...Frijolito frijolito,
frijolito enredador,
no te vayas a enredar,
como se enredó mi amor.
Sitio para compartir reflexiones sobre: las Artes Tradicionales Performativas del Occidente de México. Arte, Tradición e Identidades Sociales.
sábado, 31 de diciembre de 2022
Un recuento de 20 años de encuentros... ENMT
El fandango idealizado
Cuando uno pregunta ¿Cómo era el fandango? Lo que obtiene por respuesta es la vivencia de personas que sólo pueden saber cómo era en su juventud, en el momento en que le tocó vivirlo y únicamente de ello pueden dar referencia; cuando uno recurre a los documentos, encuentra experiencias que son distintas a lo que los testigos oculares te pueden contar, hacen referencia a tiempos anteriores y muestran procesos que no necesariamente siguieron un derrotero establecido; es dónde los "inventores" o "reconstructores" tienen un margen para actuar y proponer un orden, que no es ni absoluto ni atemporal.
Es claro que un fandango en la Tierra Caliente del Balsas podría recibir a arrieros, comerciantes y viajeros de Tixtla, quienes llevaban sus cargas para transportarlas por el río hacia el Pacífico; probablemente, tocaban y bailaban con los "otros" ¿Pero cuál era el orden o la lógica que privaría? Puede ser mi "imaginación", pero creo que no es coincidencia que el fandango en el Golfo y en el Pacífico tengan una secuencia de sones y, por tanto, tengan una lógica (que no es rígida claro). La lírica y los sones compartidos muestran una comunicación e intercambio entre regiones, bien a partir de un modelo primigenio (un "proto" fandango con sones que se fueron adaptando a las regiones y géneros), o bien, a partir de una influencia que trasladó aquellos de una región hacia las vecinas, hasta "generalizarse".
El problema es que debió haber una manera de hacer éso que ahora llaman "FANDANGOS MULTIREGION", es decir, la confluencia de artistas performativos formados en una tradición específica que interpretaban con otros. De entrada, se entiende que una fiesta la organiza un grupo de personas que tienen un vínculo entre sí: amistad, negocios, ideología compartida, por tanto, habría un modelo base; los "invitados" tendrían que acatar las reglas, el orden y las formas de quienes reciben; es decir, el grupo que lleva la prima sería el anfitrión, quien establecería el tono (la altura para tocar y cantar), y los géneros musicales, líricos y coreográficos, que es como se hacía con dos grupos de una región: bien fuera arpa o tamborita; el grupo del casero: padrino de boda, de bautizo o familia del de la cuelga, contrataban a los que inicia, otros grupos llegaban con intensión de quitar la "banca", es decir el contrato, y para ello debían contestar a todos los retos del que llevaba la primacía y superarlos. Si un grupo de "amigos" llegaban a una fiesta, tendrían que pedir permiso al casero y a los músicos para poder ejecutar, y tocar o bailar lo que se estaba haciendo en la reunión, si eran los bailes de juego, pues bailes de juego, si tocaba ya a los retos líricos de las malagueñas, pues malagueñas; afinados en el tono y altura que se manejaba en el momento de la fiesta; ignorar la regla implicaba la sanción social: caras de disgusto, gritos contrarios, o de manera mas comedida, peticiones de repertorio y géneros que fueran acordes con el momento.
El fandango tiene un orden con una intensión climática y ritual, que se rompe al "desordenarlo"; si los grupos van llevando a la audiencia hacia un clímax ritual, mediante el cambio ascendente de tonalidades y complejidades rítmicas, romper la cadena implica crear desconcierto entre los participantes, que están habituados a percibir su mundo sonoro y rítmico de una forma; al no recibir la satisfacción esperada quedarían los espectadores con una sensación de vacio, incompletud o frustración, porque no estaban recibiendo en el rito "lo habitual". Es como si un ejecutante de un instrumento armónico constantemente estuviera adelantándose o atrasándose en el cambio de tonalidad, promulgando que "éso es libertad" de ejecución y tiene derecho a hacerlo así, porque la fiesta y la música son alegría y "desorden"; un músico tradicional diría: "-Yo no toco con ése amigo, es muy "atravesao"; y tendría razón, porque: aunque la música y la fiesta son alegría y caos, responden a ciertos marcos mínimos normativos. Creo que el grupo visitante tendría que indagar, ¿Cuál es el orden en su propia tradición y qué equivale a qué? En Tixtla ¿Cuáles son los sones con los que inicia el fandango, cuáles los de juego, cuáles los que promueven los duelos líricos, cuáles evidencian las habilidades de bailadores y de músicos, cuáles son los climáticos, con qué géneros o sones acaba la fiesta?
En el fandango jarocho ya hay escrito algunas sistematizaciones, que no son "reglamentaciones", simplemente se pone por escrito ésos códigos no escritos, pero sabidos por la gente del gusto por la tradición. Reglamentos para la Topada de la Sierra Gorda hay varios, incluso alguno explicado para niños. Para el occidente de México he propuesto cuales eran los códigos de etiqueta para participar en la fiesta y el orden secuencial del fandango, como rito lunar, experiencia estésica y catarsis. Desconozco si existe algo semejante para Tixtla o para la Huasteca (aunque como espectador es evidente que también existe un orden en el huapango).
Si uno conoce su tradición, entonces es fácil saber qué puede ser equivalente en una fiesta y proponer, a partir del grupo que lleva la mano: son en tono mayor, para que se luzcan los bailadores, son en tono menor para que se luzca el poeta, son en mayor con modulaciones a menor para que se luzcan los músicos; etc. Ahora bien, qué implica "conocer una tradición", pues éso va más allá de "saber tocar un instrumento y un repertorio", que es lo que los principiantes siempre pensamos; como decía don Leandro "Ya suena", pero que se parezca no quiere decir que "sea". Ello implica llegar a la región no sólo en los días de fiesta, conocer los contextos de "ejecución" festiva y cotidiana, aportar para la fiesta en comida y bebida, ayudar a la preparación y a barrer la basura cuando la cotidianidad regresa, platicar con los viejos y observar lo que hacen, tocar sólo cuando te lo piden para descansar y saber escuchar ¿Qué sigue? Ése proceso es largo y creo que no acaba en una vida, por ello, los grupos que tocan muchos géneros de música tradicional mexicana "tocan mal", no porque tengan deficiencias técnicas, vocales o ejecución, sino de "CONTEXTO", pues como no lo conocen, no se dan cuenta que están equivocándose; es como tocar una cumbia en un velorio o en una función religiosa, y sin embargo: se tocan cumbias en velorios y funciones religiosas, el chiste es saber ¿CUANDO? Y para ello hay que ver, escuchar, callar y preguntar.
Otra pregunta clave y definitoria de lo que es un fandango es ¿PARA QUÉ SE TOCA? Si toco para que me escuchen, para lucirme o "para que bailen", entonces no entiendo el carácter comunitario y social de la fiesta. "Toco para las comideras", para los que cavan el hoyo en que se planta la tabla, para que los niños aprendan antes de que empiece la fiesta, para que descansen los maestros músicos; pero también toco para mí. Tocar para sí mismo, pero en grupo, es algo muy complicado, casi diría que imposible, a menos que entienda que Yo soy NOSOTROS. ¿Es posible el "fandango MULTIREGION"? Es posible, si, tocando la música de mi región, toco con y para los OTROs que somos NOSOTROS. Entonces, a veces se produce ése momento paroxístico en que YO ya no existe y entiendo al OTRO sin necesidad de hablar, mediante esos vasos comunicantes que son las artes performativas y la tradición.
Linajes de la cuenca del río Puruarán
El río Puruarán (“donde hierve el agua”) nace al poniente del municipio de Turicato, formado por los cerros de Ario y La Huacana que conforman una cañada y un pequeño valle que lo obliga a tributar al Río Caliente, antes de llegar al pueblo de Turicato, juntarse con el Río Frío y desembocar en el Balsas. El calor y el agua abundante hicieron propicio el cultivo de caña de azúcar y el establecimiento de trapiches e ingenios desde el periodo colonial temprano, y con ellos llegaron personas raptadas y esclavizadas en África; incluso uno de los ranchos al sur de La Yerbabuena, donde nace el río, se llama así: África. Los descendientes de estas personas están en los ranchos de la región, pero nos interesan los que vivieron en la hacienda de Araparícuaro (“lugar de avispas arápara”), del municipio de Ario de Rosales; uno de cuyos linajes son los apellidados Corona; pero también en el municipio vecino de Turicato, la hacienda cañera de Puruarán, tuvo a población raptada allende el mar y el apellido Corona aparece entre los descendientes. Es probable que “Corona” hiciera referencia a las personas esclavizadas que pertenecían al rey, en realidad al Estado español, y que trabajaban en espacios de interés geopolítico, como lo fueron las minas de cobre situadas en La Huacana, cuyos metales se fundían en Ario y Santa Clara del Cobre rodeados con bosques que proveían de materia combustible para tal fin.
De tarimas, tablas, artesas, tablados y otros instrumentos para bailar
Literatura popular y “humor” ideológico conservador.
El Petroleo
Pues si queremos gozar
de lo mas ricos placeres
primero hemos de quemar
estas ingratas mujeres.
Pero hay siempre que advertir
que sin ellas nunca estamos
pues siempre no las quemamos
de algo nos podrán servir.
Las mujeres de estos tiempos
son como las cebollanas
en doscientos sale una buena
y ciento noventa y nueve vanas.
Mujeres sepan querer,
mujeres sepan amar;
pues si no saben querer
siempre las voy a prender.
Si alguna me sabe amar:
pues solo la querré
le ofrezco darle mi amor
a esa no la quemaré.
Si me quieren a mi solo,
pues solo las querré,
siempre buscaré petróleo
para poderlas prender.
La Loca(Gusto menor)
Cuando estaba sola con mis padres
me querían con adoración
XX (todavía no comprendido)
y reniego mi cruel situación.
Corrido:
Ellos me querían ellos me adoraban,
como consentida del árbol su flor;
pero hoy en el día amores me acaban
por loca perdida ya perdí el honor.
Pero ¡Ay ¡Dios de mi alma!
¡Ya no hay que hacer,
por loca perdida ya perdí el amor.
¡Ya perdí, ya perdí, ya perdí!
Cuando estaba en mis primeros días
tenía amores sin comparación.
El semblante de un hombre me hacia
divagar mi feliz corazón.
Corrido:
Me escobeteaba, me hacía el peinado
con agua de olor, pues tal infusión
y ahí me pasaba poniendo cuidado
viendo a mis amores que adoraba;
Pero ¡Ay ¡Dios de mi alma!
¡Ya no hay que hacer, por loca perdida
ya perdí el honor, ya perdí, ya perdí!
Se acabaron mis tiempos pasados
y mi mente donde yo deseaba.
Me querían solteros, casados
y nunca conforme me quedaba.
** El mismo corrido
Me bañaba muy de madrugada,
me hacia el aseo como lo deseaba
y ahí me paseaba, pensando en el mundo,
pidiéndole a Dios, de ser bien casada.
Pero ¡Ay ¡Dios de mi alma!
¡Ya no hay que hacer, por loca perdida
ya perdí el honor, ya perdí, ya perdí!
Fin
Pero ¡Ay ¡Dios de mi alma!
¡Ya no hay que hacer,
por loca perdida ya perdí el amor.
¡Ya perdí, ya perdí, ya perdí!
Xaratanga vino de la Tierra Caliente
Xaratanga vino del sur, de la Tierra caliente o de la Costa. Los nahuas la llamaban Tlazoltéotl y pensaban que había nacido en Zapotlán. Era deidad de pueblos del sur, como los Zapotecas y los Yopi de los alrededores de Acapulco; su nahual era El zopilote. Su falda era de hojas de zapote blanco, traía un penacho con plumas rojas de Guacamaya, sartales con frijoles y maices de colores en las manos y el cuello, y de su penacho colgaban chiles de colores, porque era la diosa de "los mantenimientos", pero también del amor carnal. Tenía dos casas, la de las plumas de papagayo y la de plumas de gallina, tenía sus baños del puma donde se procrean los hombres. A ella se asociaban Toci, una diosa vieja que también era Xaratanga-Cuerajuajperi, las Cihuateteo que rondaban los campos de batalla y capturaban guerreros en el parto. Las cihuacóatl, Puriupe cuxareti (diosa de Xaracuaro), que transformadas en serpientes apresaban en las aguas de los ríos y lagos. También era Mauina, una "alegradora" una prostituta ritual que tendía su pabellón en el tianguez y se juntaba con los jóvenes. El fetiche de la partitura y de la ejecución depurada... a propósito de la edición electrónica de las partituras del Balsas...
a) La tradición no se preserva por la escritura y el CD sólo vivirá 20 años cuando mucho. El soporte material es desechable, la memoria es indestructible, como lo prueban los griots en África, los uandaris, valedores, rezanderas, alabanceros, en América Latina. La transcripción debe ser siempre un medio, no un fin.b) La partitura es sólo un auxiliar para el aprendiz, NO ES UN CANON, un modelo invariante; pues el sistema de la tradición oral va justo en el sentido contrario; cada ejecución debe tener coplas diferentes compuestas in situ, los rabeles o adornos de cada violinista, debe acompañar a los bailadores; por tanto, el sentido de LEER la partitura, mientras se ejecuta, para tocar "COMO ES", es ir en contra del sentido comunitario de la tradición oral.c) La versión transcrita corresponde a la interpretación de un músico considerado desde fuera de la tradición como "hábil", "notable", "interesante", con criterios que son, muchas veces etnocéntricos; sin embargo, no es la única existente.d) La música tradicional del Balsas medio es una tradición centrada en la percusión, por cierto, bastante excluida y minimizada por los talleres, aprendices y folcloristas. El conjunto de tamborita muchas veces no tiene tamborita, o su ejecución es pobre en variantes, a pesar de que existen muchas grabaciones, y algunas transcripciones en notación occidental. Los talleres y los folcloristas no le estamos prestando atención al eje vertebrador del fandango: el ritmo. La armonía y la melodía no tendrían por qué dirigir la formación de los nuevos artistas tradicionales y la atención del auditorio externo a la región, sin embargo, las personas de fuera de la región que se aproximaron a la música de la Tierra Caliente lo hicieron, en su mayoría, atraídos por la "habilidad" de los violinistas, que justo es la transcripción musical que guía el CD.
…se advierte que una diferencia sustancial en la transmisión oral del saber musical, es que las reglas, a través de las cuales se producen los sintagmas sonoros, se encuentran en el saber colectivo. Su práctica no requiere que éste se haga explícito, no es una condicionante para la creación; incluso ostenta una extraña vocación de virtualidad. Sólo tenemos prueba de estas “reglas gramaticales” de la producción musical cuando se materializan en las manos hábiles de los músicos que tejen melodías, patrones rítmicos, texturas. Operan procesualmente cuando un músico ejecuta una pieza en el fandango, en el atrio de una iglesia, en el regocijo de la fiesta de aniversario o frente a la tumba de un miembro de la comunidad recién fallecido, con la finalidad de allanar su camino al otro mundo. (Camacho 2009).
Por consiguiente, el saber musical está en el marco de la memoria colectiva de las comunidades, y se mantiene en su hacer colectivo. La música, inalcanzable en tanto resultante sonoro que se desplaza en un tiempo efímero, es sólo su expresión sintagmática. En todo caso, si se habla de un patrimonio, éste correspondería a ese saber-hacer musical colectivo y no sólo a la expresión fenoménica de la música. Independientemente de la importancia de su registro y catalogación. (Camacho 2009).
