sábado, 7 de marzo de 2026

Manuel Mendoza Mendoza, arpero.


Manuel Mendoza Mendoza, “El Garrote”, arpero oriundo de Tecalitlán, formó parte del mariachi de los Vargas de Tecalitlán desde que en 1898  Gaspar Vargas López y su primo José Refugio Hernández Vargas lo formaron; los primos tocaban violín y guitarra, pero necesitaban un arpa para tener la conformación mínima, tenían alrededor de 20 años y ganas de complementar su economía con la práctica musical, además de su interés afectivo con la música. Así que invitaron a un músico 9 ó 10 mayor que ellos, Manuel Mendoza, nacido en el municipio de Tamazula, en un rancho llamado La Higuerita, metido en las montañas al sureste del municipio, más próximo a Jilotlán de Los Dolores y a Tecalitlán, que a su cabecera municipal. Este hecho es de resaltar porque definirá ese “estilo de Tierra Caliente” que el propio Gaspar reconocía en el grupo musical.

      En 1932 don Manuel Mendoza, después de tocar 30 años con los Vargas, decide dejar el conjunto de arpa. Las memorias de Silvestre Vargas y de Nicolás Torres aseguran de que ya era “de avanzada edad”, y que estaba “cansado” de tocar; porque en esos momentos eran un grupo de pueblo que tocaba en combates, bodas, jaripeos y cumpleaños en los ranchos y pueblos del sur de Jalisco y Colima. No vivían de la música sino de sus actividades agrícolas, arrendando tierras, o trabajando como “jornaleros del campo”.

        Entró entonces don Francisco Álvarez, un arpero de Tamazula, quien al regreso de una temporada en la ciudad de Tijuana, Baja California, contratados por el empresario Mariano Escobedo, falleció en una riña.

Entonces ingresó José Mendoza Cortés, un arpero que tocaba como solista, oriundo de Zapotiltic; pero duró sólo un año. Luego en los años 70 la maestra Irene Vázquez Valle tuvo la posibilidad de grabarlo e incluyó su famosa polka “Salida del baño”, que se tocaba durante las bodas en la región. Duró apenas un año con los Vargas.

         Ya emigrados a la capital, entró Ernesto Villa Pérez, nacido en Zapotiltic, pero su familia era de Teocuitatlán, al norte de la región, y ahí aprendió a tocar; de ése pueblo salió a la ciudad de México para tocar con sus primos los Pulido. Tocó el arpa mas de una década en los años 30s y 40s, con Silvestre Vargas; pero salió por problemas con la manera en que se repartía el dinero y por no querer aprender a tocar “por nota”, como exigía Rubén Fuentes.

Es necesario evidenciar al apellido Mendoza y su relación con el arpa grande, no sólo en esta zona del sur de Jalisco, sino en otros espacios del occidente de México. El famoso conjunto de arpa grande de Cutzato, estuvo formado por Florentino Mendoza, senior en el arpa, y su hijo Florentino Mendoza, junior, era un excelente arpero solista, y sólo tenemos algunas transcripciones que dejó Francisco Domínguez, publicadas en 1941 como “Álbum de Michoacán”. En el caso de José Mendoza Cortés, de Zapotiltic, existe la grabación de campo de Irene Mendoza, y los que siguieron están en las grabaciones comerciales del Mariachi Vargas de Tecalitlán, para evidenciar su destreza en el manejo del instrumento. Es muy probable que los arperos del mismo apellido en el sur de Jalisco tengan algún grado de parentesco, y no sería raro que este apellido se vincule con las capillas de indios de las parroquias de la región, o con los músicos “ministriles” que fueron contratados para enseñar a los jóvenes de las élites indígenas, en Tzintzuntzan, por los franciscanos, o Tiripetío, por los agustinos, en el siglo XVI, y que se extendieron con la “conquista espiritual”, y musical, hacia la Tierra Caliente y la Costa del Sur, en el occidente novohispano, una vez establecidas las órdenes religiosas y consolidado el clero diocesano en el territorio de la Nueva Galicia.

        En tanto se realiza este trabajo de investigación sobre la “conquista musical” en el occidente de México, regresemos a Manuel Mendoza Mendoza. En Tamazula, en la iglesia parroquial, el 25 de noviembre de 1861 se unieron en matrimonio la señorita Trinidad Mendoza con Florentino Mendoza del Toro, de 30 años, “originario y vecino de la parroquia”, es decir, no vivía en el pueblo de Tamazula. La novia “no conoce el nombre de su padre”, y también era del territorio parroquial. Sus padrinos fueron: Miguel Barragán e Isidora Barragán.

          
 
La pareja tuvo varios hijos y fue hasta el 23 de junio de 1870 que llevaron a bautizar hasta a Tamazula a su “hijo legítimo”, Manuel, nacido el día 16, en La Higuerita, un rancho perdido entre las montañas, más próximo a Jilotlán, y por ello algunos actos civiles se realizan en ése pueblo, o en Tecalitlán, que en su cabecera. En la fe de bautismo dice que fue
 nieto por línea paterna de Antonio Mendoza y Nieves Orozco, y por la materna de Doroteo Mendoza y Ignacia Bravo. Sus padrinos fueron sus tíos: Antonio Torres y Francisca Mendoza.

            No sabemos ¿con quién aprendió a tocar el arpa? Sobre todo porque esos ranchos en las sierras del Eje Neovolcánico Transversal están aislados, tienen poca población, y esta se muda constantemente. Lo lógico es que fuera su padre, Florentino Mendoza del Toro, o alguno de sus tíos quien le dieran sus primeras lecciones, o que él tomara el arpa de algún pariente cercano para iniciar a tocar las primeras notas. Es de notar la coincidencia en el nombre y el apellido con los músicos del rancho de Cutzato, en la sierra al sur de Uruapan, en Michoacán, muy lejanos geográficamente; pero un indicio para explorar.

El 7 de enero de 1898, en Jilotlán de los Dolores, comparecieron el ciudadano Manuel Mendoza y la señorita Carlota González, para contraer matrimonio civil. Dijo el primero: que es soltero, de 25 años de edad  [en realidad de 28 años] labrador, originario de Tamazula y vecino de esta municipalidad hace algún tiempo en el Rancho de El Chivo, hijo legítimo de Florentino Mendoza, finado, y de María Trinidad del mismo apellido que vive. La segunda expuso ser “célibe”, de 17 años de edad, originaria de Tecalitlán y vecina de esta municipalidad hace algún tiempo, hija legítima de Joaquín González, que entonces estaba vivo y prestó su consentimiento para el matrimonio, y de Juana Arellano, finada. Testigos fueron testigos “Mendoza”, casado de 28 años, comerciante, José Jesús Mendoza, casado de 29 años de edad, artesano, Manuel Morales, casado de 22 años, artesano y José Ángel Ureña, soltero de 24 años, comerciante, todos de Jilotlán. La pareja procrearía 10 hijos que fueron naciendo en ranchos de Jilotlán y Tecalitlán, hasta que, por las labores muiscales de don Manuel, se avecindaron en Tecalitlán.

        Según la memoria de Silvestre Vargas, en 1898, a petición del presidente municipal de Tecalitlán, Trinidad de la Mora, integraron un grupo para participar en las fiestas patrias. Lo cual es dudoso, porque si bien ahora el “mariachi” es uno de los símbolos de lo “nacional”, en pleno porfiriato había un desprecio por lo rural, incluso la gente de los ámbitos rurales que vestía calzón de manta no podía ingresar a la plaza de Tecalitlán los domingos, según recordaba don Trinidad Mendoza, que fue compañero de banca escolar de Silvestre Vargas.

        En 1930, la familia Mendoza González ya residía en  Tecalitlán, según el Censo Nacional, vivían en la calle de Cuahutemoc, casa número 64, el jefe de familia era Manuel Mendoza, de 60 años, agricultor, casado por las dos leyes con Carlota González, de 43 años [en realidad de 49], con sus hijos Ramón Mendoza González, de 25 años, soltero, jornalero del campo; Pedro Mendoza González, de 18 años, soltero, jornalero; Adela Mendoza González de 12 años, escolar, Jesús Mendoza, niña de 8 años, escolar. En la misma casa vive la familia de  Cirilo Magaña de 70 años viudo, jornalero, Maximiliano Magaña, de 22 años, soltero, jornalero, Julián Magaña, 40 años, soltero, jornalero y Francisca Magaña, de 3o años, soltera, dedicada a las labores del hogar.

El año en que abandonó al mariachi de los Vargas, don Manuel y su esposa doña Carlota, vieron casarse a su hijo Pedro con María Dolores Barajas, el 20 de abril en Tecalitlán. El juez acudió a la casa  número 64, de la calle de Cuahutémoc para casar a Pedro Mendoza y la señorita María Dolores Barajas; el primero: soltero, de 18 años, jornalero agrícola, originario y vecino del pueblo, hijo legítimo del Señor Manuel Mendoza y de la Señora Carlota González que viven. La novia declaró que: era célibe, de 20 años de edad,  originaria y vecina también del pueblo, hija legítima del señor Feliciano Barajas “que vive y esta presente” y de la señora Juan Venegas, finada. Tan relevante hecho ameritaba testigos importantes; así que por parte de la novia  firman los ciudadano: Trinidad Olivera, soltero, y Gaspar Vargas, casado,  “mayores de edad y de esta vecindad”. Es muy probable que después del acto protocolario hubiera un mariache por la boda, y que tocaran los Vargas.

        Es probable que don Manuel Mendoza se dedicara al campo con sus hijos, pero no sabemos si alguno heredó sus conocimientos musicales. Falleció en Tecalitlán, el 12 de enero de 1944, según lo expresó su yerno y probablemente su sobrino Rafael Torres, casado con su hija Josefa, de 45 años de edad, originario de Tamazula. En “la casa sin número de la calle Cuahutemoc”, a las 9:30, “a consecuencia de gripa sin asistencia médica”, falleció el señor Manuel Mendoza de 66 años de edad [en realidad de 74 años]. Su cadáver fue inhumado en el Panteón municipal, en fosa de 2a clase por cinco años, “Gratis por gracia”, lo que quiere decir que su situación económica no era muy buena.

            Manuel Mendoza, arpero de la tradición de Jilotlán, compañero de Gaspar Vargas López y de su primo Refugio Hernández Vargas, era 9 años mayor que los primos Vargas, y con ellos formó el conjunto de arpa grande que, con el tiempo, ayuda del General Cárdenas, las industrias culturales de México y mucha viveza de don Gaspar, se convirtió en el afamado Mariachi Vargas de Tecalitlán, marca registrada por Rubén Fuentes.

jueves, 5 de marzo de 2026

El salto exitoso de “la barrera de color” de los Rebolledo, de Tecalitlán.


El origen del mariachi se ha mitificado en un pueblo indígena marginal al Camino Real de Colima. En el mito se han inventado el origen de la dotación instrumental y del nombre del conjunto musical vinculados a Cocula y su área circundante. El debate que abrió el redescubrimiento de El Mariachi, como locativo, que tal vez hace referencia a un tipo de árbol, y los argumentos de perspectivas profesionales desde la historia, la antropología y la etnohistoria sobre el tema, han apoyado la hipótesis de una tradición multinaciente, no centrada en una localidad, en todo el occidente de la Nueva España; lo cual no gustó a los coculenses; por ello, se han fabricado pruebas documentales apócrifas para sustentar estos dichos, cuyo origen son las inferencias que hizo Ignacio Dávila Garibi, únicamente con información local dispersa, sin ningún análisis crítico de sus fuentes, ni su contraste con otros potenciales “lugares de origen”; además, esto se da en medio de otra discusión decimonónica, una sobre la existencia de un pueblo y una lengua llamados “Coca”, en la cual el argumento del origen de mariachi, servía para apoyar la importancia y “centralidad” del pueblo y la lengua indígena que Dávila proponía.
En este texto vamos a dar cuenta de como la familia de don Plácido Rebolledo Sánchez, dio el salto a “la barrera de color”, es decir, cambió de “calidad”; pasó de que los consideraran “mulatos”, primero a ser reconocidos como “mestizos”, e incluso algunos miembros de la familia alcanzaron el de “español/a” de acuerdo con su fenotipo. Es muy probable, como sucede con otros linajes musicales en el Jalmich, que varios miembros de la familia Rebolledo, además de don Plácido, tuvieran una práctica musical; sin embargo, hasta el momento sólo podemos referir lo que recordaba don Silvestre, de sus charlas con su padre y sus tíos respecto a Plácido.
Don Plácido Rebolledo nació en 1820 en Tuxpan, Jalisco, registrado como “mestizo”; pero la mayor parte de su vida la desarrolló en el vecino Tecalitlán. Tocaba el violín y la guitarra, y “formó el primer mariachi, allá por el año 1840”, contó don Silvestre Vargas, en los años 70 del siglo XX, en una entrevista. Este mariachi formado alrededor de 1840, sería el primero que conocieron los Vargas, cuyo linaje residía entonces en los ranchos de Quitupan, aunque algunos miembros iniciaron el cambio de residencia hacia 1846, con la Guerra de Intervención Norteamericana. La mayoría de los músicos que refiere don Silvestre los conoció cuando era niño, hacia 1910, y habían nacido en la década de los 40 del siglo XIX; por lo que algunos de ellos, o sus padres pudieron formar parte de ese grupo primigenio.
La memoria de don Silvestre Vargas es, por el momento, el único referente histórico para conocer estos linajes musicales, que conformarían hacia 1860 los grupos musicales de Tecalitlán y su región, que forma parte de la Tierra Caliente. No discutiremos si se llamaban “mariachi” o “conjunto de arpa”, pero se trata ya de las músicas de la tradición occidental mexicana, cuya dotación básica era el violín, el arpa grande y la guitarra de golpe. La otra dotación con violín, vihuela y guitarrón, probablemente, se gestaría al norte de la región, en la cuenca de los lagos de Chapala, Cajitlán, Atotonilco, Zocoalco y Sayula, en algún momento y como una familia de instrumentos, que es un campo para explorar. En los años 20 todavía había claramente una separación entre los dos espacios, tanto en dotación instrumental, como en técnica de interpretación, sobre todo en la función del bajo, y en los repertorios, como lo aseguró en sus memorias el trompetista don Miguel Martínez.
Don Plácido Rebolledo tenía su propio mariachi, y hacia 1889, avisaba a los chicos los sitios donde había “fandango” y, terminado su trabajo en el campo, los niños corrían para deleitarse viendo la actuación del mariachi de su “tío”.
El mariachi conformado por Gaspar Vargas López y su primo Refugio Hernández Vargas, en 1898, cuando tenían 19 años, es en parte heredero de la tradición musical de don Plácido Rebolledo. El padre de Gaspar, Amado Vargas Andrade (1851 Quitupan-1904 Tecalitlán), fue músico, y si el conocimiento musical no lo tuvo su padre, don José Ma. Vargas, es posible que aprendiera con estos músicos que, en 1865 tenían, varios grupos en Tecalitlán y sus alrededores.

El núcleo de análisis del linaje familiar de los Rebolledo en este escrito es don José María Plácido de Jesús Rebolledo Sánchez, “mestizo”, nacido el 10 de octubre de 1820, registrado en Tuxpan, Jalisco, como “de este pueblo”, hijo de José Rafael Rebollero, y de María Anna Sánchez; fueron sus abuelos paternos: José Francisco Rebollero y Juana María Castellanos; los maternos Fernando Sánchez, y María Pasquala Gómez.
La familia descendió de Sayula a Zapotlán El Grande (la actual Ciudad Guzmán), tal vez para no seguir registrados en los libros de castas, y se avecindó fundamentalmente en los ranchos de Zapotiltic, en particular en El Cuahuayote, con estancias en Tuxpan y por último en Tecalitlán, el más lejano y recién fundado en 1777. Estos ranchos reciben el nombre de un árbol nativo de México, de unos 15 metros, que da un fruto en forma de calabaza, “ayotli” en náhuatl, por eso se llama “cuahueyotli”, árbol de calabazas; del nombre indígena derivan cuajayote, cahuayote, aunque en la costa de Veracruz también se le llama chompipa, chupipi, y meloncillo. El fruto se coce con piloncillo, como la calabaza “tamalayota” para producir una “manácata”, un puré dulce que se come solo o con leche.
Los padres de don Plácido Rebolledo tuvieron dos hijos antes de contraer matrimonio formal, sin embargo, en los registros aparecen ya como “legítimos”. El primero es Joseph Martin, nacido el 22 de noviembre de 1768, en “Los ranchos del Quaguillote”, de calidad mulato, hijo legítimo de Joseph Fernando Sánchez y de María Pascuala. El segundo fue Basilio Anastacio, nacido el 14 de abril de 1772, en Zapotlán, El Grande, hijo legítimo de Fernando Sánchez, y de Ma Pascuala Gomez, mestizos de este pueblo; apadrinado por: Juan Reymundo Sánchez y María Madrueña, “españoles de este pueblo”, pareja que por otros documentos sabemos que eran sus tíos abuelos.

La pareja formada por Fernando Mariano Sánchez Mardueño y María Pascuala Gómez de Lugo se casó hasta el 28 de noviembre en Zapotlán El Grande, él aparece ahí como “español”, originario de Sayula, vecino desde hace 14 años en Zapotlán, hijo legítimo de de Pablo Sánchez, difunto, y de Matiana Mardueño. María Pascuala aparece como “mestiza”, originaria también de Sayula y vecina desde hace cuatro años, hija legítima de Juan Teodoro Gómez y de María Bernarda de Lugo.
Una vez casados ante la Iglesia registraron el 26 de enero de 1773, en Zapotiltic, a María Teresa Timotea, “española del Rancho del Quahuayote”, de tres días, hija legítima de Fernando Sánchez y de Ma Pascuala de Lugo. Fueron padrinos Don Pedro Joseph de Mendoza y Velas, y Doña Teresa Gertrudis Rodríguez y Aguilar, su esposa. Es probable que, por su fenotipo, y la calidad de los padrinos no le anotaran como “mestiza” o como “mulata”, como sucedió a sus hermanos mayores.
El 14 de enero de 1777, nació en El Quahuayote, su hermana Paula de Jesús, ella si anotada como “mulata”, aunque sus padrinos fueron “Mathías de Llamas y Ana María de Agundis, su madre, españoles, vecinos del Quahuayote”,
Todavía el 25 de julio de 1786, se bautizó a José Magdaleno, “mestizo del Quaguayote”; fueron sus padrinos: Francisco Vargas y Da. María Gertrudes Paz, probablemente “española”, por el título de “doña”.
Es probable que por esas fechas se avecindaran ya en la Congregación de Nuestra Señora de Guadalupe de Tecalitlán. Lamentablemente don José Rebolledo, “adulto de este pueblo”, fue enterrado el 20 de septiembre de 1799, mestizo, casado, de mas de 50 años, “no recibió sacramento alguno, porque lo mató un rayo”. No se trata del padre de nuestro músico, pero si algún hermano o pariente, que comparte apellido y calidad.
Es ya en el siglo XIX que los miembros de la familia de fenotipo más próximo al “criollo” (imaginado) logran dar el “salto de color”, es decir, abandonar los “libro de castas”, y aparecer en el de “españoles” en las parroquias de la región. El 8 de julio de 1813 se casaron, en la iglesia parroquial de Zapotlán, “Don” José Marcial Sánchez, “español”, soltero, “originario y vecino de Tecalitlán”, residente desde hace 8 meses en Zapotlán, entonces de de 18 años, hijo legítimo de José Fernando Sánchez y de Ma Pascuala Gómez, difunta; con doña Ma Josefa Carrillo, española, originaria y vecina del pueblo, entonces de 16 años de edad, hija legítima de José Feliciano Carrillo y de Ma. Bernarda Ximenez, difunta. Fueron padrinos don José Isidro Carrillo y Ma Ignacia Solorzano cónyuges. Atestiguaron por su “calidad”; don Juan Gerónimo Ramírez y don Juan Zúñiga. El ciclo se cumplió y necesitó de poco más de 100 años, e involucró a cuatro generaciones.
Nosotros seguiremos a la familia de tez más oscura, ya avecindada en Tecalitlán. El hermano de Plácido, Timoteo Rebolledo Sánchez se casó con María de Jesús Hernández, y es por esta vía que a don Plácido le decían “tío”. A veces, está pareja aparecen en los documentos como “padres” de Plácido Rebolledo, lo que causa confusión, pues su hermano Timoteo, era mayor sólo dos años, había nacido en 1818.
Placido Rebolledo Sánchez contrajo nupcias con Ma. Severiana Guerrero, en la parroquia de Santa María de Guadalupe, Tecalitlán, el 28 de noviembre de 1842. Fueron padrinos Pablo Olivera y Juana Torres; atestiguaron el acto: Ambrocio Hernández y Nazario Torres, aunque no me queda claro por qué se velaron hasta enero del año siguiente. Es importante observar los apellidos Hernández y Olivera, que son dos linajes musicales en Tecalitlán.
La hija de don Plácido y Severiana,Ma Ignacia de la Trinidad, de dos días de nacida, fue bautizada el 1 de agosto de 1849, en la parroquia de Tecalitlán. En la fe de bautismo aparece como hija legítima de Plácido Reboyero y Severiana Guerrero. Sus abuelos paternos Rafael Reboyero y Mariana Sánchez; y los maternos: Gregorio Guerrero y Juana Olivera. Fueron padrinos Trinidad Hernández y Cesaria Hernández. De nuevo linajes musicales, aunque no tengo la certeza de la práctica musical.
Esta hija se convirtió en una joven que contrajo nupcias, en Tecalitlán, el 5 de febrero de 1870, con Amado Vargas, “es originario y vecino del pueblo”, pero había nacido en Quitupan, soltero, labrador y de 24 años, hijo legítimo de José María Vargas, difunto, y de Guadalupe Andrade, vecina, viuda y de 60 años. María Ignacia dijo ser “originaria y vecina” del pueblo, doncella, de 17 años de edad, hija legítima de Plácido Rebolledo, vecino, casado, jornalero y de 50 años y de Severiana Guerrero, también vecina y de 39 años. El matrimonio civil se realizó el 22 de febrero, se acostumbraba entonces tener “padrinos” y lo fueron “Ramón Flores y su esposa Bonifacia Cano de esta vecindad y mayores de edad”, y los testigos fueron: “Jesús Toro, Rafael Munguía, José María Ortiz y Juan Juárez, todos de esta vecindad y mayores de edad”. Sin que podamos deducir si ellos tenían una práctica musical, como la que tenía don Amado Vargas, a decir de su nieto Silvestre.
La pareja tuvo tres hijos, lamentablemente dos niñas murieron muy pequeñas. Ignacia murió de parto el 8 de febrero de 1873, a los 20 años de edad, fue sepultada en la parroquia, pues alcanzó a confesarse. El viudo, Amado Vargas contrajo matrimonio con Juliana López el 18 de octubre de 1873, con la que procrearían a Gaspar Vargas.
Un sólo hijo de María Ignacia Rebolledo llegó a la edad adulta, José Trinidad Vargas Rebolledo, quien murió de fiebre a la una de la mañana del día 4 de abril de 1891, cuando tenía 20 años de edad. Por esos años rondaba los 10 años su hermano Gaspar, y tal vez por esta razón, como por el parentesco político de su hermano Timoteo con los Hernández, es que los niños Gaspar y Refugio le dijeran “tío” a don Plácido Rebolledo. Es probable que el cariño que tuvo a su nieto Trinidad, y sus enseñanzas musicales, se reflejaran en estos pequeños de la nueva familia de su yerno; o tal vez, sea porque en la Tierra Caliente y otras regiones del Occidente de México se les llama así a las personas mayores, para mostrar respeto, pero de manera afectuosa. De cualquier manera el “mestizo” o “mulato”, José María Plácido de Jesús Rebolledo Sánchez, violinista y guitarrero, afectuoso maestro de música, y primer mariachero en la memoria de Silvestre Vargas, tiene un lugar en la historia de la música del occidente del país.

viernes, 27 de febrero de 2026

José Refugio Hernández Vargas, violinista

 

Cuando era niños, los primos Gaspar Vargas López y José Refugio Hernández Vargas, recibieron sus primeras lecciones musicales de su tío, don Placido Rebolledo Hernández, violinista y ejecutante de la guitarra de golpe, que nació en 1844, y formó un mariachi hacia 1865 (Orfeón Videovox, s. f. [1963]: 1). Después aclararemos cual Plácido Rebolledo, pues hay dos y ambos músicos. Lo importante es que Gaspar y su primo Refugio Hernández Vargas aprendieron a tocar el violín y la guitarra de golpe, y formaron ellos mismos un mariachi que después cobraría fama. 

José Refugio fue hijo de Miguel Hernández, nacido en 1845,  y de María Jesús Vargas, hermana de Amado Vargas, el padre de Gaspar. Doña María Jesús todavía nació en Quitupan, en 1853, origen de la familia, como hemos mostrado.

            Probablemente también eran parientes por el apellido Hernández, pues Juliana López, madre de Gaspar, nacida hacia 1854, fue hija de Marcelino López y de Francisca Hernández.

        La presentación matrimonial se hizo el 27 de enero de 1872, y el matrimonio el 9 de febrero del mismo año. Miguel Hernández, dijo: que es originario y vecino de este pueblo, soltero, jornalero de 26 años de edad [nacido en 1845], hijo legítimo de Miguel Hernández, difunto, y de Calixta Delgado que vive en ése momento. La novia era María de Jesús Varga, quien dijo: “que es vecina de este de este pueblo hace doce años y originaria de Quitupan”, soltera, de 19 de edad [nacida en 1853], hija legítima de José María Vargas, difunto y de Guadalupe Andrade, quien estaba viva y presenció el matrimonio. Apadrinaron el enlace civil: José Martínez y Seferina Silva.

        La pareja presentó en el Registro Civil el 19 de diciembre de 1872, a su hija Adelaida, nacida el día 16 del corriente en el cuartel número 3 de este pueblo. En el acta aparece Miguel Hernández, casado, jornalero “y de 30 años de edad” (nacido hacia 1842), 4 años más que en su boda. Su esposa María Jesús Vargas, aparece de 20 años de edad. Los abuelos paternos de Adelaida fueron, José Hernández y Calixta Delgado, y los maternos: José María Vargas, finado, y Guadalupe Andrade. Fueron padrinos de la ceremonia civil [que sólo se registra en este periodo] la abuela materna, Guadalupe Andrade, y su hijo Domingo Vargas. Los testigos fueron Rafael Munguía y el tío Plácido Rebolledo Hernández “y no firman por no saber”.

        No tenemos el acta de nacimiento o la fe de bautismo de José Refugio Hernández Vargas, sin embargo, al presentarse el 4 de enero de 1896, para contraer matrimonio con Bonifacia Barajas, dijo que tenía 20 años (por lo que nacería hacia 1876), era soltero, jornalero, su padre Miguel había muerto, y su madre María Jesús Vargas, era viuda, de 45 años.  Bonifacia Barajas López, dijo ser “doncella”, tener 18 años, originaria y vecina de Tecalitlán, hija legítima de José Guadalupe Barajas, jornalero, de 54 años y María Dolores López, de 40 años.

         El matrimonio se verificó hasta el 18 de enero de 1896, a las 7 de la tarde, en Tecalitlán; fueron testigos: Prudencio Panduro, José Santos Panduro y Román Ortiz, casados, jornaleros, mayores de edad y vecinos de Tecalitlán.

        La primera criatura nació el 25 de abril y fue registrada en Tecalitlán, el 3 de mayo de 1898. Recibió por nombre María Guadalupe, hija de Refugio Hernández, jornalero, de 24 años, casado con Bonifacia Barajas de 19 años; fue nieta por línea paterna de Miguel Hernández y de Jesús Vargas; y por la materna de Guadalupe Barajas y María Dolores López. Aparece como testigo su tío Amado Bargas y Juan Barajas, ambos casados, jornaleros, mayores de edad y vecinos de este lugar.

        En 1 de abril de 1925 hubo un revuelo en la casa número 46, de la calle de Allende, pues falleció de “fiebre” y “sin asistencia médica”, la señora Bonifacia Barajas, casada, de 50 años, hija de Guadalupe Barajas y de María Dolores López. El primo hermano del viudo Gaspar Vargas, casado, labrador de 45 años, originario y vecino de Tecalitlán, fue quien dio parte ante el Registro Civil, y se ocupó de los trámites burocráticos para que el cadáver fuera inhumado “en la fosa común de 3a clase en el Panteón Municipal”, aparece como testigo José Panduro, jornalero, casado, mayor de edad y vecino de Tecalitlán.

        Refugio estuvo en el despegue de mariachi de Tecalitlán en sus primeros años, participó en las primeras salidas a Guadalajara, la estancia en Tijuana, en el acompañamiento al General Lázaro Cárdenas en su gira proselitista y en sus primeros años en la policía de la ciudad de México. Poco es lo que hay en los registros genealógicos con posterioridad, tanto que no hemos encontrado el lugar y la fecha de su deceso; pero bueno, por el momento se cumplen los objetivos de mostrar las relaciones entre linajes musicales que vienen desde mediados del siglo XIX.