lunes, 23 de febrero de 2026

Don Jesús Reyes, violinista.

Silvestre Vargas nació el 31 de diciembre de 1901; tendría unos 10 años cuando conoció a un mariachi formado por músicos de 70 a 80 años, la mayoría nacidos hacia 1844.
Yo alcancé a conocer a los miembros de ese conjunto ya muy ancianitos, entre ellos a Don Demetrio Olais que tocaba el arpa; Don José Martínez, guitarra, y Don Jesús Reyes, violín.
El violinista Jesús Reyes nació en el 13 de septiembre de 1844, en La Higuera, de Pihuamo, hijo legítimo de Juan José Reyes y de Timotea García; fueron sus abuelos paternos: Timoteo Reyes y Matiana Preciado; los abuelos maternos fueron: J. Guadalupe García y Claudia Valdovinos.
Don Jesús Reyes se casó por primera vez el 30 de mayo de 1881, todavía no hemos identificado a su primera esposa, por los muchos homónimos con ése nombre.
Ya grande a los “50 años” [en realidad de 61] se volvió a casar en Tecalitlán, a las 8 de la noche, del día 5 de noviembre de 1905, con “la señorita Juana Trejo, doncella, de 30 años, de esta vecindad, hija legítima de Rafael Trejo, finado, y de Altagracia Cortés, de 52 años”. Jesús Reyes aparece en el acta como “viudo, jornalero, de 50 años, de esta vecindad hijo legítimo de Juan José Reyes y de Timotea García, finados”.
Es probable que hubiera tenido hijos en su primer matrimonio. En 1906, el 30 de julio, “el ciudadano Jesús Reyes, jornalero de 60 años de esta vecindad, y casado con Juana Trejo de 30 años”, comparecieron para registrar a su hijo Rafael Reyes. Un año después, el 17 de noviembre de 1907, en Tecalitlán, don Jesús Reyes queda registrado como jornalero, de 63 años, quien presentó a su hijo: Fidencio Reyes, nacido a las 11 horas del 16 de noviembre. Dos años después registraron a Daniel, nacido en Tecalitlán, a 13 de agosto de 1909.
A finales de octubre y principios de noviembre de 1910, murió don Jesús Reyes. Lamentablemente el acta de defunción no tiene fecha, el acta anterior es del 28 de octubre de 1910, que registra el fallecimiento de Ramón Vargas, hijo de Gaspar Vargas. Ese día en Tecalitlán, “compareció la “señorita” Juana Trejo de 30 años de edad, de esta población y dijo: que ayer a las 9 de la noche en el cuartel segundo falleció de afección Pulmonar a la edad de 50 años José Jesús Reyes”. en realidad, tenía 76 años. Es muy interesante que aparece como testigo Justo Olais, casado, gendarme municipal de 45 años, y probablemente un hijo de don Demetrio Olais, el arpero.
Es interesante que aparecen otros músicos de la región con el nombre, como don J. Jesús Reyes Lara, violinista fundador del mariachi Reyes, de El Aserradero, municipio de Zapotiltic, en 1958; o el arpero solista de Zapotiltic, Jesús Reyes, grabado por Irene Vázquez Valle (hacia 1976) en su investigación de campo.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Don Demetrio Olais, arpero de Tecalitlán


Don Silvestre Vargas conoció a la generación de músicos nacidos en Tecalitlán, hacia 1840; siendo él un niño de 10 u 11 años, ellos rondaban entre los 70 y 80 años. Es probable que algunos tocarán con sus parientes, como su abuelo Amado, su padre Gaspar, o su tío Hermenegildo. Nos cuenta que en su infancia:
...alcancé a conocer a los miembros de ese conjunto ya muy ancianitos, entre ellos a Don Demetrio Olais que tocaba el arpa.

Aunque don Silvestre asegura que su padre siempre le habló de “mariachis”, ahí los llama: “conjunto” y no “mariachi; y hay testimonios de que don Gaspar llamaba a su estilo “Tierra Caliente”, y no “sur de Jalisco”, o “del Llano”, “de La Cuesta”, como se conocen a las áreas al sur de las lagunas de Zocoalco y Sayula.
Eran esos “conjuntos”, a decir de Silvestre, agrupaciones musicales que tenían usualmente dos violines, una guitarra de golpe, y un arpa grande; esta es la razón porque en la parte oriental de las Sierras de Quitupan, Santa María del Oro, Jilotlán y Pihuamo se llaman “conjuntos de arpa grande”, o simplemente “l’arpa”.
Hablemos de los Olais, una familia de músicos participantes en el mariache en el Jalmich., e iniciemos con don José Demetrio Ignacio Olais Pulido, nacido en Tecalitlán, el 25 diciembre de 1843; registrado como hijo legítimo de Antonio Olais y de Guadalupe Pulido; fueron sus abuelos paternos: Francisco Olais y Guadalupe Ponce, y los maternos Antonio Pulido y Petra Trejo. Es interesante la combinación, pues el apellido Pulido, presente en los pueblos del norte de la región, dio origen al Mariachi Pulido, y al dueto Los Dos Oros, con músicos de El Volantín, Tizapán El Alto Jalisco, San José de Gracia, Cojumatlán y San Pedro Cahro, Michoacán.
Hasta el momento no hemos podido encontrar el registro del matrimonio de don Demetrio, el cual ocurriría hacia 1860; sin embargo, si hay constancia de que estuvo casado más de 50 años con doña Camila Rodríguez, oriunda de Pihuamo, Jalisco, nacida el 9 de julio de 1844.
Al parecer el primer hijo fue José Justo, nacido el 16 de julio de 1867, en el rancho de El Calabozo, bautizado 4 días después en Pihuamo. Sus abuelos paternos fueron Antonio Olais y Guadalupe Pulido; en tanto los abuelos maternos registrados como Ignacio Rodríguez y María Concepción Álvarez.
Dos años después nació José Félix, el 22 de mayo de 1869, nacido en el rancho de Huajotitán y bautizado a los 5 días en Tecalitlán, por sus tíos: Ramón Pulido y Ma Carmen Núñez.
Al año, el 17 de junio de 1870 murió María Felícitas, una niña de un año de edad, murió de fiebre, y fue enterrada de limosna.
Un mes después, el 5 de julio de 1870, presentó don Demetrio Olais, casado, jornalero, de 30 años, a su hijo Irineo, nacido el 3 de julio de 1870, habido con Camila Rodríguez.
La felicidad recuperada por la familia, se vio empañada con una epidemia regional de sarampión (descrita como “fiebre e irritación”), que fue llevándose a infantes y algunos ancianos. El 4 de febrero de 1873 murió el pequeño Irineo, párvulo, enterrado “de limosna” en Tecalitlán, de apenas dos años.
El 4 de septiembre de 1877 nació Victoriana, a las tres de la tarde; fue registrada cuatro días después en Tecalitlán.
El 13 de mayo de 1880 llegó a este mundo Diego Olais, fue su madrina su tía Ramona Pulido.
Su hija Domitila, viuda de 35 años, se casó con Matías Silva, viudo de 50 años, en ése momento don Demetrio Olais tiene 60 años, y su esposa Camila Rodríguez 61 años. La pareja se presenta el 11 de junio de 1900, a las 7 de la noche, y presentan por testigos, el primero a: Hermenegildo Vargas, casado, “empleado”, de 42 años y Marcos Íñiguez, viudo, jornalero de 39 años de esta vecindad; y la segunda a los ciudadanos Jesús Mejía, de 50 y Doroteo Tortolero de 40 años, casados, jornaleros, de esta vecindad. Ahora sabemos que don Hermenegildo Vargas fue primo de Gaspar y tío de Silvestre, y con él iniciaría, hacia 1915, su vida musical en el mariachi. Este documento muestra la cercanía que tenían los músicos, aunque no aparecen registrados como tales, por ser músicos líricos, y los vínculos entre los linajes. Sabemos que no fue la usual convocatoria que se hace en las oficinas del Registro Civil, en el municipio, para que firmen como testigos los empleados, porque don Hermenegildo no aparece como testigo en otros enlaces matrimoniales en el mismo periodo; se trata entonces de la participación en un enlace de una familia amiga. A la pobre Domitila no le duró mucho el amor, pues el 27 de junio, apenas 16 días después, queda de nuevo viuda al morir don Matías; de nuevo aparece como testigo don Hermenegildo Vargas, empleado, aunque no dice si es municipal o particular.
Don Demetrio Olais, jornalero, de 78 años de edad, originario de Tecalitlán, “murió de fiebre”, a las 4 de la mañana del 9 de febrero de 1912, sin asistencia médica, su cadáver fue sepultado “en fosa común de insolvencia”, en el cementerio del pueblo. Según declaró: Pioquinto Larios viudo, jornalero, vecino de esta población, y con el testimonio de los ciudadanos Jesús Mejía viudo, jornalero y Damian Silva, casado, jornalero. Es muy probable que algunos de los participantes en estos actos también fueran músicos; sin embargo, el censo de 1930 en Tecalitlán es escueto al nombrar a los profesionales de Euterpe, y sólo el trabajo etnográfico podría abrir algunas luces; pero mientras esto sucede, sea este un buen escaparate a la tradición musical en Tecalitlán, Pihuamo y sus ranchos al iniciar el siglo XX.

lunes, 16 de febrero de 2026

La familia Martínez de Tecalitlán


Don José María Martínez Monroy, fue un ejecutante de guitarra quinta, “mariachera”, o de “golpe”; nacido en Tecalitlán en 1844, y fallecido en el mismo pueblo en 1916, a los 72 años. En varias entrevistas don Silvestre Vargas habla de los músicos de su pueblo que formaron los que para él fueron los “primeros” mariachis, aunque es muy probable que ya existieran otros no documentados.
En Tecalitlán, a mediados del siglo XIX, residían varios músicos que formaban mariaches y a quienes Silvestre aseguraba haber conocido en su infancia, hacia 1910; nos dice:
Yo alcancé a conocer a los miembros de ese conjunto ya muy ancianitos, entre ellos a Don Demetrio Olais que tocaba el arpa; Don José Martínez, guitarra, y Don Jesús Reyes, violín.
El conocimiento de la familia y el linaje musical fueron algunos de los motivos para que don Silvestre Vargas, en los años 40, invitara al mariachi de su familia al nieto de don José Martínez, llamado Blas Martínez Panduro (1912-2016), campesino, albañil, carpintero, arpero, y constructor de instrumentos musicales; casado con doña Rosario Barajas Torres. La pareja dio Martínez Barajas origen a dos músicos de mariachi más: José Martínez Barajas, violinista, más conocido como “Pepe” Martínez (nacido en Tecalitlán, en 1941, y fallecido en Guadalajara, en 2016), y al trompetista Fernando Martínez Barajas (nacido en 1946- muerto en 1998).
El linaje de los Martínez de Tecalitlán, hasta ahora documentado, inicia en Tamazula, con la pareja de los indígenas Pablo José Martínez, casado con María Getrudis Castellanos, originarios de Tamazula, nacidos hacia 1760, y unidos en matrimonio hacia 1780. De la pareja nació Pablo José Martínez, “indio de tasación” (que pagaba tributo por los alcaldes indios del pueblo) unido en matrimonio con María Nicolasa Solano, probablemente mestiza.
Pablo José Martínez y Ma Gertrudis Castellanos*
[aparecen como “españoles”, pero al parecer eran “mestizos”
aceptados como tales] (Tamazula, 1760?)
Padres de:
Antonio Basilio Martínez Castellanos.
Es curioso que al dar sepultura a su hijo Basilio, “indio de este pueblo”, la pareja es registrada como “naturales de este dicho pueblo de tasasión”. La familia es clasificada en los documentos como “indígenas” y también como “españoles”, o como “blancos”; tal vez por sus ojos rasgados, que caracteriza al fenotipo de la familia, altunos individuos de la familia sean considerados “indios”, sobre todo cuando su piel es morena, mientras que aquellos individuos que tienen la piel sanguínea, son “chapeados” o “colorados”, que es otro elemento fenotípico que persiste en los Martínez, son considerados “blancos”. Es muy probable que la actividad musical fuera una actividad familiar de un par de siglos, y tengo la hipótesis que los ascendientes en Tamazula formaron parte de la capilla musical de la parroquia, quienes usualmente eran indígenas educados por los frailes franciscanos.


La salida de los Martínez del pueblo de Tamazula obedece, me parece por su similitud con otros casos documentados, a una estrategia familiar para dar un salto en la barrera de color y volverse “mestizos” y luego, “coyotes”, “castizos” y por último, “españoles”. Un proceso en el que se debe empeñar toda la familia en “mejorar la raza”, es decir, casarse con personas con el fenotipo “criollo”, dejar de hablar el náhuatl, y tomar la cultura "occidental". Este proceso implica salir de la comunidad, dejar de ser de tributar por “tasación”, para ser “indios laboríos” en haciendas y trapiches, y luego ya como “mestizos” y “castizos” no pagar tributo (aunque en el siglo XVIII se intentó hacerlos tributar como “no españoles”). Ello permitía cierto “ascenso social”, con problemas en las identidades sociales, pero requería mucho tiempo, un esfuerzo continuo de toda la familia, y que los sacerdotes se “hicieran de la vista gorda”, para ir modificando los registros bautismales y matrimoniales. Este es el caso de los Martínez de Tecalitlán, a quienes podemos ver a lo largo del tiempo apareciendo como “españoles” y como “blancos”, cuando se trata, como sucede con muchas familias mexicanas que se consideran “blancas”, de “güeros de rancho”, de familias que dieron el salto a la "barrera de color". Lo importante aquí es el linaje musical; que se puede ver de larga data, y que, con un poco de tiempo en los archivos de Tamazula, podrían mostrar el comienzo del linaje musical.