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miércoles, 9 de octubre de 2024

Juan Reynoso Portillo, El Guache


La vida de don Juan Reynoso Portillo, el gran violinista de la Tierra Caliente, ha pasado ya a la leyenda, más que a la historia. Tiene a un excelente biógrafo como Isaías Alanís, quien con una pluma de literato nos aproxima a su espacio y a su tiempo de manera ágil, y que ahora se tiene una segunda edición después de un cuarto de siglo; sin embargo, cuando un historiador se aproxima a personajes legendarios hay un choque entre lo que la gente escribe en diarios, blogs y sitios electrónicos y los datos duros, entre la romantización y, a veces, la dura realidad histórica. Muchas veces las contradicciones son descartadas con rapidez por la gente de la región, sobre todo cuando se cuestiona lo que el personaje afirmó de su propia vida, ¿Quién va a saber más de la vida de alguien que aquel que ha vivido? Argumentar en contra de las personas pone a los trabajadores del tiempo y escritores de memorias en una posición difícil; es su palabra contra la de ella o la de él. Ante el dilema ético, de historiar o no, la respuesta siempre es sí, pero mediante un diálogo respetuoso con las personas que ya no están aquí.

        Aprovecharé una anécdota de don Juan Reynoso Portillo para explorar ligeramente su genealogía. El violinista solía contar que debería apellidarse Betancourt, pero que, a él le gustaba más el apellido de su abuela paterna: Dorotea Reynoso, por tal motivo, tomó este apellido.

            El 29 de febrero de 1892 compareció Blas Betancourt, casado, jornalero, de 40 años, vecino de la comarca de Santo Domingo, y declaró que el día anterior falleció el señor Basilio Betancourt de “gómito de sangre”. El finado tenía 30 años de edad, era jornalero, casado y del mismo lugar; dejó viuda a Dorotea Reynoso de 30 años de edad. Se trata de los abuelos paternos de don Juan y hasta aquí no parece haber contradicción con la narrativa usual; tal vez sólo preguntarse si, siendo tan joven, don Basilio murió de cáncer en el estómago, gastritis o úlcera péptica, o derivado de una insuficiencia hepática o cirrosis; pero como no fue atendido por un médico es difícil saberlo.

        Doña Dorotea Reynoso murió el 6 de octubre de 1906, en la comarca de Santo Domingo, a los 45 años de edad, viuda, originaria del mismo lugar; la causa fue la “Cifiles”, según la sabiduría popular, enfermedad de transmisión sexual que, hasta 1928, cuando se descubrió la penicilina, era mortal y estaba muy extendida en la población del país. El cambio de la grafía se debe a que los secretarios de las oficinas del Registro Civil no siempre tenían las competencias necesarias.

        No hay un registro de matrimonio de los padres de don Juan Reynoso. En Coyuca de Catalán, el 25 de noviembre de 1908, compareció Felipe Betancourt, mayor de edad, soltero, jornalero, originario y vecino de Santo Domingo; quien presentó a una niña que nació el 20 del mismo mes, a quien puso por nombre y apellido “Reymunda” Portillo, hija natural de Luisa Portillo, mayor de edad, soltera, originaria de Arroyo Grande y vecina de Santo Domingo. Aparece como “hija natural” porque no hay matrimonio civil, pero tampoco eclesiástico.

El día 24 de junio de 1912 nació en Santo Domingo, J. Juan, “hijo natural” de Luisa Portillo, quien fue bautizado hasta el 16 de enero de 1913, en la iglesia parroquial de Santa Lucía, en Coyuca de Catalán. El pago de los derechos, para gente que vive en la pobreza, en comunidades rurales, siempre ha sido un problema y por ese motivo los registros ante el Estado y la Iglesia, siempre se retrasan. Por las fechas, don Juan no pudo convivir con su abuela paterna, pues murió 6 años antes de que él naciera.

La presentación ante las autoridades municipales se hizo en el pueblo de Zirándaro el 31 de diciembre de 1914, al año y medio de ocurrido el nacimiento. Ahí compareció el ciudadano “Felipe Reynoso” y presentó para su registro:

... a un niño vivo que nació en El Ancón de Santo Domingo, a las cinco de la mañana del día 24 de junio de 1914, a quien pusieron por nombre Juan Reynoso Portillo, hijo legítimo del compareciente y de María Luisa Portillo. Fueron sus abuelos paternos: Basilio Reynoso y Dorotea Betancourt y maternos Pedro Portillo y Andrea Mondragón.

No hay duda de que se trata de los padres y abuelos de don Juan, pero los apellidos están cambiados. La pregunta tiene una respuesta enredada, pues, desde la creación del Registro Civil, en 1859, y motivado por la disputa con la Iglesia católica, el Estado mexicano sólo reconocía como hijos “legítimos” a los que procedían de matrimonios civiles, en tanto que la Iglesia procedía de la misma manera, sólo aparecen como hijos “legítimos” los que eran habidos en parejas con matrimonio eclesiástico; así que para uno, los hijos “naturales” eran los que no procedían de matrimonio registrado ante el juez y para la otra, los hijos “ilegítimos” eran los que no procedía de parejas casadas por un sacerdote. Era usual que, para “distinguirlos”, los hijos que caían en estas categorías tuvieran los apellidos invertidos, usando primero el apellido de la madre y luego el del padre. Esta es la razón por la cual don Felipe aparece a veces como Betancourt y a veces como Portillo.

El inicio de El Guache Juan en la música la podemos conocer de propia voz. A principios de los años 80, el profesor Marco Antonio Bernal Avellaneda, excelente bailador, se hizo compadre de don Juan Reynoso; a partir de ahí, además de fotos, grabaciones en casete de audio con entrevistas y de videos de fiestas. El profesor Bernal documentó una buena parte de la música y los músicos de la Tierra Caliente. Ése archivo quedó en posesión de su familia, pero hace más de una década nos compartió un casete, y de ahí transcribo:

             MAB: ¿Qué recuerdos guardas de tu infancia?

 JRP: ¡Ay! compadre, qué te puedo contar... mis principios fueron de un... yo soy de una cuna pobre; de cuando vivían mis padres, yo soy un hombre pobre y hasta la vez. Y creo no dejaré nunca de ser pobre...mi niñez fue una cosa pobre, me acuerdo cuando lazaba a los becerros, jineteaba a los becerros, y andaba por ahí jugando canicas, y empecé yo pobre, pobre quiero decir porque que ni mi violincito compré siquiera. Un violín, que por cierto, se robó un muchacho que le decíamos por mal nombre El Machete. Se llamaba Fernando. Ese muchacho estaba ahí en la casa con nosotros. Ese le pidió a mi padre unos dos pesos para ir a la Semana Santa a Pungarabato [Ciudad Altamirano], que antes era Pungarabato. Y se los dio mi padre y con eso fue allá a la Semana Santa y ya allá vino a dar acá con ése violincito. Y hasta nos peleábamos por el mentado violincito. Total, también el se enseñó, también según él y según yo, se enseñó a tocarlo, pero no le gustó, no... para quedarse con ése destino, y yo si me ha gustado, hasta la vez y sólo muerto dejará de gustarme.

Don Juan inició tocando niño: 

Pues yo con ése violincito que me llevó El Machete, tendría yo unos 8 años, a lo más. Si solo me las pescaba [las piezas] nomás oyendo tocar ahí a los que les tocaban a los niños que se morían. Si parvulitos que se les decía, algunas gentes así lo entendemos.

De manera pícara recuerda que el primer son que sacó fue El Tejoncito, un son con doble sentido:

 

Tejoncito, tejoncito

¿dime quién te bautizó?

¿Quién te puso tejón de habas?

Para que te cante yo.

 

Salta pa’ abajo,

salta pa’ arriba.

Ya te jodiste

Tejón carajo.

 

            El inicio formal empezó casi de inmediato, su padre, don Felipe, quien además de barquero tocaba la guitarra tuá, panzona, o vieja, lo apoyó, llevándolo a aprender a tocar con sus primeros maestros.

 

Ya que estaba yo empezando a tener uso de razón, estaba yo poniéndome muchacho, ya empecé a aprender otras piezas que les escuchaba yo por ahí  les escuché a don Panchito Rosas, a don Tino Mendoza. por ahí a esa gente. Don Tino Mendoza fue un señor que vivía en El Ancón de Santo Domingo, era mi vecino, tocaba el violín y pues se apretaba, tal vez yo lo enfadaba, un chamaco es latoso. Mi padre me llevaba y a veces sin que él me dijera pues yo iba a enfadarlo allá.

“Panchito” Rosas fue ya Pungarabado, en Altamirano, entonces se llamaba Pungarabato. Entonces yo ya estaba muchacho, pero era el muy del gusto para tomar, muy borracho y a veces tenía tiempo de darme instrucciones de la música y a veces no tenía campo, las mas veces no tenía o se iba a tocar con sus compañeros y me quedaba solo, y me iba ahí por ahí con un señor que se llamaba Catarino Real y empecé a tocar con ése de ahí de La Costita, por el barrio de La Costita ahí en Pungarabato.

 

Don Catarino Real fue violinista, invidente, nativo de Tlapehuala, o de Totolapan, y vecino de Pungarabato, pero murió en Huetamo. Se acompañaba de don Romualdo Alonso, manco, y así aparece en el Censo Nacional de 1930. Como sucede en otros casos de músicos don Catarino Real nunca se casó formalmente; pero tuvo varios hijos con distintas mujeres. Al segundo lo llevó a registrar el 14 de febrero de 1922 (por los años en que aprendía con él don Juan Reynoso). Entonces aparece como de 25 años, soltero, filarmónico, “de raza indígena”, mexicano, originario y vecino de Pungarabato. Lo llamó Amadeo, y como era usual no aparece el nombre de la madre.

            El maestro que dejaría una honda huella en Juan Reynoso Portillo, y al que acompañaría más de una década, fue don Isaías Salmerón.

Solamente conocí [de compositores] a don Isaías, porque yo me la vivía ahí en su casa de él, ya no en Tlapehuala, porque él se vino de Tlapehuala, a vivir a Coyuca, y ahí estuve yo con él aprendiendo música.

Empezó muy joven en el sistema de aprendizaje tradicional, que pasa de aprendiz, a músico y termina como maestro. Al maestro además de respeto, no se le exigía paga al acompañarlo en sus compromisos, se le ayudaba en su trabajo, ya en el campo (a barbechar, sembrar, escardar, pizcar, a cuidar las vacas), a reparar la casa, todo ello con el afán de pagarle sus enseñanzas.

Cuando yo empecé a andar juntamente con él [Isaías Salmerón], he de haber tenido como unos 12 años [1924], andaba unos seis meses, unos dos, tres meses, y como no me compraba ropa y no me ganaba un cinco con él, y no ganaba nada con él, y necesitaba yo ... así que yo tenía necesidad de trabajar aparte para poder comprarme un sombreo, unos guaraches, ropita verdad y no tenía, y este ... como no ganaba nada con él, necesitaba andar temporaditas, temporaditas, tenía que trabajar y separarme de él.

En el Censo Nacional de México, de 1930, aparece la familia [Betancourt] Reynoso Portillo, viviendo en Ámuco de La Reforma. En la casa vivía Felipe “Reinoso” [sic.] de 60 años, casado con Luisa Portillo de 50, y su hijo Juan “Reinoso”, de 20 años, “filarmónico”. El término filarmónico se usaba para los ejecutantes de música que sabían leer y escribir música, en tanto el de “músico” para los líricos; sin embargo, tal vez por la habilidad con el violín, Erasmo Santa María, el empadronador, lo anotó como tal. Si uno revisa el censo se sorprende la cantidad de músicos que aparecen con el oficio, a diferencia de otras regiones de la Tierra Caliente, donde había músicos, pero aparecían usualmente como “campesinos”, “jornaleros” o “artesanos”.

    Podríamos seguir, pero entonces tendríamos “otro relato biográfico” como el de Isaías Alanís. Ya habrá tiempo y espacio.

Don Juan no murió el 17 de enero del 2007. Se volvió raíz, se hundió hondo en esa tierra entre cerros y ríos, que los antiguos michoacanos llamaban metafóricamente: La casa de plumas de papagayo...


miércoles, 29 de septiembre de 2021

Los Monterrubio


Al igual que los Tavira, los Albarrán y Salanueva, los Monterrubio cambiaron su apellido, que los identificaba como indígenas, por uno distinto. En algunos lugares este proceso de “integración”, como en la Mixteca, ocurrió a fines del siglo XIX, cuando la desamortización y el reparto de propiedad comunal disgregó a los pueblos, por un lado, mientras la castellanización promovida por las instituciones del Estado, hacían su trabajo para que los propios sujetos buscaran “cambiar”, aceptar el modelo de lo “nacional” e incomodarse con sus prácticas e identidades sociales.

El origen familiar está con el abuelo Antonio Esteban Juan y Petra Cruz, quien tuvo a Roque y José Monterrubio, ambos músicos. Los Monterrubio, como los Salgado, los Salmerón, Arturo Villela, el propio Juan Reynoso, probaron suerte a la mitad del siglo XX en la ciudad de México, tocando para los paisanos que emigraban en busca de mejores oportunidades, los caciques que iban al centro económico y para los políticos regionales que buscaban ascender al gobierno federal. Ya sabemos que el mariachi tomaría primacía por factores diversos, en parte por haber iniciado estos procesos con anterioridad y porque la élite política, empresarial y cultural procedía del Occidente de México; sin embargo, hubo márgenes para que algunos individuos y grupos pudieran insertarse en el mundo del entretenimiento con mayor o menor éxito. Algunos llegaron a grabar algunos discos, presentarse en centros nocturnos, teatros de revista y estaciones radiales; pero la mayoría vivió modestamente anclados en restaurantes, bares y cantinas donde solían concurrir los paisanos. Es por ello que varios decidieron, o no les quedó de otra, regresar a la región, o nunca se animaron a irse a la aventura.
Los Monterrubio pudieron transitar por ambos caminos, Roque permaneció en el pueblo, en tanto José y su hijo Pedro Monterrubio formaron Alma Guerrerense, pudieron grabar algunos discos como dueto de guitarras, en un estilo que caracterizaría a la región, sobre todo a la zona serrana, con un requinto y una guitarra de acompañamiento, con el canto en dos voces; pero también, integrar el cuarteto Los Alegres del sur, integrando a violinistas de la región como: Bardomiano Flores, Filiberto Salmerón, Guadalupe Tavira, Alfonso Salgado y Natividad Leandro.
Don José Monterrubio nacido en 1892, se casó a los 20 años, con María Petra Abimael Palacios de 18años, nacida en 1894. Tuvieron varios hijos dedicados a la música: como Lorenzo, Roque y Pedro.
En 1930 vivían en la casa número 1 de la calle Independencia, Roque Monterrubio, entonces dice al empleado del Censo Nacional: tener 26 años, ser filarmónico, en unión libre con Emilia Fabián, de 25 años; con ellos estaba Juana Fabián, 50 años, viuda y abuela de la familia; con los niños Paula 12, Federico 7, Jequelia 6 años. Cuatro años mas tarde al nacer Bartolo, el Juez del Registro Civil, David Capuzano le toma las generales a don Roque Monterrubio dice tener 33 años de edad, soltero, católico, mexicano, filarmónico, y lo califica “de raza pura de indio”, su conyugue, Emilia Fabian, vuelve a decir que tiene 25 años de edad, soltera, y también es clasificada como “de raza pura de indio”. Por la firma sabemos que don Roque escribía muy bien, lo que implica paso por la escuela y uso con cierta constancia de la pluma.
El día 27 de enero del año de 1943, en San Miguel Totolapan, Federico Monterrubio, soltero, filarmónico, de 24 años de edad, hijo legítimo de Roque Monterrubio y Eusebia Fabián, decide unirse con Maximina Catalán, célibe de 19 años de edad, “con la profesión de su sexo”; en ése momento la pareja vivía en el pueblo del Cubo.
Entre los testigos está un joven que también sirvió de referencia para el matrimonio de Isidro Salanueva, se trata de Bricio Cruz, de 27 años, hijo de Severiano Cruz, viudo, filarmónico de 66 años; pero ésa es otra historia.
Regresemos a 1930, año del Censo Nacional, en la calle del Progreso, en la casa número 20, vivía José Monterrubio, de 35 años, “músico”, lo que nos indica que no sabía leer nota, casado con Abimael Palacios, de 30 años, con sus hijas e hijos: Santos, una jovencita de 14 años, Uberta de 12, Lorenzo de 8 años, todos “escolares”, Vicente de 4 y Pedro de un año, el futuro compañero de su padre.
Don Pedro, como suele suceder con los benjamines, tuvo gracia, era sociable, y tenía una habilidad con la guitarra y buena voz. Tocaba en un conjunto regional con su padre, don José, pero al iniciar los años 60, deciden migrar a la ciudad de México, llevando la música de la región a los paisanos que en éxodo masivo se afincaban en la capital; así que de los velorios, cortejos fúnebres, ramilletes, tamaleadas, atoleadas, shinuleadas, serenatas, mañanitas, nochecitas en el pueblo, pasó a los eventos culturales y políticos, o de los políticos en la región. El 25 de enero del año 2002 falleció en la ciudad de México.
Les dejo una versión de Zirándaro, que se convirtió en un objeto sentimental para los emigrados en la ciudad:

Un repertorio diverso y compartido

Aunque se reconoce la influencia de las músicas populares mediáticas en el repertorio de la Tierra Caliente, todavía no hemos determinado de manera concreta aquél que fue incorporado mediante el disco y la radio nacional. Hay una tendencia nada sana a atribuir la autoría de piezas a músicos tradicionales “emblemáticos” (cuando menos para algunos grupos sociales locales), como Isaías Salmerón o Juan Bartolo Tavira, costumbre que ahora se realiza con Juan Reynoso. Aunque pudieron componer algunas piezas, no es probable que lo hicieran con la mayoría del repertorio. La libreta de coplas de don Alberto Albarrán nos puede ayudar a entender esos procesos de apropiación de piezas distintas a la tradición; ahí podemos encontrar un “gusto menor”, es decir en tono menor, atribuido mediante la preposición “de” a un tal “Navarro”.
Gusto menor de Navarro
(Gusto menor)
Corrido:
Si supieras lo mucho que he sufrido,
si tu vieras lo mucho que he llorado;
nunca más volverías de nuevo al nido
que una vez ya dejaste abandonado.
Corrido:
Besos que dieron un tiempo placer y dicha,
besos que consiguieron dejar resabios,
fue un veneno para mis dichas
que por besarlos mordí mis labios.
He sentido tu ausencia intensamente;
pues jamás te creí tan ruin y falsa;
solitario he sufrido amargamente
evocando los besos que tu me dabas.
**El mismo corrido .
¿No te acuerdas jamás de aquella tarde,
ni recuerdas que un día te he querido?
Me da pena mirarte ¿Di por qué lloras?
Vete ya por piedad ¿por qué has venido?
Fin
Una lectura podría ser que hay un músico de apellido Navarro, contemporáneo de don Alberto, o antecesor, que sería el “compositor”, o autor de la pieza; pero con los recursos electrónicos, en los sitios de Internet especializados en líricas de canciones, pudimos comprobar que el “gusto” es en realidad una “canción yucateca” registrada por Luis Martínez Serrano, quien no era yucateco, sino catalán, quien pasó su infancia y juventud en Argentina, donde fue pianista y arreglista; llegó a México en varias ocasiones desde 1921, pero se asentó definitivamente en 1943 para asumir la presidencia de PHAM (Promotora Hispano Americana de Música), desde donde desarrolló una labor de compra de composiciones musicales para su reproducción impresa,fonográfica y cinematográfica; es cierto que desde ahí se atribuyó la autoría de piezas tradicionales o sus “arreglos” como: La Bamba, La Llorona, La Barca de Oro, Rosita Alvírez, El Hijo Desobediente y La Adelita, por poner algunos ejemplos de estas prácticas poco éticas que han sido el pan de cada día cuando la música tradicional se encuentra con las industrias culturales de la edición impresa de partituras, el disco, la radiofonía o el cine. A sí que no podemos “asegurar” que éste personaje fuera el autor, si acaso el “arreglista”.
La canción algunos la titulan ¿A qué has venido?, aparece grabada para el sello Brunswick 40237-B, con “Juan Pulido and The Castilians” (Juan Pulido y los Castellanos), en un disco de 78 rpm. El género es “canción yucateca” y el autor registrado es Luis Martínez Serrano; fue grabada en 1927. Martínez se afincó en 1921 en la ciudad de México, momento en que se está cultivando ampliamente la composición en la península y por sus trovadores en la ciudad de México, Guty Cárdenas estudia en la capital, en ésos años Palmerín compone por encargo “Peregrina”.
La primera grabación fue realizada por el barítono español Juan Pulido Rodríguez, nacido en Canarias, pero hizo su carrera profesional y murió en México. Hay una versión en dueto con el famoso tenor Dr. Alfonso Ortiz Tirado y su hermana Sarah Ortiz Tirado, una cantante mezzo soprano y pianista; ambos debutaron en 1930 y la grabación es para el sello Brunswick 40375-B.
El primer intérprete, Juan Pulido, tenía éxito a través de sus grabaciones de tangos para la marca Columbia, realizadas hacia 1926, anunciados en El Informador, periódico diario de Guadalajara. El barítono se vinculó con la casa alemana Bayer, y su producto cafiaspirina, para dar vida a “Don Pancho”, un personaje usado para la mercadotecnia equivalente al famoso “Don Chema” de Sal de Uvas Picot; se trataba de un personaje campirano que sufre un dolor de cabeza y que, gracias a Cafiaspirina, logra aliviarlo. La publicidad no paró ahí, Juan Pulido grabó un disco con un fox, llamado “Don Pancho”, que se comenzó a regalar en 1927, también un poema repartido en volantes, y en 1930 protagonizó “Las Aventuras de don Pancho”, una película que se iba exhibiendo de manera libre en las plazas, mercados y calles de México; y en algunos casos se presentaba acompañado con la Marimba Centroamericana, en el “Cine Parlante Bayer”, que también era itinerante. Así que Juan Pulido, además de sus dotes como intérprete de tangos, era una figura popular en México, en los años 30 del siglo XX.
En la versión de La libreta de coplas de don Alberto Albarrán, faltan dos coplas, que si aparecen en las versiones grabadas como canción yucateca y por otros músicos de la Tierra Caliente del Balsas:
He llorado en silencio cual llora un niño
el día que tú dejaste mi hogar querido
Todo se ha muerto junto con mi cariño,
Mi dulce ensueño de oro desvanecido
Vuelves arrepentida de nuevo al nido,
Pero tanto he luchado por olvidarte
Que tras mucho pedirlo logré el olvido,
De mi mente por siempre pude alejarte.
En otro espacio ya he escrito sobre el Curripipí, son tradicional del Sotavento, pero con orígenes comunes con las penínsulas, de Yucatán y España, donde coexistió o tuvo un origen común con el Churrimpamplí, otra pieza musical bailable. Al Curripipí, nombre que también se da a un pájaro, lo encontramos como pieza bailable en Salta, Argentina, en 1805, y grabado en la década de los años 30 por Guty Cárdenas, de donde pudo tomar la música Juan Reynoso para re-elaborar, o sintetizar “El toro sin caporal”.
No sería raro que “Navarro” hubiese sido el primer músico de la región que escuchó la canción, ya sea en un disco tocado en vitrola, en una carpa de la empresa Bayer, ejecutada por Juan Pulido, o por una orquesta de las villas de Los Balcones de Tierra Caliente, y que se la haya apropiado, pasado a la forma “gusto”, ejecutando y enseñando la a los músicos de la región. En todo caso, aunque ahora para nosotros es fácil hacer una genealogía del origen de la piezas de música de la región, para los músicos de los valles del Balsas medio, sin comunicación eficiente fuera de la región, este conocimiento era de difícil acceso; pero, además, venían de una cultura donde la “propiedad intelectual”, la “autoría” de una pieza musical no necesariamente era conocida, y no era necesario “saberlo” para poder tocarla. Navarro trajo una canción yucateca a la región, la transformó en “gusto” y a él se le atribuye.
Un ejemplo con Juan Pulido: