martes, 27 de febrero de 2024

Tradición no siempre es destino y siempre gestión o promoción de la cultura


Les comparto esta reflexión sobre destino y tradición, publicada inicialmente como "carta de presentación" ante los asistentes al ENMT, muchos de ellos autodenominados "mariaches tradicionales". El ánimo no es "excluir", "estigmatizar", o "invalidar acciones", sólo señala procesos y se hace para recuperar el valor que tiene la noción de "folclorista", no sólo como "investigador del folclor", sino como practicante del mismo. Me parece que el valor negativo que se le da a lo adjetivado como "folclórico", en México, se debe a varios procesos coincidentes, el primera es el éxito de Amalia Hernández y las críticas que hicieron sus competidores en la danza escénica mexicana (que representa en escenarios las prácticas coreográficas de carácter popular y tradicional), muchos de ellos se "autodenominaron" como "investigadores" y crearon compañías de ballet (de baile en castizo), escuelas y programas escénicos que pretendía distanciarse de la "estilización" atribuída a las creaciones de Amalia. En el ámbito internacional pasó un proceso similar y paralelo, y dado los problemas de definición de campo que tenía el "folclor", como disciplina de investigación, acosada por antropólogos culturales, investigadores de la literatura oral, de la sociólogos de la cultura y hasta historiadores, se prefirió sustituirlo por término que resultó igual de problemático, que fue el de "tradicional", asociado con la idea de "autenticidad" y como "opuesto" a "folclórico". Así que ahora no hay nadie que diga que es folclorista, o que realiza folclor, sino todos son "tradicionales", lo que sea que entienda por ese nuevo adjetivo.
Un proceso similar sucede con la gestión y la promoción de la cultura, aunque de manera general se les ve como procesos coincidentes que tienen funciones diferenciadas, gestión como administración, en el ámbito de los "recursos" (humanos, económicos, etc.) y promoción como difusión, en el ámbito de la comunicación (formación de públicos, atracción de interesados a talleres, etc.). Yo los empleo para caracterizar a quienes realizan estas actividades dentro de instituciones (sean del Estado o de otras entidades, como la Iglesia) y quienes las hacen de manera independiente (organizada en A. C. y otras ONG, o de manera no formal).



Hola


Soy Jorge Amós, tal vez algunos me recuerden porque ando junto con David Durán, un promotor de las Artes Tradicionales de la Tierra Caliente, en algunos ENMT. Les escribo porque hace algunos días han surgido algunos ires y venires en éste medio y me parece que mucho de lo que hay es, de nuevo, una confusión entre qué es un músico/grupo folclorista, quien puede ser considerado "músico tradicional" y quien es un gestor cultural. Me parece que debo intervenir, de nuevo sin que me inviten, para aclarar, desde mi perspectiva (pero compartida con algunos otros) para dejar algunas bases a los amigos que realizan actividades culturales desde el Occidente del País, la región del mariache y del mariachi, para que las discusiones vayan teniendo una base de términos, si bien no concensados, que puedan invitar al acuerdo.
Hemos varios, no sólo yo, gastado tinta y saliva, para que de una vez (que nunca es una) quede claro que: tocar un repertorio tradicional, NO TE HACE MÚSICO (artista) TRADICIONAL, tampoco ser miembro de una familia de músicos tradicionales te HACE, de pedigrí: "MÚSICO TRADICIONAL"; lo que otorga la "tradición" es una elección entre el "DESTINO" (siempre de elección personal) y el "GUSTO" (de afición y manejo mas o menos hábil de los contenidos/repertorios de la tradición), quiero dejar un paréntesis, porque hay muchos metiches que luego toman mis palabras y las tergiversan, Gusto/Destino son dos conceptos profundos en las músicas tradicionales, pero yo sólo hablaré desde el occidente de México que incluye a varias tradiciones indígenas y mestizas, pero que no les voy a explicar ampliamente. La disgresión es para aclararle a muchos músicos folcloristas (que, en espacios ajenos a la tradición, "recrean" con más o menos habilidad los contenidos/repertorios de la misma) que si te pones un sombrero de Tlapehuala/Sahuayo/San Felipe del Rincón o de San Juan De Dios y tocas El Xúchil, no eres "músico tradicional", la tradicionalidad está imbricada por la participación en la consolidación de los lazos comunitarios, de tal suerte que Los Originarios del Plan, tocando con bajo eléctrico en Red Wood City California son más tradicionales que:....(pongan aquí el mariachi folclorista de su preferencia) yo voy a poner Los Chaneques, porque son amigos; regresemos....porque permiten mantener una identidad social (ni siquiera nos pongamos románticos, "MEXICANA" que es algo inasible y enteléquico) sino bilocal: de Pihuamo, Coalcomán, Aquila, California, Oregon, Washington, o neo californiana (pa' que no se me enojen don Álvaro y don Jesús) en un contexto de discriminación y racismo allá y acá. Algunos podrán decir que los "mariachis AUTODENOMINADOS tradicionales" (como me encanta, el concepto de Yuliana Guadalupe Ibarra) también fortalecen identidades, redes sociales y de solidaridad (en Guadalajara, Morelia, o Tepa) pero en ése caso habrá que aclarar que, en el primer ejemplo, se trata de identidades sociales ligadas a una región geocultural e histórica, y en el otro a grupos sociales más restringidos (que no caracterizaré, pues ya los hizo Y. G. Ibarra). Al Encuentro Nacional de Mariachis Tradicionales concurren grupos que ya hemos caracterizado más de una vez: folcloristas de diferentes lugares del Occidente y la CDMX, mariachis "modernos" sin trompeta, mariachis de "investigadores", mariachis de promotores que usualmente incluyen a algún músico tradicional (o varios), mariachis de ballet folclórico (los que usualmente acompañan las presentaciones del ballet que suelen ejecutar algunas piezas de cada región que monta el conjunto de baile), y muy ocasionalmente, mariaches o grupos de música no autodenominados mariache pero si tradicionales; si revisan mis publicaciones, esto lo repito, cuando menos desde 2005, pues en 2003 fue la primera vez que concurrí de colado y metiche al ENMT. Aquí empezaron los desencuentros porque nos dimos cuenta de "acuerdos" no escritos que se observan en los resultados del OTORGAMIENTO, ......que no CONCURSO.... de la presea Cirilo Marmolejo, y es que cada año se le otorgue a un grupo de un estado del área nuclear (o ampliada, definida por Jáuregui/Chamorro) para el mariache tradicional, lo cual deja en predicamento a los "jurados" (que muchas veces repiten) para valorar quienes son acreedores al galardon; aunque algunos románticos folcloristas quisiéramos que fueran puros viejitos, lo cierto es que los músicos que usualmente son invitados, junto con los investigadores sociales de la música tradicional, también valoran la "calidad musical" (lo que ellos en ése momento entienden) y en mucho su ASPECTO; por ello, lamentablemente, muchos grupos, como SENECTUD de Arteaga [luego premiados], o Los Costeños de Coahuayutla, nunca aparecieron considerados, porque interpretan géneros desconocidos para el jurado, no viste ni traje de caporal ni guayaberas de manta china, sino de rancheros de la Sierra Madre del Sur, y muchas veces, ni "afinados" estaban. En 2007 se reconoció, para mí, sólo para mí, lo aclaro, EL MEJOR ARPERO del Occidente de México, pero ya habían ido con su grupo en otras ocasiones y habían pasando desapercibidos porque el acuerdo era / es no repetir la presea e ir "equilibrando", lo cual a veces genera incongruencias y malestar, como cuando Los Cocoteros "ganaron" la presea en 2009 y eran chicos salidos de secundaria, y, desde mi perspectiva, sin razón alguna ni méritos para ganar; aparecieron algunas quejas y nada más. Desde entonces muchos mariachis de folcloristas "CREEN" que pueden/deben "ganar" la presea, y le ponen énfasis a muchos aspectos que suponen "dignos" de ser considerados: el vestuario, el acompañamiento de parejas de bailarines de ballet foclórico con faldas de colores chillantes, la incorporación de un instrumento en desuso (aunque sin criterios claros de su incorporación), la interpretación de repertorios de regiones desconocidas, pensando que al hacer algo "novedoso" que en el discurso apela a la tradición, los hace "MAS TRADICIONALES".
Aquí haré un alto para hablar de las diferencias entre "promotores" y "gestores". Una dicotomía analítica que he construido para aclarar cómo se involucran en el campo de la cultura local personas que, como en el caso de los artistas, realizan acciones que son difíciles de encasillar y que algunos, van de la promoción a la gestión y viceversa, alternando sus acciones. Lo hago para tratar de explicar porqué algunos gestores "suponen" que son promotores y consideran a sus mariachis de folcloristas (que en realidad son de gestores) cómo tradicionales. Algunos "directores" de grupos de folcloristas promocionan a su mariachi como "tradicional" porque incluye a niños y jóvenes formados en "talleres" que imparten con mas o menos apoyos de instituciones dedicadas a la atención de políticas culturales (casas de cultura, secretarías o institutos de cultura y toda aquella dependencia burocrática que lleve en su nombre la palabra "cultura"), Asociaciones Civiles y "Fundaciones" privadas con fines de lucro disfrazadas de "beneficencia". La gestión y la promoción de la cultura se diferencias sustanciales que inician en la forma en que se financian las prácticas culturales manejadas y llegan hasta los fines por los cuales se realizan tales acciones. Digamos que hay un abanico cuyos extremos son: la cultura es un "patrimonio" público y común, de cuya gestión/administración/manejo se encargan los órdenes de gobierno, quienes contratan a "gestores" para tal trabajo y los ponen a administrar dineros, recursos humanos y programas con un fin que, usualmente, no definen los depositarios de la práctica cultural, es raro que se les consulte para la elaboración de políticas públicas sobre cultura y menos sobre recursos o presupuestos destinados a implementarlas; por ello, el gestor es el "burócrata" cultural que con distinta habilidad, conocimiento y tino maneja los rumbos de la política cultural desde los niveles locales (casas de la cultura) hasta los federales (secretarías, institutos y departamentos) vinculados con "la Cultura". El promotor es casi siempre un interesado en la cultura (de cualquier tipo) que de manera "independiente" del Estado (pero no necesariamente de grupos empresariales, políticos y a veces "culturales") implementa acciones para el desarrollo cultural de diversa escala: desde un grupo artístico hasta, cuando se tiene el poder económico, una práctica cultural considerada importante para los grupos que representa; la promoción puede ser de pequeño alcance, cuando la realiza un individuo en un espacio local (David Durán y su tabla) o bien puede ser de grandes vuelos, como cuando la crea un patronato de una fundación con alcance nacional (las orquestas "Esperanza Azteca" son un buen ejemplo). Si ven con detenimiento, podríamos decir, esquemáticamente, que la "gestión" la realiza el Estado y la "promoción" la Sociedad Civil más o menos organizada. Usualmente gestores y promotores se miran con recelo, considerando que las acciones que los "otros" implementan en torno a la cultura son "erróneas" y "sin sentido", lo cual genera conflictos de interés que se refleja en manifestaciones de desacuerdo que van del "periodicazo" a la toma de instalaciones, lo que desemboca, a veces en un viraje pequeño en el rumbo que las instituciones de política cultural del Estado realizan en ése momento.
La gestión cultural apenas se ha ido profesionalizando (la U A de Coahuila y la U de G tienen licenciaturas y maestrías en línea, enfocada a los miembros de la burocracia cultural), pues la mayoría de los burócratas, en el campo de la cultura, son "aficionados o profesionales" (con una práctica cultural) que poco saben de administración y gestión de la cultura. Los promotores culturales tampoco tienen una profesionalización de sus acciones, desde los que realizan la práctica en el nivel local, hasta los grandes directores de fundaciones "culturales" a veces vinculados con la iniciativa privada. Esto genera un problema en los diseños, implementaciones, evaluaciones y reelaboración de las políticas culturales públicas y privadas; pero que en general no es "sabida" o no representa un "problema", por ignorancia, para las instancias financiadoras (el Estado, las Fundaciones Privadas, las Asociaciones Civiles).
Entre los mariachis que participan en el ENMT hay muchos que se conforman por Gestores o Promotores del patrimonio musical del occidente. Muy pocos están conscientes del papel que juegan y de las metas a mediano y largo plazo al participar (la mayoría lo toma como un espacio para que los niños y jóvenes talleristas tengan un "público" y un "escenario" que les permita "medir" su avance y los motive a continuar, emulando a los grupos de participantes que tienen un mejor "desempeño" (escénico, de repertorio, de técnica, etc.) y, contadas veces, para que "conozcan" y entren en contacto con los "músicos tradicionales" que asisten, y con ello tengan referentes del "PASADO" y "ORIGEN" del mariachi (no voy a ahondar en la argumentación sostenida por las vacas sagradas y compartida por mí, de que el mariachi "tradicional" y el mariachi "moderno" son Contemporáneos, y no uno uno precedente del otro.
Usualmente el PROMOTOR o GESTOR considera su presencia en el ENMT como una evidencia del "RESCATE" del mariachi tradicional, y sobrevalora su propia participación (y la de sus acciones, incluidos sus pupilos) en la preservación, fortalecimiento e investigación del mariachi tradicional (aquí no voy a extenderme, porque ya lo he argumentado ampliamente, pero yo diría en la TRADICIÓN del mariache, que es un concepto más útil y dinámico, pero fundamentalmente DISTINTO, que el de "mariachi tradicional"). Esto sobre valoración se manifiesta como un afán de reconocimiento, de cualquier índole, por las acciones emprendidas en pro del mariachi tradicional; si revisamos la mayoría de las publicaciones que en los últimos días se ha subido, vamos a notar la "EXIGENCIA" y el "RECLAMO" por las labores emprendidas (incluidas las mías, no me voy a hacer a un lado), las que se consideran siempre como "adecuadas" para la preservación y fortalecimiento de la tradición del mariachi (esto ya decantado a lo que yo considero debe ser una meta clara en la CONASAM). El reclamo a documentos que acrediten las "ideas" vertidas en espacios comunes, Asambleas de Mariachis Tradicionales, CONASAM, Coloquio Internacional del Mariachi, Talleres del ENMT, hasta en las cenas y JAM Sesion´s (que ahora son llamados "Fandango mariachero" en un colmo de sin razón), me parecen fuera de lugar, porque 1, el mariache (fiesta) es un espacio en el que se comparte y donde se borra la individualidad, de tal manera que nadie cae en el absurdo (como si lo hacen los "jarochos" del movimiento) de reclamar la "autoría" de un verso/copla, o "arreglo" musical (si así fuera, el duo dinámico Vargas y Fuentes ya tendría un buen de demandas sobre el ENMT); el conocimiento es social y entre todos sabemos algo de todo, o todo de algo.
Algunos pueden ver con enfado, burla, o indiferencia esta creciente necesidad de "reconocimiento", yo la veo como un signo inequívoco de que el ENMT se está transformando en un "movimiento" (como el jarocho, o el huasteco) y que cada vez hay más jóvenes que no tienen por qué "conocer" y "reverenciar" a los padres fundadores (como algunos divinizan a los Gutiérrez en el Jarocho), que cada vez hay menos posibilidad de controlar a los grupos de mariachi de diversa índole que llegan al ENMT y que justo se ve como el momento de "inmortalizarse" y obtener un "reconocimiento" que se imagina "justo y merecido" por ésa labor de "promoción o gestión de 5, 10, 15 ó 20 en las músicas del occidente. A partir de lo que observo en otras latitudes de las tradiciones musicales de México puedo augurarles a "promotores" y "gestores" que estos reconocimientos vendrán, pero no pueden "imponer" de parte de quiénes, ni cuándo, ni en qué medida se darán....
Reconozco que la labor en la cultura no debería ser considerada un hobby/pasatiempo y que hay que exigir que haya un justo pago por esta labor desempeñada; pero para ello también, hay que profesionalizarNOS como promotores y como gestores. Los gestores pueden decir que el trabajo "les cayó" (aún cuando sabemos que es difícil obtenerlos y consolidarlos), pero justo por ello hay que prepararse; los promotores, sobre todo los de nivel local y sin financiamiento, con más razón deben formarse para encontrar no sólo vías de financiamiento, sino acciones que se amplíen y consoliden con el tiempo. La profesionalización nos mostrará que, la acción que perdura tiene que darse en los espacios de la vida cotidiana, debe reflexionarse y mantenerse en el tiempo, lo cual nos regresa al principio y, para estar acorde con la tradición preguntarnos, ¿esto que hago es "gusto" o es "destino"? El gusto va en el sentido del hobby/afición y por tanto, no podemos hablar de "inversión", "trabajo", "profesionalización", "continuidad", como yo no considero una "inversión" cuando me compro mi mezcal; pero si es destino, entonces hay que dejar claro que, en el compromiso no es "CONMIGO" sino con "NOSOTROS" y que toda inversión no es EN MI, en mi grupo, en mi "trabajo" como músico, sino con los salvaguardas de la tradición, los aprendices, la gente del gusto, que es lo que llamamos enteléquicamente: CON LA TRADICIÓN.
Si interpreto repertorios tradicionales por "gusto", el reconocimiento sale sobrando, o en todo caso es un "plus", dependiendo de quién lo otorgue y en qué contexto; si elegí el "destino" el reconocimiento no tiene sentido.
Algunos amigos "del gusto" han tenido la "fortuna", o la creciente necesidad, de convertirse en gestores, una disyuntiva que espero nunca tener que aceptar. De entrada porque "siendo gobierno", tus aliados se vuelven tus inquisidores, tus codemandantes tus demandantes y cualquier acción que emprendas dejará a alguién molesto, te traerá enemistades, maledicencias por 3 ó 6, ó 18 años, y siempre terminarás preguntándote si ¿Valió la pena?
Si eliges el "destino" y no consigues vivir de él, por cualquier motivo, inhabilidad artística, falta de talento para vender tu producto cultural, "mala fe de los gestores" (que son el blanco fácil de los artistas sin chamba), siempre está la posibilidad de cambiar de oficio, con beneficio. Algunos orgullosos se quejan y dicen que no quieren trabajar en otra cosa que no sea en "EL ARTE", con una noción muy decimonónica del mismo, como si el artista fuera un ser "excepcional" que merece admiración, aunque usualmente es "incomprendido"; si es así, lo que suele decir uno es: ´¡Entonces no te quejes! y si el mundo "NO DEBERÍA SER ASÍ", entonces ¿Qué haces, o hacemos, para cambiarlo?
Yo estoy dispuesto a ayudar para que el Arte TRADICIONAL sea considerado una profesión como cualquier otra, pero de nuevo, a mí no me interesan ni los folcloristas, ni los investigadores, ni los gestores, ni los promotores, que todos tienen sus chambas, con más o menos estipendios económicos, que podemos encontrar "culpables" para que el monto, la frecuencia, la cantidad o la calidad de las chambas no sean del agrado o suficiencia del trabajador. Lo que me interesa es que el artista tradicional, además del reconocimiento tenga la posibilidad de obtener sustento de su práctica. El sistema de "becas" por reconocimiento a su trayectoria se propuso hace tiempo, y además de insuficientes (no cubrían ni a todos los integrantes de un grupo), terminaron diluyéndose con los cambios de gobierno, desapareciendo, reduciendo montos y destinatarios, justo cuando debió de ser lo contrario; no hubo cambios en la legislación que pudieran dar garantías de continuidad; muchos funcionarios consideraron "atendida" la demanda con los apoyos económicos para adultos mayores que se otorgan desde hace una década. Algunas se otorgaron a jóvenes aprendices y de nuevo, ahora se sustituyen con Jóvenes Construyendo Futuro, pero igual corren el riesgo de desaparecer con el cambio de administración. Otros ven ésta dependencia del Estado como dádivas y suponen que fortalecer el gusto, de nuevo, en las regiones, generará un mercado para estas músicas, pero la realidad es que hay especialistas y músicas que no tienen la opción mercantil, como sucede con las músicas rituales, una de las que menos interés despiertan en gestores y promotores, por cierto.
Como ven, la promoción y gestión de la cultura, las políticas culturales, no son "fáciles" ni de diseñar, ni de implementar (y no sé si en perticular en el ENMT se hayan evaluado alguna vez, aunque me parece recordar que se hizo un breve ejercicio alguna vez). En general aunque el encuentro dice ser de "Mariachis Tradicionales" la gran mayoría de los que asistimos no lo somos, por lo que otorgar la presea no es cosa fácil y continuamente "les vendemos de chivo los tamales", por ello, un estudio (uno bueno, que ya lo amerita) del ENMT tiene que dejar claras las divisiones potenciales que existen, solo en estudio (no necesariamente así valorados en la realidad), los intereses con los que acuden el número creciente de participantes, los grupos políticos y económicos que gestionan y usan el ENMT. La cosa no es sencilla, pero talento sobra. Darnos cuenta de qué papel jugamos en el encuentro podrá, potencialmente, también hacernos poner los pies sobre la tierra en la urgencia y pertinencia nuestras demandas, en las acciones que hacemos, o creemos hacer, y en las metas que nos fijamos como colectivo (si es que podemos establecerlas) y que cada vez más, con el crecimiento del "movimiento mariachero", se verán múltiples, imposibles de aplicarse y diluidas.

Buenos días

lunes, 26 de febrero de 2024

Y vuelve la puerca al maiz ... sobre el "mariachi tradicional"


Hace tiempo creí dejar claro que la dicotomía tradicional/moderno no es útil, no refleja la realidad compleja de los sistemas musicales, culturas musicales, escenas musicales o cualquier otra categoría analítica usada para hablar de las tradiciones musicales presentes en las diversas regiones geoculturales de México, y que su implementación por el Dr. Jáuregui no la convertía en "ley", sino que era y sigue siendo una hipótesis, siempre en discusión. Una parte del problema es que los asistentes al Encuentro Nacional de Mariachi "Tradicionales" no puede ir al Coloquio Internacional del Mariachi (que ocurre paralelamente), por tanto, no conocen, y no leen lo que los investigadores sobre el mariachi/e escriben; a pesar de que la organización regala los discos y libros a los y las ejecutantes participantes, hecho que presencié con mis propios ojos durante la gestión de nuestro querido amigo Víctor Ávila en dos encuentros consecutivos, y he visto el "Manual del mariachi" del Dr. Ochoa regalado en paquetes a los asistentes.
El problema es que tal dicotomía tradicional/moderno no existe en la realidad, y ya hemos escrito varias veces como los músicos de una tradición familiar que se arraigó en la Sierra del Tigre ha sido "premiada" varias veces, dándole la presea Cirilo Marmolejo a: Los del Rancho, Los Marineros de Tepalcatepec y El Carrizo, miembros de una familia extensa y varias "emparentadas" entre Santa María del Oro, Jalisco, Tocumbo y Tepalcatepec, Michoacán. Además, varios de esos músicos tocan en un mariachi "moderno" en Los Reyes Michoacán, y los "conjuntos" de arpa, que forman por lazos familiares y de generación, se transforman en conjuntos versátiles eléctricos, de acuerdo a lo que busca el cliente que los contrata.
He insistido en que las dicotomías Tradicional/Moderno no permiten describir esta realidad compleja y que por tanto deben desecharse, no obstante, ante la crítica el Dr. Jáuregui añadió un categoría intermedia "De transición", que, haciendo una analogía, pone un compartimento para algo que es siempre procesual y dinámico, por tanto, dichas metáforas son inoperantes y confusas para las personas que en su vida cotidiana se aproximan a los repertorios musicales del occidente de México desde "afuera" o desde "adentro" de la tradición.
La tradición como proceso, me parece un concepto más dinámico que implica a varias generaciones en un proceso de entrega/recepción/adecuación/rechazo de los contenidos de la tradición (según asegura atinadamente, para mí, don Carlos Herrejón Peredo). Así, a los repertorios de las tradiciones musicales del occidente se han incorporado géneros musicales que no eran de la región, que proceden de las industrias cultural desde fines del siglo XIX, por ejemplo, la canción mexicana, nacida en los salones de las clases altas del Altiplano y el Bajío, transformada en canción abajeña, luego en canción ranchera, migrada al norte y regresada como "canción norteña" en los años 60's (no voy a probar este punto, pero tengo un artículo para quien dude que la canción ranchera/norteña no es propia de los repertorios antiguos de la tradición del "mariachi" (aunque tener sus 90 años parecen validar su "tradicionalidad), casos más recientes son la cumbia, la quebradita, el pasito duranguense, el corrido de narcotraficantes, el narco-corrido, los corridos tumbaos, que aparecen en las agrupaciones del occidente (aunque chillen los puristas y se sorprendan los que me consideran a Mi un "purista").
La tradición se transforma, es decir, las generaciones jóvenes incorporan elementos simbólicos y piezas musicales (vestuario, performatividades) que les son significativos a los legados culturales que reciben, los "modernizan"; por ejemplo, en los años 50, al migrar a las ciudades la tradición mariachera dialoga con las industrias culturales (el cine, la radio, la televisión), adopta el "bolero ranchero", sus ejecutantes incorporan al chachachá, al danzón, al rock y al twist (hasta el Vargas tiene sus discos con géneros musicales norteamericanos, como Mariachi Rock), de ellos el "bolero" impulsado por figuras mediáticas como Javier Solís (en realidad por las disqueras de Javier Solís), se ha incorporado como parte del repertorio de lo que se considera "tradicional". En tradiciones próximas con la del Balsas medio, el danzón, el twist y otros géneros "modernos" se integraron sin, aparente, conflicto.
El problema con tratar de usar la categoría "Tradicional", como un opuesto excluyente de "Moderno", es que no sirve para entender los procesos complejos descritos. Incluso algunos portadores, gestores e investigadores estigmatizan lo "moderno" como algo que no puede/debe pertenecer a los contenidos de la tradición; con ello, la percepción del proceso social y cultural, que es dinámico, se vuelve "conservador" y estático. Ello lleva a buscar lo "auténtico", lo "original" en procesos que no son exclusivamente secuenciales (con un origen y un desarrollo), sino que se entreveran y cruzan, que es como ocurre frecuentemente en la cultura y la sociedad; pues así como no hay un lugar geográfico ni temporal donde "NACIÓ" el mariachi (que no es ni puede probarse en COCULA, Jalisco y no me hagan repartir sopapos), ni tampoco se podrá encontrar un origen geográfico o temporal para la vihuela, el guitarrón o el son, el gusto, el pasacalle, tampoco podremos saber si un grupo musical o un ejecutante es "más auténtico" que otro.
¿Donde radica la "autenticidad"? No lo es en el vestuario, pues los músicos del occidente se han vestido de acuerdo a las modas y han pasado del calzón de manta y sombrero de soyate, al traje de chinaco, al de charro, y al de vaquero de tejana, camisa a cuadros y pantalón de mezclilla (que se usa desde antes de la Guerra de intervención norteamericana y no es un invento de Levis). Tampoco lo es la dotación instrumental, las "guitarras grandes" desaparecieron y coexistieron con otras "modernas", llegaron las séptimas desde fines del siglo XVIII, se extendieron en el XIX, las sextas aparecieron en los años 30, se probó con flautas, clarinetes, trombones y cornetines antes que la trompeta, el acordeón llegó se fue y regresó con la canción norteña (que, como he dicho, en realidad es abajeña), y ahora con los mediadores electrónicos (micros, consolas de audio, mezcladoras, bocinas) cambia timbres y potencias sonoras, por tanto, amplía el número de escuchas presenciales. No puede ser, por nacionalidad, porque el mariachi, y los géneros musicales del occidente, se tocan por varias generaciones en Colombia, Chile, Venezuela, USA, algunas de más de 3 generaciones, y no sólo en el territorio Mexicano. Si nos ponemos puristas la tradición musical del occidente de México sólo la recrean y transmiten "mexicanos" a "mexicanos" en territorio "mexicano", por tanto lo que sucede en California, Oregon, Nevada y Washington no sería "tradicional" (para quienes usan la dicotomía "Tradicional"/"Moderno"), porque se "trasplanta", se traslada, reapropia y resignifica una tradición que llegó del Suroccidente de Michoacán, Colima y sur de Jalisco para realizarse en fiestas de norteamericanos cuyo origen familiar, muchas veces, ya no es de primera generación. Así que mi amigo Pedro Gómez, que toca en un mariachi en San Diego, que es nieto de don Miguel Ibarra y primo de Serafín Ibarra, !!¿¿¿no es un "músico tradicional" cuando toca gustos, jarabes y sones, algunos compuestos por su abuelo, en las fiestas familiares en Chicago o donde ande su familia?!!
Si queremos buscar lo "tradicional" en los repertorios, entonces cualquiera que ejecute un son es "músico tradicional", no importa si es un estudiante de secundaria, una concertista de orquesta sinfónica o un aficionado chileno al mariachi y profesional del mismo, tercera generación como Lohengrin Paredes.
Un problema del que ya hemos dado cuenta, es que al ENMT (Encuentro Nacional de Mariachis Tradicionales) acuden grupos de folcloristas (formado por estudiantes universitarios, músicos de peñas latinoamericanos, ejecutantes del son jarocho), escolares (cuya base son escuelas secundarias, bachilleratos, y grupos universitarios), mariachis "modernos" (que a mi me gusta llamarlos "populares" porque se basan en los modelos mediáticos, o mariachis de masas, como El Vargas) que se han destrompetizado y usan el traje de "caporal", lo que sea que eso signifique, y no el de "charro" para tocar, y sólo en contadas ocasiones acuden músicos campesinos o urbanos preservadores de una tradición. Todos, como bien señala Yuliana Ibarra, se (o nos) autodenominan "Tradicionales" para justificar su participación, tener "derecho" a las ventajas del ENMT (alimentación, hospedaje, escenarios) que permiten la interacción con sus similares y "conocer" otras formas de tocar, de repertorios, pero también de participar en las fiestas, hacer amigos, novi@s y mantener estas relaciones sociales. Admitir que NO SE ES tradicional, implica automáticamente ser "excluido"; por ello, nadie va a aceptar que no se es tradicional, sino un mariachi escolar, de folcloristas, destrompetizado o formado en los "talleres" que ya abundan (y no es esto una "crítica" que los "invalide" o busque "deslegitimizarlos", sólo es una CARACTERIZACIÓN con fines descriptivos).
Justo para sus "presentaciones" en los escenarios del ENMT, ya sea en templetes, o en los "JAM SESSIONS" transformadas en "FANDANGO MARIACHERO" (lo que sea que quiera significar esto), los grupos eligen un atuendo, una dotación instrumental, repertorios musicales que se usan como marcadores de "identidad" regional, procedencia y pertenencia; por ejemplo: un mariachi escolar usa atuendos "regionales" del ballet folclórico en el escenario, algunos evidentemente inventados otros no tan evidentes (como el caso de Colima, ya sé que algunos se sentirán "ofendidos", pero puedo mostrarles que la mayoría se constituyeron en los años 60 y en "contraposición" con la invención del de Jalisco, que fue un poco anterior, pero no mucho, "esos charros de Jalisco" son una invención moderna); los folcloristas utilizan las guayaberas echeverristas, retomadas por los del movimiento jarocho, y sombreros regionales mexicanos, pero también del Caribe, de nuevo, por influencia del movimiento jarocho.
Esos atuendos de escenario desaparecen, al calor de las cervezas en el "mariachi" (entendido como espacio festivo y por tanto, equivalente/excluyente de "Fandango") que se realiza en los salones del hotel, y a veces en otros lugares (el estacionamiento, el hall o recepción e incluso varias veces en las obras del metro en frente del hotel); ahí también se aminora el son, el jarabe y el gusto, pero aflora la cumbia, la canción ranchera, el bolero, el corrido perrón, las gorras, bermudas y chancletas, las cadenas de oro con metralletas, santas muertes y guadalupes, las minifaldas y los zapatos de tacón, y otros elementos "modernos" que evidencian la calidad de "representación escénica" que ocurre en los, "verbi gratia", escenarios y cierta estandarización en los procesos culturales contemporáneos, donde las industrias culturales rigen con mano de hierro; así que las modas en el vestir, en el cantar y tocar, e incluso en el "beber" (el whisky con agua mineral y bebidas energéticas, por ejemplo) se pueden apreciar en esos espacios de socialización donde se evidencia el dominio e imposición cultural de la industria y el Estado sobre las prácticas "tradicionales". La negociación no necesariamente se aprecia ahí, aunque existe, por ejemplo, al aparecer grupos indígenas en esos espacios que el Estado administra y que son excluidos por los asistentes autocatalogados como "tradicionales". Es cierto que hay folcloristas e investigadores que sacan el mezcal (o el aguardiente con nache), pero no es un beber "predominante" y justo sucede lo mismo que con los repertorios y el atuendo, son marcadores de identidad que identifican a los miembros del grupo y excluyen a otros; a los pretendidamente "auténticos" de los "poseers" o los "emuladores", en un juego de espejos donde los mariachis de folcloristas se sienten "auténticos" emulando a músicos campesinos, y los músicos campesinos se sienten "auténticos" emulando a los "mariachis de masas", y los mariachis populares se sienten auténticos tocando igual, pero sin trompeta, y todos sirviendo de estereotipos vivos para atraer turismo, fortalecer identidades promovidas por el Estado (Viva Jalisco ¡Sí señor! y de Cocula es el mariachi, de Tecalitlán los sones, de Tequila su mezcal.... y ya se la sa).
Lo malo de las etiquetas (Tradicional/Moderno) es que es fácil pegarlas, pero no necesariamente corresponden con los procesos sociales que suceden en el tiempo y que a veces son centenarios, pero a la par, modernos. Voy a poner otro ejemplo, entre los indígenas Jñatjo (mazahua) y Ñätho (otomíes) del Mazahuacan se bailan jarabes, sones, gustos, polkas y chotes (scotish, pues) sobre tablas en las bodas, tocan con violín, banjo (bancho, o bandolón, a decir de los viejos) que hace segundas al violín, con guitarra sexta, vihuela y guitarrón (porque el tololoche es difícil de transportar en las numerosas caminatas que se hacen). Algunas piezas significativas y antiguas como La Comadre y El Fogoncito, que son parte central del ritual al rededor del fogón, donde se enlaza la pareja, se tocan ya a ritmo de cumbia, y don Juan Allende (violinista lamentablemente difunto, casi a los 80 años), ya no recordaba como hacerlo sin el "saltito característico", tún...tun tun tun. Aquí tenemos una música que corresponde, casi, a la dotación actual del mariachi popular, salvo el banjo, que llegó a fines del siglo XIX con las orquestas de jazz y los trabajadores norteamericanos de las minas de la región (El Oro, Tlalpujahua, Angangueo, Trojes), su repertorio es casi exclusivo de jarabes, sones y gustos (algunos antiguos, por ejemplo El Pito Real, que se toca en la antigua Parroquia de Sinahua), pero las piezas importantes se volvieron "cumbia". No visten con manta, huaraches y gabán de lana de borrego, aunque los hacen para el turismo, sino su atuendo es de "vaqueros", pantalón de mezclilla, tejana blanca o negra, camisa a cuadros, chamarra de cuero y botines. Pertenecen a la región nuclear del mariachi (el occidente de México), pero ellos no se llamaría así mismos "mariachi", aunque toquen el repertorio, compartan la dotación, la forma de baile, el uso de la música en procesos musicales que coinciden con el occidente de México. Podrían participar el ENMT, como lo han hecho varias agrupaciones, algunas incluso "ganadoras" (en realidad acreedoras) a la presea Cirilo Marmolejo, ¿Por qué no lo han realizado? Pues a que la "promoción" del ENMT no es "nacional", está centrada en Jalisco y algunas áreas geográficas cercanas, algunas ciudades de E. U. y ya. Imaginemos que van al ENMT y tocan su guitarrón afinado como contrabajo, con dos cuerdas que vibran simpáticamente, pero no tienen función melódica (en realidad de bajo), con su "moderno" banjo que hace segundas al violín, y tocan El Fogoncito, pieza tradicional, a ritmo de cumbia. ¿Eso sería "Tradicional"? De entrada muchos dirían: "¡¡¡Eso no es mariachi!!!" Pero el desarrollo de sus fiestas, sus usos de la tabla, los repertorios compuestos de sones, gustos, jarabes y canciones rancheras son casi idénticos a lo que sucede en El Balsas y el Plan de Apatzingán, y mucho de ello podría escucharse en otros lugares del Occidente. Son un grupo de música tradicional del occidente, pero no mariachi, comparten repertorios musicales, instrumentación, formas de baile y usos sociales, podrían, si lo decidieran, identificarse como "mariachi", pero seguramente nunca les darían la "Cirilo Marmolejo", porque su identidad indígena no corresponde con el estereotipo estigmatizador del traje de manta, y además, tocando "cumbias".
Usar la palabra "tradicional" para tratar de respaldar la "autenticidad" de una práctica cultural es muy común entre los folcloristas, los investigadores y los promotores culturales, lamentablemente. Los gestores culturales, los promotores y los "investigadores" caen en el garlito constantemente (tres preseas Cirilo Marmolejo lo evidencian); pero que sea una estrategia social usada por los folcloristas, los promotores o los investigadores no quiere decir que sea "real", que sea "correcta", o que es "infalibe". El engaño se evidencia tarde o temprano, y por eso les insto a no usar el adjetivo "tradicional" como un término que valida algo: la práctica cultural (el repertorio, el vestuario, la dotación instrumental), la acción cultural (el taller, la formación de públicos o la iniciación artística), la identidad individual o colectiva (la trayectoria del individuo o el grupo, su pertenencia a una colectividad).
Entiendo que esta forma de validación es impuesta en primera instancia por el Estado, a través de la SCJ que organiza el ENMT y especifica que hay que ser "tradicional" y "mariachi" para participar, y entiendo que esto tiene que ver con el objetivo del ENMT que está ligado a la Declaratoria e Inscripción de la práctica ante la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad; sin embargo, me parece que los preservadores de la práctica (ya sean "auténticos" "tradicionales", "folcloristas", "escolares", y "populares") debemos alejarnos de esa dicotomía planteada por un investigador vinculado al Estado (de nuevo, no es una calificación sino una caracterización; pues, yo soy un claro ejemplo de Investigador Orgánico, Althusser dixit) y usada por el propio Estado con un fin que NO es CULTURAL, sino de re-constitución de identidades para el mercado turístico. Ser o no "tradicional" es algo importante solo en el ENMT, en la vida cotidiana los mariaches son campesinos, vaqueros, veterinari@s, filósof@s, profesor@s de primaria hasta posgrado universitario, mariachis populares, profesores de música, músicos versátiles, músicos de atril y de "concierto", padres, madres; tocan repertorios compartidos en el occidente de México, pero también géneros modernos y antiguos, de México y del Mundo; votan a la derecha y a la izquierda; profesan una religión o son ateos "comecuras"; se visten como vaqueros, como oficinistas, como jipis mugrosos, como señoras de clase media, o con bermudas y huaraches, y nada de eso define o "predispone" su relación con la tradición del mariache, con sus músicas, danzas y bailes. No los hace más o menos "tradicionales", pero tampoco mas o menos "auténticos". No los valida como mejores o peores artistas; pero aún así, no es correcto que unos usurpen el lugar de los más desposeídos, y que siendo profesores universitarios, o médicos, digan que son "músicos tradicionales" porque tocan repertorios tradicionales, aunque su abuelo haya sido "músico campesino", pues la tradición no se hereda genéticamente, sino se lega socialmente y se acepta como "destino", si usted toca música tradicional ocasionalmente no es "músico tradicional", porque el destino es social, y no es exclusivo para "divertir borrachos", que también es una función social.
Es necesario recordarles que musicar (hacer artes tradicionales) en fandangos, mariachis, mitotes, murgas, con conjuntos de arpa grande, tamborita, de minuetes, con tambora, banjo y a veces "mariaches", es algo muy basto; que, además, el occidente de México, que es una "región política", no geográfica, tiene en sus 10 estados, al menos unas 25 regiones geoculturales en su seno: El Bajío, El Mazahuacán, La Sierra Gorda, La Meseta Tarasca, Los Balcones, Las Tierras calientes, del Balsas medio, la antigua parroquia de Sinahua y El Plan, la Sierra Madre del Sur, La Costa Náhuatl, Los Motines y la Costa Grande, El Llano Grande, La Sierra del Tigre, La Ciénega de Chapala, Los Altos de Jalisco y Zacatecas, Las Cañadas, Las Sierras de Manantlán y Amula, La Bahía de Banderas, Los Valles de Tepic, El Nayar, El sur de Sinaloa, y ahí quedan volando varias más que pueden ser incluidas si buscamos relaciones en las prácticas musicales. Todas comparten regionalmente dotaciones instrumentales, sistemas alimentarios, géneros musicales, formas bailables y dancísticas, formas poéticas y estróficas, cultos devocionales y fiestas, con variantes que aproximan a unas con otras y que podemos "definir" de manera amplia y laxa como "tierra del mariache", o "área nuclear", como les gusta llamarla a Jesús Jáuregui y a Arturo Chamorro, yo me siento cada vez más tentado a pensar que si bien esto es útil para la gestión y administración de la cultura, los Encuentros y Festivales, sobre todo los de carácter "nacional", no lo es para la investigación y hay que alentar los estudios de carácter local y "subregional", más centrados en los parámetros geográficos de carácter fisiográfico que determinan los nichos ecológicos, las vocaciones productivas, el tipo de poblamiento, de etnicidad y las relaciones interétnicas que se articulan en las prácticas culturales, algunas de las cuales son las artes tradicionales, que pueden o no conformar identidades sociales "regionales".
Así que aceptemos que somos "aficionados" y declarémonos músic@s folcloristas, escolares, populares, que también son prácticas culturales con tradición; pues al final, "por la boca muere el pez", y como "quien mucho habla, mucho yerra", aquí le dejo.

domingo, 6 de agosto de 2023

Árbol genealógico de los Mendoza, de Cutzato.


La familia Mendoza, del rancho de Cutzato, en el municipio de Uruapan, fue un linaje de músicos de arpa grande, que formaron un conjunto. La familia la formaron don Florentino Mendoza Fernández y Feliciana Mendoza Estrada. Trabajadores del campo por paga, “jornaleros”, que circulaban por las cañada del río Marqués y del Parácuaro; desde la zona alta, en los ranchos del la Tenencia de Jucutacato, hasta las haciendas de Tierra Caliente, Los Bancos, en Parácuaro, Lombardía y Nueva Italia, en Múgica.
El 16 de marzo de 1895 falleció de gripe María Mendoza, de tres años. Era hija de don Florentina y Feliciana, el de 24 y ella de 27 años de edad. La niña había nacido en Parácuaro, y fue enterrada en el panteón de Jucutacato, según los testigos Ángel y Delfino Estrada, mayores de edad, casados, y jornaleros.
La pareja tuvo al niño Florentino el 12 de marzo de 1890, en Cútzato, y fue registrado en la ciudad de Uruapan el 28 de octubre de 1900. El niño era nieto por línea paterna de Francisco Mendoza, vivo entonces, y de María Dolores Fernández, finada; por la materna de Benito Mendoza y de Margarita Estrada, ambos finados.
El jóven Florentino, junior, se unió a Teresa Valladares, y tuvieron varios hijos. El 19 de agosto de 1907, Florentino Mendoza presentó a su hijo Rubén.
La pareja se casó el 8 de febrero de 1918, en la casa número 10 de la segunda calle de La Trinidad; el tenía 27 años y ella 18. Fueron testigos Ezequiel Gómez, Isidro Alfaro y Florentino Mendoza, todos mayores de edad, casados el primero y el último, y soltero el segundo, comerciante el primero y jornaleros los demás, de este domicilio, sin parentezco los dos primeros con los contrayentes y padre del pretendiente este último. Firmaron los novios, que sabían leer y escribir.
En 1924 se realizó la “Fiesta de la Canción y la Danza” en Paracho, organizada por Carlos González, pintor, y Francisco Domínguez, músico, y los profesores de la Misión Cultural. Don Florentino senior tocaba el violín y el arpa grande. Su hijo Florentino Mendoza, junior, también lo hacía; pero afortunadamente fue registrada su ejecución del arpa grande solista por el maestro Francisco Domínguez, cuya transcripción para piano quedó en el Album musical de Michoacán (1941).
El 25 de abril de 1928 bautizaron a Roberto, en la iglesia parroquial de Uruapan, perteneciente al obispado de Zamora, apadrinado por Antonio Armas y Luz García.
En 1930 residían en el rancho de Cutzato, del municipio de Uruapan, don Florentino Mendoza, senior, jefe de familia, de 65 años, que sabe leer y escribir, su esposa doña Feliciana Mendoza de Mendoza, 40 años, casados por la Iglesia. En la casa estaban su hija Cleofas Mendoza, 28 años, soltera; Modesta Solis, casada, 60 años; Justina Hernández, soltera de 46 años; Maximiliano Hernández, viudo de 23 años.
Ese año de 1930, su hijo Florentino vivía en la calle de Manuel Ocaranza Ocaranza, número 45, de la ciudad de Uruapan: tenía 40 años, casado por las dos leyes con Teresa Valladares de 28 años, su hija Angus Mendoza, de 12 años, Abigay (sic.) niña de 10 años, Ruben Mendoza, de 8 años, escolares, y los pequeños Francisco Mendoza de 6 años, y Roberto Mendoza de 4 años.