la ciudad de México. Don Pío contrajo matrimonio con Ma Ignacia Valdovinos, en Cojumatlán en 17 de diciembre de 1829. María Ignacia nació el 26 de diciembre de 1811, en Jiquilpan, con calidad de “mulata”, y murió en el rancho de La Tuna Mansa, en Tizapán el Alto en 7 de septiembre de 1879, ahí nació Lugardo.
Al casarse Lugardo a los 20 años con Bacilia Torres, hija de Antonio Torres y Trinidad Miranda, ambos vivían en el Cerro del Gallo, en Tizapán el Alto, de donde también eran los abuelos maternos de los Villa Pérez, Ventura Pérez, y María Isabel Díaz.
El nacimiento de los Villa Pérez en Zapotiltic, responde a esos circuitos buscando trabajo en las haciendas, ranchos y pueblos del sur del Jalmich. Ellos reconocen un parentesco con la familia Pulido, que se estableció al iniciar el siglo XIX, en Jiquilpan. Los Pulido, oriundos de la villa, no hicieron el recorrido por toda la región; sin embargo, aceptan a los Villa como “primos lejanos” ya en la ciudad de México.
Aunque el parentesco es “lejano” es interesante ver algunos rasgos parecidos en el fenotipo, como el pelo “chino”, la piel morena, que obedecen al linaje de los Valdovinos, mulatos de la región, y que muestran al mariachi como pluricultural y multiétnico. Tal vez ese “bajeo expectacular” de don Ernesto Villa, venga dando tumbos desde África al Bajío del mar Chapálico, al Jalimich y a la Tierra Caliente.