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jueves, 29 de enero de 2026

Y vuelve la puerca al maiz ... sobre el "mariachi tradicional"




Hace tiempo creí dejar claro que la dicotomía tradicional/moderno no es útil, no refleja la realidad compleja de los sistemas musicales, culturas musicales, escenas musicales o cualquier otra categoría analítica usada para hablar de las tradiciones musicales presentes en las diversas regiones geoculturales de México, y que su implementación por el Dr. Jáuregui no la convertía en "ley", sino que era y sigue siendo una hipótesis, siempre en discusión. Una parte del problema es que los asistentes al Encuentro Nacional de Mariachi "Tradicionales" no puede ir al Coloquio Internacional del Mariachi (que ocurre paralelamente), por tanto, no conocen, y no leen lo que los investigadores sobre el mariachi/e escriben; a pesar de que la organización regala los discos y libros a los y las ejecutantes participantes, hecho que presencié con mis propios ojos durante la gestión de nuestro querido amigo Víctor Ávila en dos encuentros consecutivos, y he visto el "Manual del mariachi" del Dr. Ochoa regalado en paquetes a los asistentes.
El problema es que tal dicotomía tradicional/moderno no existe en la realidad, y ya hemos escrito varias veces como los músicos de una tradición familiar que se arraigó en la Sierra del Tigre ha sido "premiada" varias veces, dándole la presea Cirilo Marmolejo a: Los del Rancho, Los Marineros de Tepalcatepec y El Carrizo, miembros de una familia extensa y varias "emparentadas" entre Santa María del Oro, Jalisco, Tocumbo y Tepalcatepec, Michoacán. Además, varios de esos músicos tocan en un mariachi "moderno" en Los Reyes Michoacán, y los "conjuntos" de arpa, que forman por lazos familiares y de generación, se transforman en conjuntos versátiles eléctricos, de acuerdo a lo que busca el cliente que los contrata.
He insistido en que las dicotomías Tradicional/Moderno no permiten describir esta realidad compleja y que por tanto deben desecharse, no obstante, ante la crítica el Dr. Jáuregui añadió un categoría intermedia "De transición", que, haciendo una analogía, pone un compartimento para algo que es siempre procesual y dinámico, por tanto, dichas metáforas son inoperantes y confusas para las personas que en su vida cotidiana se aproximan a los repertorios musicales del occidente de México desde "afuera" o desde "adentro" de la tradición.
La tradición como proceso, me parece un concepto más dinámico que implica a varias generaciones en un proceso de entrega/recepción/adecuación/rechazo de los contenidos de la tradición (según asegura atinadamente, para mí, don Carlos Herrejón Peredo). Así, a los repertorios de las tradiciones musicales del occidente se han incorporado géneros musicales que no eran de la región, que proceden de las industrias cultural desde fines del siglo XIX, por ejemplo, la canción mexicana, nacida en los salones de las clases altas del Altiplano y el Bajío, transformada en canción abajeña, luego en canción ranchera, migrada al norte y regresada como "canción norteña" en los años 60's (no voy a probar este punto, pero tengo un artículo para quien dude que la canción ranchera/norteña no es propia de los repertorios antiguos de la tradición del "mariachi" (aunque tener sus 90 años parecen validar su "tradicionalidad), casos más recientes son la cumbia, la quebradita, el pasito duranguense, el corrido de narcotraficantes, el narco-corrido, los corridos tumbaos, que aparecen en las agrupaciones del occidente (aunque chillen los puristas y se sorprendan los que me consideran a Mi un "purista").
La tradición se transforma, es decir, las generaciones jóvenes incorporan elementos simbólicos y piezas musicales (vestuario, performatividades) que les son significativos a los legados culturales que reciben, los "modernizan"; por ejemplo, en los años 50, al migrar a las ciudades la tradición mariachera dialoga con las industrias culturales (el cine, la radio, la televisión), adopta el "bolero ranchero", sus ejecutantes incorporan al chachachá, al danzón, al rock y al twist (hasta el Vargas tiene sus discos con géneros musicales norteamericanos, como Mariachi Rock), de ellos el "bolero" impulsado por figuras mediáticas como Javier Solís (en realidad por las disqueras de Javier Solís), se ha incorporado como parte del repertorio de lo que se considera "tradicional". En tradiciones próximas con la del Balsas medio, el danzón, el twist y otros géneros "modernos" se integraron sin, aparente, conflicto.
El problema con tratar de usar la categoría "Tradicional", como un opuesto excluyente de "Moderno", es que no sirve para entender los procesos complejos descritos. Incluso algunos portadores, gestores e investigadores estigmatizan lo "moderno" como algo que no puede/debe pertenecer a los contenidos de la tradición; con ello, la percepción del proceso social y cultural, que es dinámico, se vuelve "conservador" y estático. Ello lleva a buscar lo "auténtico", lo "original" en procesos que no son exclusivamente secuenciales (con un origen y un desarrollo), sino que se entreveran y cruzan, que es como ocurre frecuentemente en la cultura y la sociedad; pues así como no hay un lugar geográfico ni temporal donde "NACIÓ" el mariachi (que no es ni puede probarse en COCULA, Jalisco y no me hagan repartir sopapos), ni tampoco se podrá encontrar un origen geográfico o temporal para la vihuela, el guitarrón o el son, el gusto, el pasacalle, tampoco podremos saber si un grupo musical o un ejecutante es "más auténtico" que otro.
¿Donde radica la "autenticidad"? No lo es en el vestuario, pues los músicos del occidente se han vestido de acuerdo a las modas y han pasado del calzón de manta y sombrero de soyate, al traje de chinaco, al de charro, y al de vaquero de tejana, camisa a cuadros y pantalón de mezclilla (que se usa desde antes de la Guerra de intervención norteamericana y no es un invento de Levis). Tampoco lo es la dotación instrumental, las "guitarras grandes" desaparecieron y coexistieron con otras "modernas", llegaron las séptimas desde fines del siglo XVIII, se extendieron en el XIX, las sextas aparecieron en los años 30, se probó con flautas, clarinetes, trombones y cornetines antes que la trompeta, el acordeón llegó se fue y regresó con la canción norteña (que, como he dicho, en realidad es abajeña), y ahora con los mediadores electrónicos (micros, consolas de audio, mezcladoras, bocinas) cambia timbres y potencias sonoras, por tanto, amplía el número de escuchas presenciales. No puede ser, por nacionalidad, porque el mariachi, y los géneros musicales del occidente, se tocan por varias generaciones en Colombia, Chile, Venezuela, USA, algunas de más de 3 generaciones, y no sólo en el territorio Mexicano. Si nos ponemos puristas la tradición musical del occidente de México sólo la recrean y transmiten "mexicanos" a "mexicanos" en territorio "mexicano", por tanto lo que sucede en California, Oregon, Nevada y Washington no sería "tradicional" (para quienes usan la dicotomía "Tradicional"/"Moderno"), porque se "trasplanta", se traslada, reapropia y resignifica una tradición que llegó del Suroccidente de Michoacán, Colima y sur de Jalisco para realizarse en fiestas de norteamericanos cuyo origen familiar, muchas veces, ya no es de primera generación. Así que mi amigo Pedro Gómez, que toca en un mariachi en San Diego, que es nieto de don Miguel Ibarra y primo de Serafín Ibarra, !!¿¿¿no es un "músico tradicional" cuando toca gustos, jarabes y sones, algunos compuestos por su abuelo, en las fiestas familiares en Chicago o donde ande su familia?!!
Si queremos buscar lo "tradicional" en los repertorios, entonces cualquiera que ejecute un son es "músico tradicional", no importa si es un estudiante de secundaria, una concertista de orquesta sinfónica o un aficionado chileno al mariachi y profesional del mismo, tercera generación como Lohengrin Paredes.
Un problema del que ya hemos dado cuenta, es que al ENMT (Encuentro Nacional de Mariachis Tradicionales) acuden grupos de folcloristas (formado por estudiantes universitarios, músicos de peñas latinoamericanos, ejecutantes del son jarocho), escolares (cuya base son escuelas secundarias, bachilleratos, y grupos universitarios), mariachis "modernos" (que a mi me gusta llamarlos "populares" porque se basan en los modelos mediáticos, o mariachis de masas, como El Vargas) que se han destrompetizado y usan el traje de "caporal", lo que sea que eso signifique, y no el de "charro" para tocar, y sólo en contadas ocasiones acuden músicos campesinos o urbanos preservadores de una tradición. Todos, como bien señala Yuliana Ibarra, se (o nos) autodenominan "Tradicionales" para justificar su participación, tener "derecho" a las ventajas del ENMT (alimentación, hospedaje, escenarios) que permiten la interacción con sus similares y "conocer" otras formas de tocar, de repertorios, pero también de participar en las fiestas, hacer amigos, novi@s y mantener estas relaciones sociales. Admitir que NO SE ES tradicional, implica automáticamente ser "excluido"; por ello, nadie va a aceptar que no se es tradicional, sino un mariachi escolar, de folcloristas, destrompetizado o formado en los "talleres" que ya abundan (y no es esto una "crítica" que los "invalide" o busque "deslegitimizarlos", sólo es una CARACTERIZACIÓN con fines descriptivos).
Justo para sus "presentaciones" en los escenarios del ENMT, ya sea en templetes, o en los "JAM SESSIONS" transformadas en "FANDANGO MARIACHERO" (lo que sea que quiera significar esto), los grupos eligen un atuendo, una dotación instrumental, repertorios musicales que se usan como marcadores de "identidad" regional, procedencia y pertenencia; por ejemplo: un mariachi escolar usa atuendos "regionales" del ballet folclórico en el escenario, algunos evidentemente inventados otros no tan evidentes (como el caso de Colima, ya sé que algunos se sentirán "ofendidos", pero puedo mostrarles que la mayoría se constituyeron en los años 60 y en "contraposición" con la invención del de Jalisco, que fue un poco anterior, pero no mucho, "esos charros de Jalisco" son una invención moderna); los folcloristas utilizan las guayaberas echeverristas, retomadas por los del movimiento jarocho, y sombreros regionales mexicanos, pero también del Caribe, de nuevo, por influencia del movimiento jarocho.
Esos atuendos de escenario desaparecen, al calor de las cervezas en el "mariachi" (entendido como espacio festivo y por tanto, equivalente/excluyente de "Fandango") que se realiza en los salones del hotel, y a veces en otros lugares (el estacionamiento, el hall o recepción e incluso varias veces en las obras del metro en frente del hotel); ahí también se aminora el son, el jarabe y el gusto, pero aflora la cumbia, la canción ranchera, el bolero, el corrido perrón, las gorras, bermudas y chancletas, las cadenas de oro con metralletas, santas muertes y guadalupes, las minifaldas y los zapatos de tacón, y otros elementos "modernos" que evidencian la calidad de "representación escénica" que ocurre en los, "verbi gratia", escenarios y cierta estandarización en los procesos culturales contemporáneos, donde las industrias culturales rigen con mano de hierro; así que las modas en el vestir, en el cantar y tocar, e incluso en el "beber" (el whisky con agua mineral y bebidas energéticas, por ejemplo) se pueden apreciar en esos espacios de socialización donde se evidencia el dominio e imposición cultural de la industria y el Estado sobre las prácticas "tradicionales". La negociación no necesariamente se aprecia ahí, aunque existe, por ejemplo, al aparecer grupos indígenas en esos espacios que el Estado administra y que son excluidos por los asistentes autocatalogados como "tradicionales". Es cierto que hay folcloristas e investigadores que sacan el mezcal (o el aguardiente con nache), pero no es un beber "predominante" y justo sucede lo mismo que con los repertorios y el atuendo, son marcadores de identidad que identifican a los miembros del grupo y excluyen a otros; a los pretendidamente "auténticos" de los "poseers" o los "emuladores", en un juego de espejos donde los mariachis de folcloristas se sienten "auténticos" emulando a músicos campesinos, y los músicos campesinos se sienten "auténticos" emulando a los "mariachis de masas", y los mariachis populares se sienten auténticos tocando igual, pero sin trompeta, y todos sirviendo de estereotipos vivos para atraer turismo, fortalecer identidades promovidas por el Estado (Viva Jalisco ¡Sí señor! y de Cocula es el mariachi, de Tecalitlán los sones, de Tequila su mezcal.... y ya se la sa).
Lo malo de las etiquetas (Tradicional/Moderno) es que es fácil pegarlas, pero no necesariamente corresponden con los procesos sociales que suceden en el tiempo y que a veces son centenarios, pero a la par, modernos. Voy a poner otro ejemplo, entre los indígenas Jñatjo (mazahua) y Ñätho (otomíes) del Mazahuacan se bailan jarabes, sones, gustos, polkas y chotes (scotish, pues) sobre tablas en las bodas, tocan con violín, banjo (bancho, o bandolón, a decir de los viejos) que hace segundas al violín, con guitarra sexta, vihuela y guitarrón (porque el tololoche es difícil de transportar en las numerosas caminatas que se hacen). Algunas piezas significativas y antiguas como La Comadre y El Fogoncito, que son parte central del ritual al rededor del fogón, donde se enlaza la pareja, se tocan ya a ritmo de cumbia, y don Juan Allende (violinista lamentablemente difunto, casi a los 80 años), ya no recordaba como hacerlo sin el "saltito característico", tún...tun tun tun. Aquí tenemos una música que corresponde, casi, a la dotación actual del mariachi popular, salvo el banjo, que llegó a fines del siglo XIX con las orquestas de jazz y los trabajadores norteamericanos de las minas de la región (El Oro, Tlalpujahua, Angangueo, Trojes), su repertorio es casi exclusivo de jarabes, sones y gustos (algunos antiguos, por ejemplo El Pito Real, que se toca en la antigua Parroquia de Sinahua), pero las piezas importantes se volvieron "cumbia". No visten con manta, huaraches y gabán de lana de borrego, aunque los hacen para el turismo, sino su atuendo es de "vaqueros", pantalón de mezclilla, tejana blanca o negra, camisa a cuadros, chamarra de cuero y botines. Pertenecen a la región nuclear del mariachi (el occidente de México), pero ellos no se llamaría así mismos "mariachi", aunque toquen el repertorio, compartan la dotación, la forma de baile, el uso de la música en procesos musicales que coinciden con el occidente de México. Podrían participar el ENMT, como lo han hecho varias agrupaciones, algunas incluso "ganadoras" (en realidad acreedoras) a la presea Cirilo Marmolejo, ¿Por qué no lo han realizado? Pues a que la "promoción" del ENMT no es "nacional", está centrada en Jalisco y algunas áreas geográficas cercanas, algunas ciudades de E. U. y ya. Imaginemos que van al ENMT y tocan su guitarrón afinado como contrabajo, con dos cuerdas que vibran simpáticamente, pero no tienen función melódica (en realidad de bajo), con su "moderno" banjo que hace segundas al violín, y tocan El Fogoncito, pieza tradicional, a ritmo de cumbia. ¿Eso sería "Tradicional"? De entrada muchos dirían: "¡¡¡Eso no es mariachi!!!" Pero el desarrollo de sus fiestas, sus usos de la tabla, los repertorios compuestos de sones, gustos, jarabes y canciones rancheras son casi idénticos a lo que sucede en El Balsas y el Plan de Apatzingán, y mucho de ello podría escucharse en otros lugares del Occidente. Son un grupo de música tradicional del occidente, pero no mariachi, comparten repertorios musicales, instrumentación, formas de baile y usos sociales, podrían, si lo decidieran, identificarse como "mariachi", pero seguramente nunca les darían la "Cirilo Marmolejo", porque su identidad indígena no corresponde con el estereotipo estigmatizador del traje de manta, y además, tocando "cumbias".
Usar la palabra "tradicional" para tratar de respaldar la "autenticidad" de una práctica cultural es muy común entre los folcloristas, los investigadores y los promotores culturales, lamentablemente. Los gestores culturales, los promotores y los "investigadores" caen en el garlito constantemente (tres preseas Cirilo Marmolejo lo evidencian); pero que sea una estrategia social usada por los folcloristas, los promotores o los investigadores no quiere decir que sea "real", que sea "correcta", o que es "infalibe". El engaño se evidencia tarde o temprano, y por eso les insto a no usar el adjetivo "tradicional" como un término que valida algo: la práctica cultural (el repertorio, el vestuario, la dotación instrumental), la acción cultural (el taller, la formación de públicos o la iniciación artística), la identidad individual o colectiva (la trayectoria del individuo o el grupo, su pertenencia a una colectividad).
Entiendo que esta forma de validación es impuesta en primera instancia por el Estado, a través de la SCJ que organiza el ENMT y especifica que hay que ser "tradicional" y "mariachi" para participar, y entiendo que esto tiene que ver con el objetivo del ENMT que está ligado a la Declaratoria e Inscripción de la práctica ante la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad; sin embargo, me parece que los preservadores de la práctica (ya sean "auténticos" "tradicionales", "folcloristas", "escolares", y "populares") debemos alejarnos de esa dicotomía planteada por un investigador vinculado al Estado (de nuevo, no es una calificación sino una caracterización; pues, yo soy un claro ejemplo de Investigador Orgánico, Althusser dixit) y usada por el propio Estado con un fin que NO es CULTURAL, sino de re-constitución de identidades para el mercado turístico. Ser o no "tradicional" es algo importante solo en el ENMT, en la vida cotidiana los mariaches son campesinos, vaqueros, veterinari@s, filósof@s, profesor@s de primaria hasta posgrado universitario, mariachis populares, profesores de música, músicos versátiles, músicos de atril y de "concierto", padres, madres; tocan repertorios compartidos en el occidente de México, pero también géneros modernos y antiguos, de México y del Mundo; votan a la derecha y a la izquierda; profesan una religión o son ateos "comecuras"; se visten como vaqueros, como oficinistas, como jipis mugrosos, como señoras de clase media, o con bermudas y huaraches, y nada de eso define o "predispone" su relación con la tradición del mariache, con sus músicas, danzas y bailes. No los hace más o menos "tradicionales", pero tampoco mas o menos "auténticos". No los valida como mejores o peores artistas; pero aún así, no es correcto que unos usurpen el lugar de los más desposeídos, y que siendo profesores universitarios, o médicos, digan que son "músicos tradicionales" porque tocan repertorios tradicionales, aunque su abuelo haya sido "músico campesino", pues la tradición no se hereda genéticamente, sino se lega socialmente y se acepta como "destino", si usted toca música tradicional ocasionalmente no es "músico tradicional", porque el destino es social, y no es exclusivo para "divertir borrachos", que también es una función social.
Es necesario recordarles que musicar (hacer artes tradicionales) en fandangos, mariachis, mitotes, murgas, con conjuntos de arpa grande, tamborita, de minuetes, con tambora, banjo y a veces "mariaches", es algo muy basto; que, además, el occidente de México, que es una "región política", no geográfica, tiene en sus 10 estados, al menos unas 25 regiones geoculturales en su seno: El Bajío, El Mazahuacán, La Sierra Gorda, La Meseta Tarasca, Los Balcones, Las Tierras calientes, del Balsas medio, la antigua parroquia de Sinahua y El Plan, la Sierra Madre del Sur, La Costa Náhuatl, Los Motines y la Costa Grande, El Llano Grande, La Sierra del Tigre, La Ciénega de Chapala, Los Altos de Jalisco y Zacatecas, Las Cañadas, Las Sierras de Manantlán y Amula, La Bahía de Banderas, Los Valles de Tepic, El Nayar, El sur de Sinaloa, y ahí quedan volando varias más que pueden ser incluidas si buscamos relaciones en las prácticas musicales. Todas comparten regionalmente dotaciones instrumentales, sistemas alimentarios, géneros musicales, formas bailables y dancísticas, formas poéticas y estróficas, cultos devocionales y fiestas, con variantes que aproximan a unas con otras y que podemos "definir" de manera amplia y laxa como "tierra del mariache", o "área nuclear", como les gusta llamarla a Jesús Jáuregui y a Arturo Chamorro, yo me siento cada vez más tentado a pensar que si bien esto es útil para la gestión y administración de la cultura, los Encuentros y Festivales, sobre todo los de carácter "nacional", no lo es para la investigación y hay que alentar los estudios de carácter local y "subregional", más centrados en los parámetros geográficos de carácter fisiográfico que determinan los nichos ecológicos, las vocaciones productivas, el tipo de poblamiento, de etnicidad y las relaciones interétnicas que se articulan en las prácticas culturales, algunas de las cuales son las artes tradicionales, que pueden o no conformar identidades sociales "regionales".
Así que aceptemos que somos "aficionados" y declarémonos músic@s folcloristas, escolares, populares, que también son prácticas culturales con tradición; pues al final, "por la boca muere el pez", y como "quien mucho habla, mucho yerra", aquí le dejo.

martes, 19 de julio de 2022

Un record imbatible..

 

El fin de semana se “registró” un Record Guiness en la ciudad de Morelia “bailando” Juan Colorado, los medios compartieron las escenas, drones y close-ups a los zapatitos blancos de las y los bailarines que con sus vestidos inventados en los años 60 “representan” a la Tierra Caliente... Amig@s que gustan de la música folclórica entusiasmados, algun@s hasta fueron a tocar y bailar... Todo parecería “bueno” o “satisfactorio” hasta que vemos que estas “marcas” (que usaré en lugar del anglicismo “records2) tienen sus orígenes en fondos oscuros de mentes maquiavélicas (y si no reconocen la maldad detrás de sus acciones, es que son tont@s).
Primero hay que preguntarse ¿quién está detrás de este acto? Si bien Rocío Vega salió en promocionales impulsando el evento, no es ella la artífice del evento, es la figura a la que se usa para convocar a la gente que la escucha a ella y le gusta la “música tradicional”. En este caso voy a usar música folclorizada, pues si bien son piezas tradicionales, se cantan por una “artista” que no es tradicional, pues se presenta en escenarios generalmente vinculados con el Estado, en eventos promocionales del mismo. A ella y otros grupos parecidos la siguen profesores de educación básica, profesionistas, estudiantes universitarios y, en general, un sector que podríamos decir tiene una “identidad nacionalista” apegada a la que desde los años 50 forjó el Estado mexicano, los cuales, además, paradójicamente se vinculan políticamente con las izquierdas, aunque hay de todo.
El titular de la Secretaría de Turismo, Roberto Monroy, y su equipo, son las mentes detrás de esta acción; a Monroy hay que recordarlo por la Pinchekuac, o como prefieren los medios acreditados: Kuinchekua: fiesta michoacana © (“fiesta” para el turismo, 4,500 espacios), que costó 10 millones y sólo uno dedicado a “sueldos” de los agradecidos 250 artistas “tradicionales” (entrecomillado porque hubo mucho folclorista disfrazado) que con 3 mil pesos vendieron su alma al turismo, pagados lamentablemente por la SECUM (nuestra secretaria Gabriela Molina, no tiene idea ni programa a desarrollar), en cambio, Roberto Monroy, quien ya fue Secretario de Turismo con Fausto Vallejo, otorgó a los hoteles los boletos que eran “gratis” para los visitantes al rentar una habitación en un establecimiento asociado, y con ello empezaron los embates a la cultura local y ya veremos ésta Noche de Muertos ©. Por lo pronto, 10 millones entre 4,500 asistentes, indica que cada boleto costó $ 2,222.22 pesos, por persona, no sería mejor invertir esa cantidad en promover la cultura mediante talleres de iniciación artística, si esos dos mil pesos se transforman en 900 talleristas, que reciban 5 boletos ($ 11,111.11), tendríamos cinco meses de pago a maestros para desarrollar talleres, si al menos cada uno tiene 10 alumn@s, entonces hay 9,000 personas que se benefician con sesiones de una hora durante 5 meses, que les dejan habilidades artísticas, criterios de apreciación, y un interés que ya no cesará.
La Pinchecuac© es un evento pato, versión Guelaguetza michoacana, orientada al turismo regional, no en vano el propio Monroy firmó un acuerdo de colaboración con Miguel Torruco (ahora Secretario de Turismo con Obrador), cuando este era Secretario de Turismo en la ciudad de México, gobernada por Mancera, para que la gente de la ciudad viniera a Michoacán y los de aquí fueran allá. Inventando el hilo negro, pues desde Cárdenas, se pensó en desarrollar la “industria sin chimeneas” y a ello se debe el detonante de Quiroga, Pátzcuaro y Uruapan como puntos de hospedaje y circulación por los pueblos de la Meseta, idea que puso en grave crisis ambiental a la región, pues en 1970, por ejemplo, cada familia de máscareros de Tocuaro pasó de hacer unas 200 máscaras por temporada anual (a danzantes que las encargaban), hasta hacer 200 máscaras diarias de viejitos, y no digamos ahora, toda madera de contrabando robada por las bandas de crimen organizado. Que todos olvidamos viendo zapatear viejitos en las plazas de los pueblos grandes y más en un escenario con luces, como la Pinchecuac (marca registrada). Pero a estos brillantes turistólogos, no se les ocurre que la "industria sin chimeneas" puede ser igual o más contaminante y destructora de ecosistemas (Riviera Maya y Costa nayarita, las más próximas en el tiempo); pero también de relaciones sociales y artísticas. Lo que ellos quieren es que el "turismo" (en realidad los hoteleros, restauranteros, agencias de viajes, etc.) recuperen las pérdidas de dos años de pandemias y antes, la guerra de Calderón, que como no se baja de su camioneta blindada cuando va a su casa de fin de semana en Tzintzuntzan no se enteró que desapareció el turismo de todo el estado de Michoacán). Así que el super secretario, cual anti Robin Hood, le roba a los pobres para darle a los ricos; le quita presupuesto de la Secretaría de Cultura y la transforma en “Eventos para el turismo”, claro que el discurso es el “fortalecimiento de nuestra cultura” y otras tonterías por igual.
Ahora le salió más "barato" el asunto (yo calculo unos 2 o 3 millones de pesos), pero no “gratis”, primero hay que pagar y someterse a Guiness World Records ©, pagar a un Equipo Creativo que ayuda a crear “la campaña perfecta para romper un record” invitar a un Adjudicador oficial de Guinnes World Records, para que, encaso de acreditarse, pueda usarse el Certificado Oficial, el logo oficial y sus “taglines”, en la propia página dice que “las tarifas varían según los requerimentos”. Para un record individual la solicitud cuesta 5 euros, mas iva, y 450 para lo más básico, que puede ser virtual. Hubo que pagar el templete y sonido donde estuvieron los músicos, claro, se les pagó a los músicos; además la propia agencia recomienda grabar el proceso, y para ello hubo que contratar un equipo profesional de grabación, que grabara con varias cámaras y drones el evento, y luego hiciera la edición. La invitación a los medios y sobre todo, que se sumen los 100 de “voluntarios” que van a ser quienes implanten la marca, y que sólo reciben las gracias por haber zapateado en el asfalto con sus guaraches con suela de madera.
Todo estuvo fríamente calculado, porque se trata de “crear una marca”, con algo que a nadie más le interesa “romper”, ninguna ciudad en Francia o en China querrá nunca jamás romper un “Juan Colorado” masivo, ni siquiera en México, en Coahuila tuvieron el suyo con 653 bailando “Danza de Matlachines” (2021), en Xalapa 2,370 tuvieron el suyo bailando “La Bamba” (2018), en Colombia se impuso una marca bailando salsa en línea con 343 videos publicados, aunque 5,000 bailaron en Cali, en 2020. La idea es atraer turismo para “ver romper la marca”, y de paso que consuman productos turísticos (eventos de este tipo), lo cual no estaría malo si no fuera transferencia de inversión pública, dinero de todos los michoacanos, que se “invierte” para que ganen las empresas hoteleras, que por cierto no son de michoacanos, nomas lean las letras chiquitas en los principales hoteles del centro histórico para darse cuenta que son cadenas internacionales (City Express, Best Western, Fiesta Inn, Holiday Inn, Arriva Hospitality Group, Howard Johnson, Horizont, Gamma Beló Hoteles), que tienen sus restaurantes que dan a la avenida, lugar ideal para tomarse una chela o un “coctel” y ver a los asoleados zapateadores darle duro al pavimento. Así es como, el mago Monroy, le saca dinero a Cultura y lo invierte en Turismo, y nuestra secretaria de cultura, tragando dulce poblano; pero ademas, tienen a tod@s ¡¡¡¡encantad@s!!!
La pregunta de ¿por qué no se hizo en Apatzingán? Es de todos comprendida, primero, porque el turismo no va a ir, segundo, porque el Estado mexicano y menos el gobierno municipal, van a garantizar la seguridad de los visitantes; sin embargo se usa la canción huapango compuesta en 1931, por Alfonso Esparza Oteo (director de la Orquesta Típica Presidencial con Álvaro Obregón, disuelta por Calles, y que está tocando cuando José de León Toral acaba con el dictador) y Felipe Bermejo (cantautor que participaba en la XEW en la Hora Azul de Agustín Lara), por encargo del gobierno de Michoacán, justo para eso, para traer turismo, pues la carretera a Guadalajara ya pasaba por Morelia (carretera federal 14), la zona del Lago de Pátzcuaro y mi General, me pongo de pie, como dice el buen Álvaro Alcántara, que hay que decirlo, se propuso traer turismo para "desarrollar" a las comunidades indígenas de la cuenca.
No sería mejor que, con ese dinero que se gastó en una campaña publicitaria de varias semanas y unas cuantas horas en el centro de Morelia, que hizo que se pasara dinero público al privado, gastando sumas millonarias en horas, se hubiera destinado en la formación de públicos infantiles en las zonas marginadas de Morelia y Apatzingán, quitándole gente al narcotráfico (la reconstitución del tejido social que tanto pregonan y que no hacen); pero no, es otra vez el discurso de que el “turismo” trae inversión y genera trabajos, claro, si usted es mucama, botones, cociner@, “hostess”, meser@, no vio nada de lo que pasaba por su trabajo, y claro que no le dieron un bono, por tal evento, tal vez le dejaron los $20 pesos acostumbrados de propina; sin embargo, hoteles, restaurantes, agencias de viajes si obtuvieron beneficios sin inversión, solo les quedó agradecer a tan eficaz político que está “recuperando” económicamente al sector, y eso es evidente, ya vemos otra vez decenas de autobuses en Quiroga, donde los turistas de fin de semana de las ciudades medias del Occidente vienen a comprar “artesanías industriales” chinas que los acaparadores de las grandes tiendas del pueblo “mágico”, hacen pasar por fabricación local, pegándoles a los artesanos que tienen que vender a precios ínfimos y en volúmenes, su propio trabajo; de nuevo, una transferencia de valor ( de riqueza) del pobre al rico, subsunción al capital. Y eso que no hemos contado las horas hombre/mujer que se invirtieron por los 900 bailarines, ni el costo de su ajuar, para que se “viera bonito” y ustedes, haciéndole el juego a los empresarios y políticos insensibles, compartan hartas fotos en sus redes.
Algun@s dirán que son un “agruras amargas”, pero es la verdad, les sugiero leer el periódico (aunque sea virtual) y enterarse de como la “4T” en Michoacán, son perredistas (Secretaria de Cultura, Gabriela Molina) y priistas (Secretario de Turismo, Roberto Monroy) realizando “alianzas” y acciones que agotan los escasos recursos públicos destinados a “cultura” en crear “atracciones tontas” para los turistas, que dejan su dinero a las multinacionales, y unos 20 pesos en propinas a los michoacanos que tuvieron que ver diferido el asunto, porque estaban tendiendo camas, lavando platos, sirviendo tragos y cocinando uchepos. Si eso es “inversión pública” entonces exijo nos muestren su Plan Estatal de Cultura, porque de turismo si hay...y no es nada amigable con el entorno ecológico, ni atento a la diversidad cultural, ni empático con los grupos sociales que votaron por Bedolla, que dice que es de MORENA... Ya nos veremos en la revocación de mandato... haber si el “record” no es imbatible.... si les gustó o no compártanlo como hicieron con las fotos de Coloradazo...y piénsele, porque luego se queja mucho

lunes, 6 de junio de 2022

El ballet folclórico usurpa, reproduce o crea.....

Habrá que escribir mucho al respecto y cuestionarse no sólo la "calidad estética" de los montajes del Ballet Folclórico, sino los motivos que los llevaron a la representación y desechar mucho de lo PROPUESTO porque los indigenismos de los 40 y 50 eran muy condescendientes con "el indígena", al que consideraban pobre (en muchos aspectos), pobreza de la que había que sacarlos (incluidas las ideas de "dialecto" y de "atraso cultural" profundamente discriminadoras); por eso al "reproducir" sus prácticas culturales, en escena, no había "respeto" a las relaciones que el "arte indígena" (que tiene muchas características rituales no "artísticas") mantiene con otros aspectos de la vida religiosa indígena; las nociones de "arte occidental" en ése momento tenían una fuerte carga esteticista que supone el valor artístico, de la "belleza", como "universal" e independiente de las contextos del observador; idea que arraigó en muchos "coreógrafos" de los ballets de aficionados en el país, que muestran más entusiasmo por la presentación e el escenario, cualquiera que éste sea, que en entender los códigos de movimiento y los sentidos que tienen.
Los montajes hacían lo que querían con vestuario, indumentaria y movimientos, las "investigaciones" de campo eran registros descontextualizados realizados durante un fin de semana; los movimientos no se estructuraban con los códigos que los producen, las diversas culturas indígenas, sino con los de la danza moderna y el ballet, que remiten a las figuras clásicas, muchas retomadas de propuestas norteamericanas bastante exoticistas que usaban reproducciones del arte clásico para crear "lenguajes" universales. Así que, muchos de los montajes del ballet folclórico "caricaturizan lo indígena" con una "ingenuidad" bastante racista; veo los "Jarabes de Michoacán" que montó Amalia Hernández y que se reproducen constantemente por los Ballets Folclóricos de Aficionados: con los pies en punta, el faldeo de las mujeres, las manos atrás y las espaldas rectas de los hombres, las mujeres con sombrero a la María Félix (me parece que todo viene desde Maclovia y que algo tiene que ver Luis Márquez Romay en eso)... y los hombres con botines....y me digo...dónde vería eso la señora?
Puedo decir que conozco un poco de las prácticas culturales p'urhépecha, y he visto un par de veces a mujeres "faldear" tan imperceptiblemente que dudo si "ésto" fue lo que motivó la recreación escénica, casi nunca he visto zapatear con las manos atrás a los señores, pero cuando lo hacen las espaldas son curvas y en una postura "banqueada", casi sentados; tampoco he visto a las mujeres usar sombrero.
Mis dudas son el que sean prácticas desaparecidas, pero hay muchas películas, fotografías, litografías y hasta pinturas de los indígenas p'urhépecha desde el siglo XVIII y no aparecen las actitudes corporales que se muestran. He visto bailar jarabes a la gente de Michoacán, los he "bailado" (si es que un oso baila) con ellos, no sólo a los p'urhépecha, pero nada que ver con el montaje. Si miro la re-presentación debo reconocer la autoría de Amalia Hernández, porque salvo la música (que si se basa en diversos jarabes de Michoacán y que montó el Trío Aguililla, que eran de la Sierra de Costa del Sur de Michoacán y no conocían lo indígena), a la mayoría de los movimientos no los puedo reconocer como parte del repertorio corporal de los p'urhépecha, y si hay algunos no cobran "sentido" en secuencia, aunque si lo sean desde la tradición inventada del Ballet Folclórico, pues son reconocidos y nombrados por sus usuarios.
Ahí el código es otro, los movimientos tienen sentidos que los ligan entre si pero no con la vida cotidiana, no hay mímesis de la vida laboral, de los rituales (sahumar, bendecir, persignar, "limpiar", sobar), de las situaciones de etiqueta: saludar, felicitar, despedir, condoler ¿Cómo integras lo extracotidiano de la danza con lo cotidiano del trabajo en un código común en el escenario si las personas no pertenecen a esos ámbitos? Me van a decir que no es el fin del Ballet Folclórico reproducir tal cual la vida corporal de los indígenas en el escenario, yo les pregunto ¿Entonces para que tomar sólo una parte y colocarla ahí?.. Eso es racismo, porque los pueblos no participan en tal decisión, y si me dicen, es que ellos no tienen que ver en el montaje, pues peor, porque lo que se propone es una usurpación vil....

domingo, 13 de marzo de 2022

No confunda robo, plagio y "apropiación", con aprendizaje

 En el arte, en la tecnología, en la ciencia, en las humanidades el conocimiento se construye en común y ante la innovación se reproduce, se cita, se referencia, se deconstruye, se hace tecnología inversa... la diferencia siempre es de carácter ético y el fin siempre tiene detrás el interés de beneficiarse del otro; si yo re-conozco el antecedente, el beneficio obtenido es ético, si no lo hago plagio. Si no he realizado bien mi trabajo de reconocimiento de antecedentes, entonces plagio por ignorancia, pero no deja de ser plagio, si conozco el antecedente y lo omito, entonces es plagio a secas. En la edición de textos a veces se borran citas (por errores de dedo, incompatibilidad entre programas), pero no se exime del plagio, en el arte estas quedan explícitas para el "público culto y conocedor" y ocultas para los comunes y corrientes, no avezados en el tema, pero no dejan de existir. El plagio es "malo" porque valida la pereza y la aparente "incapacidad" para "crear", y proponer algo "nuevo", aunque siempre sea con base en lo que nos antecede, pues no se "crea" de la nada. No hace daño "citar", "referir", "dar crédito", no vulnera nuestra "creación", ni la hace "menos innovadora". Dónde, cuándo y frente a quién hacer el reconocimiento es una cuestión ética y de libre albedrío.
  La gente puede tocar y bailar, hay quienes reflexionan sobre ello y hay quienes no; a mí, me gusta pensar sobre lo que hago, hay quien piensa que: puedes ir por la vida "viviendo sin reflexión", y puedes ser feliz, adelante; pero hay quienes pensamos que: saber ¿Qué motiva lo que haces? potencia esa experiencia, y reflexionando sobre ello, creemos que es importante separar lo que es tradición (que se nutre del conocimiento de la genealogía familiar) de lo que es creación individual (que puede usar a la tradición, pero se adecua al contexto, a la noción de "arte" y "escenario". 
       Quienes no reflexionan confunden lo que es propuesta escénica con "tradición" y suponen que no hay "autoría" y no hay "derecho" sobre la creación, pero no es así, la noción de "propiedad" y de "intelecto" también existe en las artes tradicionales, ellos suponen que NO, porque no conocen y no han reflexionado sobre ello; así que se apropian con "desparpajo" o "vergüenza" de algo que no les pertenece, lo cual está mal, y es muy sencillo de "corregir", sólo hay que pedirlo, la música tradicional se pide, y los músicos tradicionales "regalan" piezas, igual sucede en el baile, si yo voy y le digo a un/ bailador/a "enséñeme", "regáleme", sin ningún problema te "darán" ése conocimiento, y tu podrás con toda propiedad decir "poseo" porque lo "aprendí" de un artista campesino este son, este paso. 
             A mí me parece que tal cosa es de educación, de ética y de actuar correctamente, pero para ello tienes que reflexionar ¿cómo se enseña la tradición, cómo se aprende, quién enseña, quién puede aprender? Los que no reflexionan, no pueden tener ni siquiera idea de esta dimensión ética y piensan que con llegar a una fiesta y subirse a la tabla basta; pero perdón, no es así. Muchas veces llegan a comer y beber sin ser invitados y se van sin decir: gracias. Este modelo de aprendices urbanos, lamentablemente está muy difundido, y no debe alentarse. Así que si alguien quiere "apropiarse" de la tradición, en el sentido de hacerla parte de su vida, adelante, pero tal apropiación tiene que partir de una base ética y de compromiso, no de alegar que es "comunitaria" y yo puedo llegar y tomarla (sobre todo si no soy parte de esa comunidad), o que puedo "transformarla" sin proponer un diálogo con l@s maestr@s de la tradición.... No confunda robo, plagio y "apropiación", con aprendizaje.
                 Hay una diferencia entre "cita", "referencia", "homenaje" y "copia"... en el arte...