Mostrando las entradas con la etiqueta jóvenes. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta jóvenes. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de febrero de 2024

Llegó octubre, la temporada del ENMT y del Coloquio sobre el Mariachi, en Guadalajara-Zapopan.

 Todavía no llego, pero noto algunas transformaciones que causan expectativas, y por eso quiero compartirlas; pues como saben, me gusta hacer crónica y con ello evaluar los cambios que, en unos años se verán como marcas de identidad de la generación en la que me ha tocado vivir y construir conocimiento, experiencias y formar a otros.

Este Coloquio ya no tiene casi "vacas sagradas", los chavorrucos estamos a punto de tomar el control de la temática; pero a diferencia de mis profesores, que no alentaron a las generaciones que formaban a participar, detrás. y con nosotros, ya viene una nueva generación, no de licenciados, que es lo sorprendente, sino de jóvenes salid@s de talleres y de familias de músicos de tradición, que apenas están en bachillerato o inician su etapa universitaria.
La burocracia cultural ha cambiado de rostros, pero creo que su preocupación por darle vida artificial al mariachi de masas, mal llamado "moderno", quita recursos y esfuerzos a una empresa con cáncer terminal, y próxima a recibir su certificado de defunción. Espero que sea una muerte rápida y sin dolor, y "a otra cosa mariposa". No obstante, hay que reconocer que han abierto los oídos y han negociado con sus jefes para realizar tranformaciones paulatinas, pero consistentes: ya no hay "JAM Sesions", sino "Fandangos", espero que pronto le llamemos "mariachi", en una de sus más exáctas acepciones; ya hay tarimas para bailar, aunque sean de pino y contrachapado; se han otorgado medallas a agrupaciones jóvenes, algunas lamentablemente extintas o dedicadas al mariachi de masas; se han otorgado reconocimientos a artistas campesinos de diversas regiones, sin pensar en los límites políticos; se ha sacado el "Encuentro" del centro de Guadalajara a los antiguos pueblos (Tonalá, Tlaquepaque) y luego a otras poblaciones de las regiones de Jalisco. La revitalización al CEDIM que todavía no se consolida, pero ahí va navegando.
Claro hay cosas que no comparto, como la creación del Instituto Nacional del Mariachi, o que se le de mucho juego al moribundo mariachi de masas y sus representantes "gringos", que se caigan siempre en los estereotipos "de el mariachi de cantina", y las figuras cantoras y cantatrices del cine, radio y televisión. O que a cada rato se diga que los mariachis modernos necesitan y están amparados por la Declaratoria UNESCOy el Plan Nacional de Salvaguardia, pero no se piensa en el mariachi popular de esquina y trajes ajados y desteñidos, sino siempre sacan a los mariachis mediáticos que residen en EU.
La diversidad de propuestas escénicas de mariachis folcloristas, de profesores y promotores se nutre, con bailes y propuestas musicales; pero todavía sigue privando el "tocar como en el disco", pocos se arriesgan a los desarreglos musicales, aunque le entran con fervor a la coreografía y a los vestuarios de "añoranza inventada". Cada vez menos hay mariachis rurales o urbanos de extracción popular, cada vez hay más jóvenes y hasta niñ@s que tocan con pasión, pero sin una dirección adecuada de sus mediadores, escapados del ballet folclórico o de los mariachis populares y de folcloristas.
En el coloquio por fin, después de más de una década, se ha abierto una mesa para repensar las afirmaciones de los pioneros, pues es necesaria una revisión de los modelos teóricos, de las metodologías y de las narrativas construidas; por lo que este libro, espero, será importante para quienes se aproximarán al estudio social de las artes performativas de tradición oral, no sólo del occidente de México, sino de otros lugares del país y del mundo.
Nos vemos en Guadalajara, ojalá podamos discutir con pasión y beber con moderación

Crónica de un fandango anunciado....

En el 2001 fuimos por primera vez al Sotavento, pasamos por los poblano-terracalenteños y con David llegamos a Tlacotalpan, a la fiesta de la Candelaria. No pudimos ni siquiera ver lo que sucedía en el "Encuentro", en la plaza Santa Marta y nos fuimos con los "disidentes" a San Miguel, donde los "jóvenes" Cojolites? y los jarochilangos organizaron su propio "encuentro". A David lo bajaron cada vez que intentó bailar y, aunque sacamos nuestros chacapes, nos mandaron a dormir temprano. Crudos y con unas botellas de jugo de piña regresamos, entre satisfechos, enojados, asombrados y desilusionados....El "Encuentro" era efectivamente sólo para los del Sotavento.

Los años pasaron, regresamos con otras condiciones a la región, conocimos a valiosas personas a las que emulamos en nuestro afán de fortalecer las artes tradicionales en nuestros espacios regionales. Luego el encuentro se dio en nuestros territorios, les dimos su espacio, los invitamos y toleramos, y algunas veces, hay que decirlos, los corrimos. No porque no "nos guste el son jarocho", creo que me falta una tercera y un arpa jarocha para tener completa la colección; se trata de generar espacios para las músicas nuestras, que no siempre tienen, y donde llegan los "jaraneros" a tocar los tres sones que saben, a vertir los versos memorizados de libros y manuales, pensando que con éso "rescatan" la música mexicana (o jarocha), desde una fiesta en Morelia!!!???. Nos cansamos de exponer motivos, de decirles, está bien, toca la música que te gusta en tu casa, pero no en los espacios urbanos que queremos construir para el fandango terracalenteño... el resultado fue la "incomprensión" y la estigmatización de "intolerancia".
Cada vez que vemos a nuestros amigos que inician, queriendo tocar huasteco en el violín o jarocho en el arpa hay que parar para decirles: ¿Sabes cuántos "jarochos" o "huastecos" tocan música de tu región? ¿Cuántos saben cómo ensamblar un jarabe? Nunca los dejamos convencidos, siempre creen que no me gusta la música huasteca, a mi que tengo dos jaranas, una quinta, un trío de rabel, arpa y cartonal y hasta un trío de "juguete" de Mapethe en Cardonal Hidalgo. No es éso, se trata de que conozcan la riqueza de lo suyo y luego, si quieren hacer la 15 Huasteca en Tacámbaro, adelante.
En donde predomina el mariachi les mostramos el estilo de Zicuirán, para que vean que no todo es "El Gavilancillo" o "Mujeres divinas". En Zicuirán les hablamos del jarabe, que llegó hasta sus fronteras y se bailaba en sus fiestas.
Aunque en los Campamentos de Verano empezamos por El Pollo, y el "méxico, méxico, doce doce doce", tratamos de mostrarles otros mánicos, otras afinaciones, en cuanto conocen lo básico.
La DIVERSIDAD de nuestras músicas es basta y me consta que en otros espacios se lucha contra las estadarizaciones y los modos nuevos, cada quien en su trinchera.
Aunque ya estuvimos en "San Román", en la casa de Gloria, intercambiando música, a mí no me había tocado el "fandango" en la plaza. Este año coincidió con la presencia de Los Plateados y del Mariachi Los Pitayeros. Así que en el "floreo de la tarima", espacio para los versadores, un momento de consagración del espacio del fandango como sagrado y dar pie al inicio del ritual; se colocó en la punta Saya y con habilidad salmodió la valona para Chanita. Es probable que los asistentes no entendieran lo trascendental del momento, una discípula joven maestra: alentada en la improvisación por Ana Zarina Palafox Méndez, en el ejemplo de humildad deslumbrante por doña Crescenciana Borja, multinstrumentista de El Chocolate, municipio de Turicato.
Urgidos por su servidor, que ya veía que se "acomodaban" las huestes del Golfo (los huastecos se tomaron 20 minutos de mi vida trovando agradecimientos), con ésa velocidad que caracteriza al occidente nos aventamos un jarabe con contra jarabe de gusto apanzinganeño. Yo volteaba a ver a los Guadalajareños (que tapatíos somos los del Bajìo) para que estuvieran atentos, Gerardo Guardado me veìa con cara de no sé que pasa y David con Andres León Negrete se ponían de acuerdo....Gritos para que bailara Ray con Pamela Sandoval, abajo y arriba, que no es igual, en la tabla junto a la tarima..... Fuimos rápidos, como bofetadas y dimos paso a un Toro rabón tixtleco con sus coplas en nàhuatl, que duró 20 minutos (o así me parecieron), pero que permitieron afinarse en nuestro tono a los comandados por Fernando Guadarrama, o cuando menos cerca y tomar ahora si las riendas de la rueda del fandango....Como ya los conozco, me dije: - Aquí cerramos otro ciclo, tocamos nuestros géneros menos conocidos, pero emparentados; cuando los huastecos tocaban su gusto, la línea melódica era la del Gusto Corriente nuestro, sólo que David no quiso tocarlo porque "no se sabía versos viejos".... Era el momento de reactivar la tradición, pero pudo más la preservación que la innovación.
Le encargué el arpa a Gilberto Enciso y a Ray LJ, como dice Rafael Figueroa: -Ahí les encargo la tradición, cuídenmela... y me fuí platicar con los "viejitos" que tampoco van a "mandar" en el fandango, sobre el asunto de las drogas, sobre todo las metanfetaminas, que es algo que corroe a nuestro país. Luego a tomar café. Vi como iban y venían al baño. Ya no recuerdo de qué platicamos, como a la una de la mañana nos hicimos con David la chanequeseñal y nos despedimos, regresé por mi arpa y me enteré de varias situaciones, del regaño de don Félix Baxin por la rapidez del son y el encadenamiento del verso; la descomposición del orden porque todos quieren tocar y muy pocos escuchar, lo que llevó al Mariachi Los Pitayeros a ser espectadores y sólo al final mostrar algo de su tradición. Algunos huastecos tomaron muy rápido y perdieron la "compostura", nosotros nos perdimos dándole un raid a Josué Pizar Trejo a la central, en el trayecto me emborraché tomando mezcal de Tixtla curado con nanche y me puse hablador....
Disfruté la velada, platiqué sobre mis identidades étnicas y artísticas que se corresponden en mucho, vi tradiciones vivas y fuertes, pero a nosotros nos falta la palabra "bonita", parafraseando a uno de los niños de Los Laguneros de Tixtla. La palabra fue acotada y debilitada por la grabación fonográfica para su comercialización y por el papel que estas tuvieron en la conformación de los "bailables" escolares que conformaron nuestras identidades nacionales. En muchas ocasiones la música del occidente se toca sin alterar ni el orden de los versos; pero cada vez las evidencias etnográficas nos muestran que no es así. Hay que recuperar no sólo la composición escrita y enunciada, sobre todo en la valona, mas en el repentismo en las coplas de los sones y gustos.
Los acontecimientos recientes que hicieron cancelar las celebraciones del grito en Tepalcatepec y Buena Vista, no pararán nuestras estrategias para hacer el primer Coloquio Nacional sobre La Valona en la región; sólo es cuestión de esperar. En cambio, es el momento de fortalecer la palabra entre quienes tocamos estas músicas, no "componiendo", sino "actualizando" el contenido temático y verbal. Ojalá cada vez menos escuche la copla sabida en los espacios donde suenan nuestras artes performativas.
Me gustó ver los avances, los Sotaventinos tienen ya una licenciatura en "laudería tradicional", pero nosotros tenemos los libros, la investigación y el método. Incluso potenciales profesores para intercambiar.
Me encantó la presencia de las lenguas indígenas en estas músicas y me encantaría que se abrieran espacios para que dialogaran entre ellos y con nosotros. Por lo pronto, alentar al uso en los espacios rituales del jñatjo donde suena la música y en las fiestas familiares con canciones en el idioma.
Me parece que necesitamos apoyar con lo que sabemos hacer "mejor", como la recuperación de repertorios mediante la etnografía y la historia locales, a los espacios regionales que todavía no desarrollan la "especialización" en esto; pues entre mas nos alejemos de las estereotipaciones construidas por el Estado a través de la escuela y sus agentes, los maestros, estaremos más ciertos los contenidos, pero también de los procesos de cambio.
Lo anterior me remite a cuestiones que pueden ser cuestionables para algunos, pero que yo tengo algo reflexionadas: el dejar de usar "indumentarias" creadas por los profesores de danza para los bailables escolares; vestirse más "normal" o de acuerdo a la región, usualmente se mantiene la identidad en alguna prenda o accesorio, como el sombrero, la cuera, el güicho, el paliacate. Dejar de lado los micrófonos que ahora aparecen continuamente, lo cual evita que se escuche la música como "es" y los "errores" se potencien, además le da a la audiencia el pretexto para platicar en voz alta y desatender lo que pasa a su alrededor
Hay que reflexionar mas sobre ¿cuánto ayuda el escenario a la tradición? ¿Qué restricciones y qué concesiones darle o permitirle? ¿En que momento un niño, o joven iniciado en los talleres, debe o no subirse a un escenario? Aclaro que conozco de primera mano como el Estado utiliza al escenario como una evidencia de política pública cultural; entre más asistencia de personas a una presentación pública, pareciera que las acciones de política cultural son más "efectivas" y por ello sus recursos son destinados en donde consideran la "inversión" es más productiva. A veces las concesiones son tantas que terminan desviando la atención de lo importante.
El tema de las drogas no puede quedar fuera, pues el alcohol es habitual en el fandango; David Durán a propuesto el "baile de tabla" como su alternativa abstemia. El debate no sólo implica la cuestión moral, de los derechos del individuo y su cuerpo, sino del tipo de sustancias de que se trata (algunas altamente adictivas) y del papel que tienen los miembros de los grupos delictivos en la vida social y festiva de las localidades. El control de la región se quiere total por parte de éste tipo de organizaciones y ello implica las acciones de política cultural emprendidas tanto por el Estado como por las ONG's: no pueden coptar conciencias entre personas actuantes y reflexivas.
La última tiene que ver con ¿Cómo alentamos la participación de jóvenes en la investigación? Desde la simple recopilación de repertorios hasta la sistematización y la comparación con otras tradiciones nacionales y extranjeras. En el caso del son jarocho aparecen continuamente tesis de grado y posgrado sobre el mismo, o los fenómenos que concurren en él; al año hay cuando menos una o varias publicaciones, pero no sucede lo mismo en algunas tradiciones......
La música del fandango acabó, pero sus ecos resuenan en mí.... en nosotros... en aquellos que creemos que en algún momento el "fandango multiregión" puede ser equilibrado y un espacio para el diálogo entre iguales....mientras hay que seguir picando piedra porque seguimos atrás, pero ya veo los números de los de la delantera y creo que podemos emparejar el paso.....
Gracias a los Soneros de Huilango, Gloria Trujano Cuéllar y Jorge Luis Cruz Hernández porque son nuestra piedra de toque...antìpodas pero muy cercanos

Un recuento de 20 años de encuentros...


En 2003 David Durán se enteró del II Encuentro Nacional de Mariachis Tradicionales, así que apuntó a Los Capoteños, él y la hija de don Chente, fueron de bailadores, y obtuvieron el reconocimiento, que no fue y NO ES un concurso, pero bueno a don Vicente y don Silvano no les quitan de la cabeza que "ganaron un concurso" de mariachis y en Guadalajara!!!
Esa ocasión David cargó, como siempre su cajón-tabla, y enamoró a varios que no sabían que el mariachi nació para acompañar el baile, luego, poco a poco, los grupos llevaron sus bailadores, pero nadie su tabla, porque no entienden el asunto del timbre, el cual se expuso en una conferencia, que, lamentablemente, no quedó recogida en las memorias del Coloquio del Mariachi. Se habló de que hay timbres que son característicos, porque son "deseados" por regiones, que en la cuenca baja del Balsas les gusta grave y en los Balcones agudos, que por eso unos bailan descalzos sobre la tabla y con botines en la tarima; pero aunque ya se bailan los géneros por jóvenes de las regiones, no vemos la investigación reflejada en la propuesta musical, o cuando menos, no vemos el hilado fino en la reflexión.
No obstante, jóvenes están bailando con entusiasmo y fortaleza, presumiendo que rompieron tarimas, tablas y artesas, como los viejos contaban que se hacía (lo cual causa gracia a todos, menos al dueño), mostrándonos que la tradición regresa con fuerza y entusiasmo en la ejecución y espero que, pronto, en la reflexión.
En ése momento no había niños, y los jóvenes salían de los ballets y grupos escolares; ahora vemos a niños y jóvenes de talleres y de las familias que están volviendo a enseñar la tradición a la nueva generación. Es un gusto verlos mirar (todavía no participar) en los "fandangos" (que siguen siendo un espacio de "competencia" y no de participación horizontal), es necesario ahora ya crear espacios para los infantes, fandangos/mariachis infantiles, donde las niñas y los niños toque y bailen y sean el eje y centro de participación.
También es necesario que las y los jóvenes tengan sus espacios, pero no pueden ser "libres", sino con base en algunos criterios mínimos que normen la convivencia de estos géneros lírico, musical y bailables, de tal manera que no quieran zapatear con sus "Miguelito" de ballet folclórico, ni todo lo quieran hacer como se "baila Jalisco", sino que estén atentos al ritmo y la cadencia, al volumen que dan en diálogo y no en competencia, que se empapen de las tradiciones vecinas y compartidas, pero sobre todo, que respeten las diferencias; para que no terminen "regañados" porque quieren bailar en la tarima de Tixtla, con golpes de "Los Altos" (según los balletes).
Es necesario garantizar que los grupos femeniles guíen el fandango, y que no terminen los más "gandallas" o los mas resistentes, tocando todo el fandango; pues, como dice la tradición "muchas gracias compañeros, que nos fuimos una y una". Una y una es la regla y si se toca toro se contesta toro, y si va menoreado va menoreado, y si es India, Malagueña, Rema, pos a improvisar verso, y si es "de paños" a lucir el paliacate, y si se cambia de tono, se cambia de tono; porque el fandango es "una competencia" cordial (entre músicos, bailadores y versadores) donde tod@s tienen cabida, y si no se contesta, entonces se deja "la banca" para el que si puede, o quiere, o está aprendiendo. Si no conocemos la secuencia y orden del fandango, pos hay que leer, porque afortunadamente, ya hay bastante escrito sobre el asunto.
Necesitamos que se garanticen espacios para el mariachi (como fandango) y yo diría a los organizadores que ya no se hable de fandango sino de mariachi. Si bien en muchas regiones se dice "fandango" a la fiesta, y en Colima y otros lugares el "fandango" era la agrupación musical, me parece que es tiempo de que se difunda que "mariachi" es la fiesta, es el grupo y es la superficie de baile. Así que los mariaches tocan en el mariachi, y que ese espacio sea garantizado por los organizadores y el hotel sede sepa que ése es el núcleo de la reunión. Cada cierto tiempo, de acuerdo con la gente que administra el hotel, o la policía o la gente del ayuntamiento, llegan a "callar" a la gente que está nutriendo a la tradición en su contexto lo cual resulta paradójico. Yo honestamente, no voy al "Coloquio", no voy al "Encuentro", voy al "mariachi" que se hace casi clandestino, en los estacionamientos, en los cuartos de hotel, en donde se puede, hasta en las obras del metro, como si la tradición no tuviera derecho a un espacio digno; ¡¡¡Que se esta bebiendo!!! Como si eso fuera "malo", pos el "mariachi" fiesta es para comer, beber, zapatear, comer y enamorar; cuando veo que una pareja sale abrazada para el elevador siempre pienso, para eso sirven los mariachis, para que la gente conviva, se conozca y del amor nazca un/a guachito/a que seguirá en el mariachi, tocando y bailando como su papá y su mamá; manque se vuelvan a prohibir y a Las Copetonas no les guste.
El mariachi/fandango es también conflicto, no lo niego, de hecho gracias a los procesos judiciales conocemos cómo se realizaban, pero no es su fin, y no es deseable, y por eso no lo pongo en mis escritos, porque cada generación decide qué recibe y qué lega, y aunque tengo varias historias de violencia, sólo las cuento cuando alguno idealiza de más y les refiero lo que me dijo don Carlos Limas, armonillero/vihuelero del jarabe y el arpa grande de La Huacana, quien a sus doce años, vestido de blanco se estrenó en un fandango/baile de tabla y hubo una pelea a cuchillo, el que perdió se abrazó de él y le embarró su sangre, se fue de este mundo dejando la fuerza de vida (ntu) en el traje del nuevo músico.
Ojalá nunca más un joven entre a la tradición así, y debemos desalentarlo, porque esta tradición que recibimos es violenta, patriarcal, etnocéntrica, pero no por eso voy a cantar versos contra los negros, las mujeres o los gays, al contrario, muy pronto tendremos conjuntos de arpa, tamborita, tambora y mariaches queer y tendrán que organizar los fandango-mariachi guiados por ell@s o elles (no tengo ningún problema en que la gente se autoadscriba con el género y la palabra que deseen). Toda generación que recibe un corpus y un proceso dentro de la tradición tiene que adecuarla a sus contextos y legarla mejor a las nuevas generaciones, así que versos nuevos, actuales, orientados a la poesía y menos al reto, a la descalificación del otro, o a la balandronada y soflamería inútiles.
Hace 10 años participé en el II Coloquio de Investigación sobre El Mariachi, se vieron pocos jóvenes y mujeres ir y venir. Algunas francamente se fueron porque las "vacas sagradas" y uno que otro becerro, somos bien machines, así que perdón por lo que me toca, me arrepiento de lo que hice y mea culpa. En esos XX años pocos jóvenes investigadores se han incorporado y contadas mujeres; algunos llevados por quien escribe y otros llegados por diversas causas; pero no por los investigadores adscritos a las instituciones como El Colegio de Jalisco, de Michoacán, el INAH, que tienen posgrados y donde se supone entran cada año o cada dos, jóvenes que quieren investigar a las artes performativas. ¿Un reclamo? No, una duda razonable.
La pregunta es ¿Cómo le hacemos para tener nuevos investigadores y gestores de otro tipo? Tengo una propuesta que luego compartiré, porque así como un grupo de amig@s de Música y Baile Tradicional A. C. impulsamos los talleres para niños y jóvenes, los festivales culturales, las publicaciones de manuales, los espacios performativos en la ciudad (El Huerto) y en el campo (El Astillero), ahora tenemos una propuesta que tiene que impulsarse por las instituciones, que es a quienes compete. Ya organizamos nuestro Diplomado de Gestión Cultural en Paso Ancho, y nuestro Diplomado Taller para Jóvenes Investigadores (El Estudio Transdisciplinar de los Bailes de Juego en la Tierra Caliente) este año, en Los Ciruelos, de Copuyo; sin embargo, no se puede, ni debe hacerse al margen de las instituciones que tienen ese cometido.
En 20 años el escenario se ha descentrado y ha perdido interés para algunos grupos de jóvenes; sin embargo sigue actuando como lámpara para atraer a la palomilla incauta. El mariachi callejero, en los barrios de Guadalajara y la zona conurbada, debe crecer, para ello, los propios grupos que asisten, deben entender que es tan importante treparse a un escenario con luces y micrófonos en Zapopan, como hacerlo en una esquina en Tonalá; incluso yo diría que es más relevante para la tradición hacerlo en zonas populares urbanas, que alguna vez fueron campo. Hay que tener una reunión en la noche en que llegan los mariachis (o grupos musicales del occidente) para explicar mecánicas operativas, razones para los procesos, y hacer una evaluación plenaria antes del “fandango” (que debe ser llamado mariachi) de cierre.
Entiendo que las instituciones muestran “resultados” a través de fotos que muestran plazas llenas, o con al menos un público ocasional suficiente; sin embargo, sigo pensando en que el Encuentro debe dividirse por regiones (aunque haya uno “nacional”) y que los estados presentes en la declaratoria deben tomar interés en participar, tal vez si los secretari@s de cultura de Jalisco invitaran a diversas actividades a los de los estados vecinos estos podrían entusiasmarse con la vitrina política (que es luego lo que les interesa) y entonces puedan invertir dinero y llevarse algunas actividades a sus localidades; con ello, el marichi se descentrará de Jalisco, que me parece debe ser un objetivo, pero entiendo que la SCJ no está muy interesada en que ocurra; pues en los imaginarios la asociación de “el mariachi es de Jalisco, y de Tecalitlán los sones, de Tequila su MEZCAL” es muy benéfica para sus intereses de promoción turística, sin embargo, al final es falsa y empobrece a las culturas musicales de México.
Hace una década nadie tocaba ya “guitarreado” a lo largo del diapasón, y gracias a Alejandro Martínez de la Rosa (nuestro tlacuache que robó el fuego de los dioses), ahora niños-jóvenes lo hacen, músicas de tradición lo retomaron y lo impulsan a niveles de maestría. En Zicuirán, hace 10 años, un conjunto de viejos que rondaban los 100 años tocaba y no había niños y menos niñas en el horizonte, ahora sus tataranietos y bisnietos “están a la orden”, como dice la maestra Ángeles que lleva 15 años llevando grupos de músicos viejos y danzantes jóvenes a quienes nadie pelaba. No había talleres en espacios urbanos y en los rurales no existía una buena percepción de los músicos tradicionales, como borrachos y no como ganadores de preseas.
Salvo las obras maestras de los pioneros, no había referentes escritos sobre la música, la lírica, el baile o las formas festivas. Nadie sabía sobre músicos olvidados en “sus agujeros” (don Leandro decía”...yo he sido ratón de un solo agujero..”), pues no habían salido a la ciudad. Ahora las cosas cambiaron, hay más de 30 publicaciones sobre esos asuntos, hay documentales, tesis de licenciatura a doctorado. Las niñas y niños asisten a talleres en pueblitos como Zicuirán, Arteaga, Copuyo, y ciudades medias como Arcelia, Apatzingán, Tepalcatepec, Altamirano, Tlapehuala, y en las propias capitales de los estados como Morelia, Guadalajara, y Colima pasan "niñes" y jóvenes con guitarras y violines.
20 años no es nada... cantó Gardel y en efecto, no son nada; pero hay que reconocer que, si bien los detonantes surgieron en espacios paralelos, fueron personajes en las instituciones de Jalisco, Nayarit, Colima y a veces en Michoacán quienes construyeron plataformas para que nos conociéramos los implicados y nos organizáramos. Sé que sus fines y los nuestros no siempre son coincidentes y que amigos e interlocutores como Ignacio Bonilla, Luis Ku, Marina Sarabia, Francisco Samaniega, el añorado Víctor Ávila, Mario Limón, Rodrigo de la Mora y ahora Juan Valverde, han puesto tiempo, ideas, trabajo y a veces, muchas veces, dinero para que se realice estos encuentros y coloquios.
Les reconozco el empeño y sé que les he causado dolores de cabeza, hígado y pesar; pero créanme que siempre fue porque quiero que estas formas artísticas performativas (llamadas mariachi, fandango, baile de golpe, baile de tabla) que compartimos por una buena parte del occidente de México sigan arraigadas en donde deben y en lo posible se diferencien de otras formas parecidas que migraron al escenario con el ballet folclórico (que no son "malos" pero no tienen en su seno a la comunidad), porque desde mi perspectiva, el mariachi y el fandango son espacios para que se conviva entre generaciones (de niñ@s a viej@s) entre regiones (del valle de Tixtla a los valles de Tepic, como dice La Amapolita morada) y de la Costa Náhuatl hasta la Costa Grande, subiendo por El Llano Grande y las Tierras Calientes, Los Balcones y las Laderas del Tancítaro, por El Bajío hasta Los Altos y los Llanos de Aguascalientes) son músicas que sirven también para la devoción (bailando danzas en funciones el día de La Candelaria, el Miércoles de Ceniza, San Juan y Santa Juanita, la Virgen del Rosario, a la de Zapopan, y a la de Dolores) y que nos fijan a la tierra, como decía mi abuela (y luego parafraseó, sin saberlo, el buen César Camacho, a partir de la ecosofía):
...Frijolito frijolito,
frijolito enredador,
no te vayas a enredar,
como se enredó mi amor.
La tradición es fuerte como caña de maíz, y nosotros nos apoyamos en ella, nos nutrimos de ella. Unos pintos, otros negros, hay alubias, y peruanos, chiquitos como frijol judío y grandes como combas o acocotes, todos necesitados de guía, y esa es, y será el mariache, fandango, tambora, arpa grande cacheteada, tamborita, cajón, y guachapeo.... Felices primeros 20 a todas y todos los implicados.....