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sábado, 7 de marzo de 2026

Manuel Mendoza Mendoza, arpero.


Manuel Mendoza Mendoza, “El Garrote”, arpero oriundo de Tecalitlán, formó parte del mariachi de los Vargas de Tecalitlán desde que en 1898  Gaspar Vargas López y su primo José Refugio Hernández Vargas lo formaron; los primos tocaban violín y guitarra, pero necesitaban un arpa para tener la conformación mínima, tenían alrededor de 20 años y ganas de complementar su economía con la práctica musical, además de su interés afectivo con la música. Así que invitaron a un músico 9 ó 10 mayor que ellos, Manuel Mendoza, nacido en el municipio de Tamazula, en un rancho llamado La Higuerita, metido en las montañas al sureste del municipio, más próximo a Jilotlán de Los Dolores y a Tecalitlán, que a su cabecera municipal. Este hecho es de resaltar porque definirá ese “estilo de Tierra Caliente” que el propio Gaspar reconocía en el grupo musical.

      En 1932 don Manuel Mendoza, después de tocar 30 años con los Vargas, decide dejar el conjunto de arpa. Las memorias de Silvestre Vargas y de Nicolás Torres aseguran de que ya era “de avanzada edad”, y que estaba “cansado” de tocar; porque en esos momentos eran un grupo de pueblo que tocaba en combates, bodas, jaripeos y cumpleaños en los ranchos y pueblos del sur de Jalisco y Colima. No vivían de la música sino de sus actividades agrícolas, arrendando tierras, o trabajando como “jornaleros del campo”.

        Entró entonces don Francisco Álvarez, un arpero de Tamazula, quien al regreso de una temporada en la ciudad de Tijuana, Baja California, contratados por el empresario Mariano Escobedo, falleció en una riña.

Entonces ingresó José Mendoza Cortés, un arpero que tocaba como solista, oriundo de Zapotiltic; pero duró sólo un año. Luego en los años 70 la maestra Irene Vázquez Valle tuvo la posibilidad de grabarlo e incluyó su famosa polka “Salida del baño”, que se tocaba durante las bodas en la región. Duró apenas un año con los Vargas.

         Ya emigrados a la capital, entró Ernesto Villa Pérez, nacido en Zapotiltic, pero su familia era de Teocuitatlán, al norte de la región, y ahí aprendió a tocar; de ése pueblo salió a la ciudad de México para tocar con sus primos los Pulido. Tocó el arpa mas de una década en los años 30s y 40s, con Silvestre Vargas; pero salió por problemas con la manera en que se repartía el dinero y por no querer aprender a tocar “por nota”, como exigía Rubén Fuentes.

Es necesario evidenciar al apellido Mendoza y su relación con el arpa grande, no sólo en esta zona del sur de Jalisco, sino en otros espacios del occidente de México. El famoso conjunto de arpa grande de Cutzato, estuvo formado por Florentino Mendoza, senior en el arpa, y su hijo Florentino Mendoza, junior, era un excelente arpero solista, y sólo tenemos algunas transcripciones que dejó Francisco Domínguez, publicadas en 1941 como “Álbum de Michoacán”. En el caso de José Mendoza Cortés, de Zapotiltic, existe la grabación de campo de Irene Mendoza, y los que siguieron están en las grabaciones comerciales del Mariachi Vargas de Tecalitlán, para evidenciar su destreza en el manejo del instrumento. Es muy probable que los arperos del mismo apellido en el sur de Jalisco tengan algún grado de parentesco, y no sería raro que este apellido se vincule con las capillas de indios de las parroquias de la región, o con los músicos “ministriles” que fueron contratados para enseñar a los jóvenes de las élites indígenas, en Tzintzuntzan, por los franciscanos, o Tiripetío, por los agustinos, en el siglo XVI, y que se extendieron con la “conquista espiritual”, y musical, hacia la Tierra Caliente y la Costa del Sur, en el occidente novohispano, una vez establecidas las órdenes religiosas y consolidado el clero diocesano en el territorio de la Nueva Galicia.

        En tanto se realiza este trabajo de investigación sobre la “conquista musical” en el occidente de México, regresemos a Manuel Mendoza Mendoza. En Tamazula, en la iglesia parroquial, el 25 de noviembre de 1861 se unieron en matrimonio la señorita Trinidad Mendoza con Florentino Mendoza del Toro, de 30 años, “originario y vecino de la parroquia”, es decir, no vivía en el pueblo de Tamazula. La novia “no conoce el nombre de su padre”, y también era del territorio parroquial. Sus padrinos fueron: Miguel Barragán e Isidora Barragán.

          
 
La pareja tuvo varios hijos y fue hasta el 23 de junio de 1870 que llevaron a bautizar hasta a Tamazula a su “hijo legítimo”, Manuel, nacido el día 16, en La Higuerita, un rancho perdido entre las montañas, más próximo a Jilotlán, y por ello algunos actos civiles se realizan en ése pueblo, o en Tecalitlán, que en su cabecera. En la fe de bautismo dice que fue
 nieto por línea paterna de Antonio Mendoza y Nieves Orozco, y por la materna de Doroteo Mendoza y Ignacia Bravo. Sus padrinos fueron sus tíos: Antonio Torres y Francisca Mendoza.

            No sabemos ¿con quién aprendió a tocar el arpa? Sobre todo porque esos ranchos en las sierras del Eje Neovolcánico Transversal están aislados, tienen poca población, y esta se muda constantemente. Lo lógico es que fuera su padre, Florentino Mendoza del Toro, o alguno de sus tíos quien le dieran sus primeras lecciones, o que él tomara el arpa de algún pariente cercano para iniciar a tocar las primeras notas. Es de notar la coincidencia en el nombre y el apellido con los músicos del rancho de Cutzato, en la sierra al sur de Uruapan, en Michoacán, muy lejanos geográficamente; pero un indicio para explorar.

El 7 de enero de 1898, en Jilotlán de los Dolores, comparecieron el ciudadano Manuel Mendoza y la señorita Carlota González, para contraer matrimonio civil. Dijo el primero: que es soltero, de 25 años de edad  [en realidad de 28 años] labrador, originario de Tamazula y vecino de esta municipalidad hace algún tiempo en el Rancho de El Chivo, hijo legítimo de Florentino Mendoza, finado, y de María Trinidad del mismo apellido que vive. La segunda expuso ser “célibe”, de 17 años de edad, originaria de Tecalitlán y vecina de esta municipalidad hace algún tiempo, hija legítima de Joaquín González, que entonces estaba vivo y prestó su consentimiento para el matrimonio, y de Juana Arellano, finada. Testigos fueron testigos “Mendoza”, casado de 28 años, comerciante, José Jesús Mendoza, casado de 29 años de edad, artesano, Manuel Morales, casado de 22 años, artesano y José Ángel Ureña, soltero de 24 años, comerciante, todos de Jilotlán. La pareja procrearía 10 hijos que fueron naciendo en ranchos de Jilotlán y Tecalitlán, hasta que, por las labores muiscales de don Manuel, se avecindaron en Tecalitlán.

        Según la memoria de Silvestre Vargas, en 1898, a petición del presidente municipal de Tecalitlán, Trinidad de la Mora, integraron un grupo para participar en las fiestas patrias. Lo cual es dudoso, porque si bien ahora el “mariachi” es uno de los símbolos de lo “nacional”, en pleno porfiriato había un desprecio por lo rural, incluso la gente de los ámbitos rurales que vestía calzón de manta no podía ingresar a la plaza de Tecalitlán los domingos, según recordaba don Trinidad Mendoza, que fue compañero de banca escolar de Silvestre Vargas.

        En 1930, la familia Mendoza González ya residía en  Tecalitlán, según el Censo Nacional, vivían en la calle de Cuahutemoc, casa número 64, el jefe de familia era Manuel Mendoza, de 60 años, agricultor, casado por las dos leyes con Carlota González, de 43 años [en realidad de 49], con sus hijos Ramón Mendoza González, de 25 años, soltero, jornalero del campo; Pedro Mendoza González, de 18 años, soltero, jornalero; Adela Mendoza González de 12 años, escolar, Jesús Mendoza, niña de 8 años, escolar. En la misma casa vive la familia de  Cirilo Magaña de 70 años viudo, jornalero, Maximiliano Magaña, de 22 años, soltero, jornalero, Julián Magaña, 40 años, soltero, jornalero y Francisca Magaña, de 3o años, soltera, dedicada a las labores del hogar.

El año en que abandonó al mariachi de los Vargas, don Manuel y su esposa doña Carlota, vieron casarse a su hijo Pedro con María Dolores Barajas, el 20 de abril en Tecalitlán. El juez acudió a la casa  número 64, de la calle de Cuahutémoc para casar a Pedro Mendoza y la señorita María Dolores Barajas; el primero: soltero, de 18 años, jornalero agrícola, originario y vecino del pueblo, hijo legítimo del Señor Manuel Mendoza y de la Señora Carlota González que viven. La novia declaró que: era célibe, de 20 años de edad,  originaria y vecina también del pueblo, hija legítima del señor Feliciano Barajas “que vive y esta presente” y de la señora Juan Venegas, finada. Tan relevante hecho ameritaba testigos importantes; así que por parte de la novia  firman los ciudadano: Trinidad Olivera, soltero, y Gaspar Vargas, casado,  “mayores de edad y de esta vecindad”. Es muy probable que después del acto protocolario hubiera un mariache por la boda, y que tocaran los Vargas.

        Es probable que don Manuel Mendoza se dedicara al campo con sus hijos, pero no sabemos si alguno heredó sus conocimientos musicales. Falleció en Tecalitlán, el 12 de enero de 1944, según lo expresó su yerno y probablemente su sobrino Rafael Torres, casado con su hija Josefa, de 45 años de edad, originario de Tamazula. En “la casa sin número de la calle Cuahutemoc”, a las 9:30, “a consecuencia de gripa sin asistencia médica”, falleció el señor Manuel Mendoza de 66 años de edad [en realidad de 74 años]. Su cadáver fue inhumado en el Panteón municipal, en fosa de 2a clase por cinco años, “Gratis por gracia”, lo que quiere decir que su situación económica no era muy buena.

            Manuel Mendoza, arpero de la tradición de Jilotlán, compañero de Gaspar Vargas López y de su primo Refugio Hernández Vargas, era 9 años mayor que los primos Vargas, y con ellos formó el conjunto de arpa grande que, con el tiempo, ayuda del General Cárdenas, las industrias culturales de México y mucha viveza de don Gaspar, se convirtió en el afamado Mariachi Vargas de Tecalitlán, marca registrada por Rubén Fuentes.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Don Demetrio Olais, arpero de Tecalitlán


Don Silvestre Vargas conoció a la generación de músicos nacidos en Tecalitlán, hacia 1840; siendo él un niño de 10 u 11 años, ellos rondaban entre los 70 y 80 años. Es probable que algunos tocarán con sus parientes, como su abuelo Amado, su padre Gaspar, o su tío Hermenegildo. Nos cuenta que en su infancia:
...alcancé a conocer a los miembros de ese conjunto ya muy ancianitos, entre ellos a Don Demetrio Olais que tocaba el arpa.

Aunque don Silvestre asegura que su padre siempre le habló de “mariachis”, ahí los llama: “conjunto” y no “mariachi; y hay testimonios de que don Gaspar llamaba a su estilo “Tierra Caliente”, y no “sur de Jalisco”, o “del Llano”, “de La Cuesta”, como se conocen a las áreas al sur de las lagunas de Zocoalco y Sayula.
Eran esos “conjuntos”, a decir de Silvestre, agrupaciones musicales que tenían usualmente dos violines, una guitarra de golpe, y un arpa grande; esta es la razón porque en la parte oriental de las Sierras de Quitupan, Santa María del Oro, Jilotlán y Pihuamo se llaman “conjuntos de arpa grande”, o simplemente “l’arpa”.
Hablemos de los Olais, una familia de músicos participantes en el mariache en el Jalmich., e iniciemos con don José Demetrio Ignacio Olais Pulido, nacido en Tecalitlán, el 25 diciembre de 1843; registrado como hijo legítimo de Antonio Olais y de Guadalupe Pulido; fueron sus abuelos paternos: Francisco Olais y Guadalupe Ponce, y los maternos Antonio Pulido y Petra Trejo. Es interesante la combinación, pues el apellido Pulido, presente en los pueblos del norte de la región, dio origen al Mariachi Pulido, y al dueto Los Dos Oros, con músicos de El Volantín, Tizapán El Alto Jalisco, San José de Gracia, Cojumatlán y San Pedro Cahro, Michoacán.
Hasta el momento no hemos podido encontrar el registro del matrimonio de don Demetrio, el cual ocurriría hacia 1860; sin embargo, si hay constancia de que estuvo casado más de 50 años con doña Camila Rodríguez, oriunda de Pihuamo, Jalisco, nacida el 9 de julio de 1844.
Al parecer el primer hijo fue José Justo, nacido el 16 de julio de 1867, en el rancho de El Calabozo, bautizado 4 días después en Pihuamo. Sus abuelos paternos fueron Antonio Olais y Guadalupe Pulido; en tanto los abuelos maternos registrados como Ignacio Rodríguez y María Concepción Álvarez.
Dos años después nació José Félix, el 22 de mayo de 1869, nacido en el rancho de Huajotitán y bautizado a los 5 días en Tecalitlán, por sus tíos: Ramón Pulido y Ma Carmen Núñez.
Al año, el 17 de junio de 1870 murió María Felícitas, una niña de un año de edad, murió de fiebre, y fue enterrada de limosna.
Un mes después, el 5 de julio de 1870, presentó don Demetrio Olais, casado, jornalero, de 30 años, a su hijo Irineo, nacido el 3 de julio de 1870, habido con Camila Rodríguez.
La felicidad recuperada por la familia, se vio empañada con una epidemia regional de sarampión (descrita como “fiebre e irritación”), que fue llevándose a infantes y algunos ancianos. El 4 de febrero de 1873 murió el pequeño Irineo, párvulo, enterrado “de limosna” en Tecalitlán, de apenas dos años.
El 4 de septiembre de 1877 nació Victoriana, a las tres de la tarde; fue registrada cuatro días después en Tecalitlán.
El 13 de mayo de 1880 llegó a este mundo Diego Olais, fue su madrina su tía Ramona Pulido.
Su hija Domitila, viuda de 35 años, se casó con Matías Silva, viudo de 50 años, en ése momento don Demetrio Olais tiene 60 años, y su esposa Camila Rodríguez 61 años. La pareja se presenta el 11 de junio de 1900, a las 7 de la noche, y presentan por testigos, el primero a: Hermenegildo Vargas, casado, “empleado”, de 42 años y Marcos Íñiguez, viudo, jornalero de 39 años de esta vecindad; y la segunda a los ciudadanos Jesús Mejía, de 50 y Doroteo Tortolero de 40 años, casados, jornaleros, de esta vecindad. Ahora sabemos que don Hermenegildo Vargas fue primo de Gaspar y tío de Silvestre, y con él iniciaría, hacia 1915, su vida musical en el mariachi. Este documento muestra la cercanía que tenían los músicos, aunque no aparecen registrados como tales, por ser músicos líricos, y los vínculos entre los linajes. Sabemos que no fue la usual convocatoria que se hace en las oficinas del Registro Civil, en el municipio, para que firmen como testigos los empleados, porque don Hermenegildo no aparece como testigo en otros enlaces matrimoniales en el mismo periodo; se trata entonces de la participación en un enlace de una familia amiga. A la pobre Domitila no le duró mucho el amor, pues el 27 de junio, apenas 16 días después, queda de nuevo viuda al morir don Matías; de nuevo aparece como testigo don Hermenegildo Vargas, empleado, aunque no dice si es municipal o particular.
Don Demetrio Olais, jornalero, de 78 años de edad, originario de Tecalitlán, “murió de fiebre”, a las 4 de la mañana del 9 de febrero de 1912, sin asistencia médica, su cadáver fue sepultado “en fosa común de insolvencia”, en el cementerio del pueblo. Según declaró: Pioquinto Larios viudo, jornalero, vecino de esta población, y con el testimonio de los ciudadanos Jesús Mejía viudo, jornalero y Damian Silva, casado, jornalero. Es muy probable que algunos de los participantes en estos actos también fueran músicos; sin embargo, el censo de 1930 en Tecalitlán es escueto al nombrar a los profesionales de Euterpe, y sólo el trabajo etnográfico podría abrir algunas luces; pero mientras esto sucede, sea este un buen escaparate a la tradición musical en Tecalitlán, Pihuamo y sus ranchos al iniciar el siglo XX.

domingo, 15 de febrero de 2026

Los Villa Pérez una familia de mariacheros del Jalmich.


La familia que formaron don Melesio Villa y doña Seferina Pérez, oriundos los dos de ranchos en La Manzanilla de la Paz, recorrió varios pueblos al sur de la Sierra de Santa María del Oro; es por ello que nacieron sus hijos en Zapotiltic, pero una vez pasada la Revolución, volvieron a su querencia y el Censo Nacional de 1930 los encontró en Teocuitatlán de Corona, viviendo en la casa número 4 de la calle Corona; viven en el hogar Melesio Villa, labrador, de 35 años, casado por las dos leyes con Seferina Pérez, de 35 años, ambos saben leer y escribir; con sus hijos Ernesto Villa Pérez, soltero, músico, de 18 años [nacido hacia 1912], su hermano José Villa, de quince años, “labrador”.
A decir de la familia, todos se dedicaron a las labores del campo, ayudando a su padre; pero don Melesio tocaba un poco la guitarra séptima, y hacía 1920 decide invertir en sus hijos comprándole a Ernesto un arpa, y a José una vihuela, con lo que empiezan su aprendizaje musical.
El hermano mayor se llamó Ernesto Villa Pérez y aprendió a tocar el arpa grande, al estilo “zurdo”, tocando los bajos con la mano derecha y la melodía con la izquierda. Era muy bueno, por lo que al emigrar a la capital ingresó al Mariachi Vargas, hasta que, al iniciar la década de los 50’s, tuvo unas diferencias con Rubén Fuentes y salió del Vargas, para integrarse al que había formado su hermano menor. Su hermano José Villa recuerda así ese momento:
...Ernesto tenía un oído espectacular no tenía ningún problema en seguir todas las notas musicales, pero pues Rubén Fuentes empezó a querer que todos se pusieran a estudiar notas musicales y aquí se armó la buena, Ernesto Villa tenía un gran sentido musical, aparte el tocaba su arpa del lado derecho, al revés de todos, sacándole al arpa un hermoso sonido y bajeo espectacular, lo que hizo ganarse un lugar en la historia de la música mexicana. Pero tenía un defecto, era muy explosivo y siempre cargaba una punta muy filosa, que aún conservo; si alguien se equivocaba de inmediato sacaba la punta y les tiraba a dar.
Por su mismo carácter se ganó la salida del mariachi Vargas. Un día le dijo Rubén Fuentes: “mire don Ernesto aquí o se aplica a saber nota o se va”, en ese momento “desfundó” su pistola calibre 38 y se la puso en la cabeza a Rubén diciéndole: -A mi, ningún muchachito “caguengue” me va a enseñar música, ni cómo tocar. Con esto, Rubén le dice a Vargas: -O corres a Ernesto o me voy yo. Y así fue su salida.
Don José de Jesús, “Pepe”, Villa Pérez, fue ejecutante de la vihuela, y de la guitarra sexta, cuando esta se incorporó al mariachi de masas, nació el 26 de mayo de 1915, en Las Canoas, un rancho que algunos aseguran pertenece al municipio de Zapotiltic y otros a Tuxpan. Es el mas conocido de la familia porque, como sucede en las películas de intriga, se quedó con el mariachi de sus parientes, los Pulido, y lo transformó en el Mariachi México. En 1935 emigró a la ciudad de México, donde conoce a Valentín Rojas, quien lo invita a formar parte de un grupo musical que tocaba en las cantinas y la vía pública en torno al barrio de Garibaldi.
Pepe, junto a don Miguel Martínez, trompetista, arreglista y compositor, hicieron algunos cambios que definirían al mariachi moderno, al agregar una segunda trompeta, que inhibe con su estruendo a los violines, dándoles a los metales el peso de la melodía; además, como estaban de moda los tríos de guitarras, hicieron que el mariachi cantara a “tres voces”; así que el día de la Candelaria (2 de febrero) de 1953, nació una concepción del mariachi ya plenamente urbano, adecuado a repertorios nuevos, en otros contextos. La trayectoria del Mariachi México es más o menos sencilla de seguir, por su fama, y no es el objetivo de este texto. Don “Pepe” murió el 24 de julio de 1986.
La familia, como sucedió con otras de la cuenca sur del Lago de Chapala, decidió migrar a los pueblos y haciendas del sur de la Sierra del Tigre con la Revolución. Al igual que otras familias de músicos y campesinos, que hemos documentado en la región, no tenían tierra y tenían que moverse siguiendo el trabajo agroganadero en los ranchos, dónde además, ejercían la música como un oficio complementario o como una afición.
Esa movilidad de las familias no perdía la conciencia del linaje familiar, el cual, muchas veces, se remontaba varias décadas en el tiempo. Un buen ejemplo es cuando los hermanos Villa Pérez entran al Mariachi Michoacano Pulido, un grupo que Lázaro Cárdenas impulsó desde que lo acompañaron a su campaña electoral, y que estaba adscrito a la SEP. Don José de Jesús Villa Pérez, recuerda que:
A partir de entonces mi hermano y yo pasamos a formar parte del “Mariachi Pulido” que era de unos primos lejanos míos, pero primos al fin... ellos eran Pancho y David Pulido, cuando yo llegue a ese mariachi sabía que ellos nunca habían tocado en la radio.
Vamos a ver que tanta proximidad tenía el linaje y a la par vamos a conocer el desplazamiento de las familias. La pareja de Melesio Villa y Serafina Pérez nació en los ranchos de La Manzanilla de la Paz, después de bajar a Zapotiltic, regresan al norte y por eso en 1930 residen en Teocuitatlán de Corona.
El abuelo paterno de los Villa Pérez fue, según los registros documentales, Lugardo Villa, nacido en “Cojumatlán”, dice un documento, pero en su acta de nacimiento dice que nació en Mazamitla, sin embargo, sus padres si se casaron en Cojumatlán, Michoacán.
Lugardo Villa fue bautizado en Mazamitla, hijo de Pioquinto Villa [Villaseñor aparece en los documentos] Ayala, nacido en 1805, en Jiquilpan, y muerto hacia 1888, en la ciudad de México. Don Pío contrajo matrimonio con Ma Ignacia Valdovinos, en Cojumatlán en 17 de diciembre de 1829. María Ignacia nació el 26 de diciembre de 1811, en Jiquilpan, con calidad de “mulata”, y murió en el rancho de La Tuna Mansa, en Tizapán el Alto en 7 de septiembre de 1879, ahí nació Lugardo.
Al casarse Lugardo a los 20 años con Bacilia Torres, hija de Antonio Torres y Trinidad Miranda, ambos vivían en el Cerro del Gallo, en Tizapán el Alto, de donde también eran los abuelos maternos de los Villa Pérez, Ventura Pérez, y María Isabel Díaz.
El nacimiento de los Villa Pérez en Zapotiltic, responde a esos circuitos buscando trabajo en las haciendas, ranchos y pueblos del sur del Jalmich. Ellos reconocen un parentesco con la familia Pulido, que se estableció al iniciar el siglo XIX, en Jiquilpan. Los Pulido, oriundos de la villa, no hicieron el recorrido por toda la región; sin embargo, aceptan a los Villa como “primos lejanos” ya en la ciudad de México.
Aunque el parentesco es “lejano” es interesante ver algunos rasgos parecidos en el fenotipo, como el pelo “chino”, la piel morena, que obedecen al linaje de los Valdovinos, mulatos de la región, y que muestran al mariachi como pluricultural y multiétnico. Tal vez ese “bajeo expectacular” de don Ernesto Villa, venga dando tumbos desde África al Bajío del mar Chapálico, al Jalimich y a la Tierra Caliente.

jueves, 16 de junio de 2022

El guaime

 El son terracalenteño llamado “El Guaime”, rítmicamente no se diferencia de otros “géneros” del son de la Tierra Caliente, aunque en la lírica aparecen coplas comunes a otras tradiciones del Pacífico, como las seguidillas que mencionan a la María, llamada en diminutivo “Mariquita” y también “María del Carmen”, nombre de la virgen patrona de los marineros, llamada también Estrella Marinera; la Virgen del Carmen es considerada protectora de armadas, ejércitos, fuerzas policiales y de naciones desde Chile hasta México.

El Guaime tiene como estribillo “¡Zamba que le da! y también ¡Zamba y que le da!”, por lo que en otras subregiones de la Tierra Caliente se llama también, “La Zamba”:
¿Díme cómo te llamas?,
para decirte: ¡Zamba que le da!
¡Mariquita me llamo,
para servirle y ésa es la verdad!
¿Díme cómo te llamas?,
para decirte: ¡Zamba que le da!
¡Zamba y que le da!
¡Zamba y que le da!
¿Díme cómo te llamas?,
para decirte: ¡Zamba que le da!
¡Zamba y que le da!
¡Zamba y que le da!
¡Mariquita me llamo,
para servirle y ésa es la verdad!
El guaime es una palabra de origen italiano; se trata de una hierba que renace en el césped después del último corte; conocida como “heno” de otoño. No sería raro que el término llegara con la población italiana que vino a trabajar con los Cuzi, empresarios lombardos, originarios de Gambara, Brescia, en Italia, quienes arrendaron tierras y luego crearon en la hacienda La Zanja, La Lombardía, y en la de Ojo de Agua de la Cueva, la Nueva Italia. Esas familias de técnicos y administradores italianos dejaron apellidos y linajes en la Tierra Caliente de Michoacán; aunque lombardos hay en México desde que se llamaba Nueva España.
No quiero decir que éste son "nació" en Lombardía, o en Apatzingán y es de fines del siglo XIX, pues La Zamba, como género musical, está desde el siglo XVII en el orbe hispano (ojo tampoco digo que es "Español", o "Peruano"). Aclaro porque luego cada quién entiende lo que quiere...

sábado, 23 de mayo de 2020

SI HABLAS DE RANCHO, HABLAS DE SIERRA… MÚSICA DE ARPA E IDENTIDAD BILOCAL EN EMIGRANTES MICHOACANOS EN LA “FRONTERA NORTE”

Hace una década, viajando en un camión hacia la Tierra Caliente, un joven comenzó platicar conmigo, sin que yo le preguntara, me contó cómo se dedicaba a sembrar marihuana en un parque nacional en California; una década después sería noticia internacional. Esa ruta que corre del sur al norte está ocupada con comunidades migrantes de Michoacán, p’urhépechas y terracalenteños, que ocupan espacios en Fresno, Madera, Modesto, Redwood City, Stockton, Sacramento, en California, Reno, Nevada, pasan por Oregón, siguen hasta Kennewick, Pasco y Yakima en Washington, y ahora están en Canadá. 

COMPLETO