Don Silvestre Vargas recordaba sus inicios en la música de la siguiente manera:
...A los 14 [años] agarré el primer violín de carrizo y me puse a ensayar la primera melodía en una sola cuerda... Por cierto que el inventor de ese humilde instrumento [el violín de carrizo] fue Catarino Romero a quien le decíamos “El Maldito”. Este paisano mío fue la causa de que yo y Trinidad Olivera, alias “El Potrillo”, nos metiéramos de lleno al mariachi. Dicho violín se lo regalé a Rafael Vargas, íntimo amigo de mi juventud, poco antes de irme a la capital.
Catarino Romero fue violinista y miembro del mariachi de los Vargas. Hijo de Arnulfo Romero y de Toribia Carrizales.
Su madre María Toribia Carrizales Cárdenas, fue bautizada en 1864, en Zapotiltic, hija de Ramón Carrizales y María Lugarda Cárdenas. Su padre fue José Arnulfo Pedro Romero, bautizado el 30 de abril de 1862, en Ciudad Guzmán, hijo de Rafael Romero y Josefa Hernández.
Al parecer sus padres no contrajeron matrimonio, pues don Arnulfo Romero Hernández, quien fue comerciante se casó varias veces, o tuvo varias familias con diferentes mujeres. En Tecalitlán se casó con Ma Refugio Contreras en 1890. También en unión con Josefina López, en Ciudad Guzmán, tuvo hijos.
Catarino Romero Carrizales nació probablemente en 1880; pero no hemos podido encontrar la prueba documental.
En 1922, tuvieron, Arnulfo Romero y Josefina López, a su hija María Josefina del Sagrado Corazón de Jesús Romero López; fueron sus padrinos J. Félix Torres (comerciante de Sayula) y Aurelia Romero de Torres, hermana de Arnulfo. Su cuñado fue homónimo del músico y director de orquesta; pero todavía no sabemos dónde obtuvo Catarino Romero sus conocimientos musicales, que debieron incluir la lecto-escritura musical, pues aparece como “filarmónico” y no como “músico”, en su acta de defunción.
El violinista murió el 29 de febrero de 1928, a causa de un balazo que le dieron en la esquina de las calles Francisco I. Madero y Fernández de Lizardi, en Tecalitlán. Tenía 38 años y fue enterrado en “en fosa común, gratis a insolvencia”, pues sólo tenía a su madre Toribia Carrizales, quien ya era viuda. Atestiguaron el acto de entrega del cuerpo a su pobre madre Pablo Trejo, labrador, y José Isabel González, también “filarmónico”, ambos mayores de edad y vecinos del pueblo.
En 1930, según el Censo Nacional, doña Toribia Carrizal, viuda de 80 años vivía con su hija Porfiria Romero, de 28 años, casada por las dos leyes con Teodosio Barajas, jornalero de 34 años, en la casa número 58, de la calle de Corona, junto a sus nietos: Francisco Barajas de 11 años, escolar, Esperanza Barajas de 9 años, escolar, Salvador Barajas de 6 años, escolar, y las niñas Jesús Barajas de 4 años y Teresa de un año. Así que sus últimos años los pasó rodeada del amor de sus nietos.

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