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sábado, 31 de diciembre de 2022

La vida musical de un campesino: don Noé Martínez Medrano


Don Noé Martínez creció con violín que era de su padre, don José Martínez Izquierdo, y que andaba rodando por su casa durante su infancia. Le sacó las primeras notas para “entretener” a una hermana menor. Su padre dejó la música “cuando llegaron los tocadiscos” a Tzitzio, en los años 50, y la gente prefería contratar para sus fiestas a los dueños de bocinas, quienes con sus aparatos Radson y su cajas de vinilos ponían canciones rancheras y piezas “tropicales” para bailar.
Los Martínez de los Balcones de Tzitzio son una familia musical, tal vez con más de 100 años de actividad. Su padre, don José, comenzó por aprender a tocar la guitarra, junto con sus hermanos, luego su tío Perfecto Martínez, de Copuyo, lo inició en el violín. La motivación era poder tocar con sus primos Ascensión, Ramón y José Martínez, hijos de Leonora Medrano Santoyo, hermana de doña Casimira, la mamá de don Noé.
Aproximadamente desde los 15 años don José Martínez se dedicó a la música, pero cuando nació don Noé, el 29 de agosto de 1950, “la música ya no valía”, así que se separó y sus primos incorporaron a don José Rubio, para seguir tocando.
Don Noé tenía 8 años cuando vio tocar un dueto formado por Othón Hernández violinista, quien tocaba con Melitón Piña, “con la guitarra tamborina”, en Poturio, un rancho como a media hora de Paso Ancho. La guitarra tamborina, es la guitarra tuá, o guitarra panzona que se tocaba en la música de la Tierra Caliente del Balsas; se le llamaba tamborina, porque tenía una función más percusiva que armónica y los redobles en los mánicos emulaban a los redobles de la tamborita, además de que sus aros muy anchos le daban un aspecto peculiar.
En esos años, los de su infancia que fueron los 60’s, don Noé recuerda que también había un conjunto musical en La Parotita. Lo formaban don Tiburcio Pérez, el violinista, con don Vidal Patiño, el “segundero”, su hermano José Patiño, en la guitarra tamborina y Meliton Castro, en la tamborita. Aunque su padre y otros músicos viejos le refirieron los bailes sobre la tabla, ese instrumento percusivo que los bailadores tocan con los pies, en los ranchos de Tzitzio, en los años 60, ya no se usaba y aunque se regara el piso con agua, al rato ya estaban “las polvaderonas”.
Don Noé nació en Charapeo, cerca de Queretanillo, pero iba a aprender con su tío Isabel Martínez, hijo de don Perfecto, el maestro y tío de su padre. Don Isabel era violinista y tocaba la guitarra “séptima”; pero nos dice don Noé que sólo de nombre, porque ya era una guitarra sexta de Paracho.
Igual que sucedió con su padre, don Noé se inició en la vida musical con un conjunto formado por sus primos, los hijo de don José Martínez, de Las Minas, tío suyo porque se casó con prima hermana de su mama. Sus hijos don Ricardo Martínez, su compadre, y primo segundo, segundo tocaba el violín; su hermano Agustín es prolijo pues toca la guitarra, el violín, y luego aprendió el acordeón. Don Agustín vivió en la Ciudad de México, en Apatzingán y en Estados Unidos, por lo que dejó la música tradicional de sus pueblos para dedicarse a la norteña.
Cuando don Noé se casó con su esposa, doña María Dolores Ávalos Celis, nacida en El Limón, en 1978, tocaron sus primos. Ricardo Martínez en el violín, Agustín Martínez en la guitarra y su primo segundo Abelino Villa, en el tololoche. Esos “Villa”, son una familia de músicos de Las Juntas, donde se juntan el río grande y el chico que forman el río Purungueo que desemboca en el Cutzmala. Don David Villa, tocaba la guitarra y la vihuela, y su hijo Samuel Villa, toca el tololoche con Los Carácuaros de Serafín Ibarra.
Hasta los años 40 las fiestas de bodas y “cuelgas” o cumpleaños, mantuvieron su carácter tradicional. Dependiendo del nivel económico se contrataban un número de grupos que podían ir de uno a 4, a cada uno le armaban una enramada y le ponían una banca para sentarse. Los novios iban a los pueblos a casarse a Copuyo, Tzitzio, Tafetán, y al regresar los salían a recibir con piezas; entonces, el grupo más reputado se sentaba y tocaba en un tono, el siguiente debía continuar en el mismo tono, repitiéndose la acción mientras hubiera grupos. El primer grupo podía cambiar de tono y entonces los demás debían tocar en el tono propuesto. Estos ciclos de tocar en tonos iban acordes con el tiempo de la fiesta; si había grupos de músicos buenos se alargaba, cuando algún conjunto ya no sabía y no podía, se rompía el ciclo de “contestadas” y se tocaba “ya como podían”. Usualmente los contratos eran de 6 hasta 12 horas y cobraban 20 pesos de 1950 por hora; pero don Noé recuerda que algunas veces llegó a tocar más de medio día.
Don Noé toca para los festejos de alegría, pero también para las funciones de los santos y los difuntos. Asegura que “tiene música” para tocar hasta 12 horas, iniciando con Las Mañanitas y de ahí valses, minuetes, sonecitos, alabanzas, pasos dobles y polkas “de pura música”. Sabe que en otros lugares hay “marchas fúnebres”, pero en los Balcones de Tzitzio no se resguardaron. Ahora el repertorio incluye piezas promovidas por el disco y el radio como “Te vas ángel mío”, “Cruz de olvido”, “Amor eterno”, con las cuales se suele iniciar, alternando el rezo del rosario con la música, las horas que se contraten, que pueden ser toda la noche. Después de un rato la familia del deudo comienza a pedir la música “que le gustaba al difunto” y ahí si ya hay libertad para tocar piezas que no son propias para la velación.
En esas fiestas las bebidas eran “calientes” con alcohol del 96, que compraban en latas, o mezcal que bajaban de la sierra de las vinatas de Marcelino Villa o de José Pérez, por El Salto. A partir de los años 50 la cerveza fue la bebida común para celebrar las fiestas.
En los años 70 comenzó a llegar la música norteña a Tzitzio y el gusto por la canción, el corrido y hasta la cumbia fueron desplazando a los géneros locales. Don Noé no es un tradicionalista que se oponga a los campos, porque a él le gusta saber un poco de todo.
Don Noé tocó con don Elpidio Valenzuela en el tololoche, primo hermano suyo, que sería luego su compadre; nativo del puerto de El Tigre. Pero luego lo jaló su primo don Agustín Martínez, el acordeonista, y con su hermano Anselmo Valenzuela, que tocaba el bajo sexto, formaron uno de los primeros conjunto norteño de la región.
En Tzitzio ha también un dueño norteño, formado por Miguel Coria en el bajo sexto y José Durán, en el acordeón. Un caso interesante es el de Juventino España, nativo de La Soledad, que tocaba la guitarra y el bajo quinto, cuya fotografía aparece en el libro de Jas Reuter, La música popular de México, publicada por Editorial Panorama en 1982. El hijo de don Juventino, Miguel España toca la guitarra y ha sido compañero de don Noé. En Copuyo, don José Magallanes, violinista, mayor de 80 años, es parte de un linaje de músicos que se han convertido en “versátiles”, con su equipo de sonido eléctrico, luces y escenario.
Un caso interesante es el de la fabricación de los instrumentos, pues si bien en la actualidad estos se compran en las casas de música de Morelia, y proceden generalmente de Paracho, guitarras, violines y tololoches; en el pasado hubo algunos músicos que construían sus propios instrumentos. Don Noé recuerda que su padre, José Martínez Izquierdo, construyó un violín, y que don Othon Hernández, que era violinista y fustero, también hizo algunos instrumentos.
La vida laboral de don Noé Martínez es amplia y diversa, apenas ayer reparó una cerca, buscó un burro que se le salió de su corral, cortó algunas cajas de ciruelas y se preparó para viajar a Morelia a tocar con sus nietos, que aprenden con él, el Día del Niño. Don Noé construye casas de “material” y de adobe, conoce plantas medicinales que hay en los cerros y barrancas, sin ningún problema sacrifica chivos, puercos y reses, hace carnitas, desmonta para sembrar el maíz y frijol que consume su familia, tiene terrenos propios y otros los trabaja a medias, siembra jamaica, mantiene sus ciruelos, planta magueyes para mezcal, atiende sus estanques con ranas toro, mueve su ganado con su macho, o anda en cuatrimoto. Aunque la música ocupa una parte importante de su vida es sólo una de las facetas de ser campesino en los Balcones de la Tierra Caliente.







jueves, 5 de agosto de 2021

Los cantores de San Pedro Ixtapan Copuyo

 San Pedro Ixtapan Copuyo fue pueblo viejo, próximo a las minas de Chapatuato. En los primeros años los pueblos tenían a sus "cantores", que hacían el canto llano, además de su capilla de música, que tocaba chirimías y bajones para acompañar a las voces que cantaban polifonía. En esos pueblos se hacían los servicios religiosos sin la estricta supervisión de un cura, pues al principio pertenecieron a la lejana parroquia de Taximaroa y al no tan próximo Corregimiento de Charo, del Marquesado del Valle.

Esta es la razón por la cual todavía podemos escuchar en algunas ocasiones a los cantores en velorios y funciones religiosas cantado alabanzas a cuatro voces. Una voz grave es la primera, haciéndole una segunda, una tercera arriba va la Segunda, por arriba de esta va la Contrialta y en una voz muy alta, propia para una mujer, pero que usualmente hace un hombre, la Requinta...
El Alabancero que usan es el publicado en el Santuario de Atotonilco, que como sitio de peregrinación, reúne a muchos viandantes del occidente de México, por lo que sus entonaciones, no dudamos que son compartidas con otros lugares.
A la derecha, don Noé Martínez Medrano, violinista, don Onésimo Medrano, y don Luis Felipe Medrano, cantores.

sábado, 18 de abril de 2020

Tercera parte de la Crónica del XV Campamento De Verano Música Para Guachitos donde se narran las condiciones actuales y se saca la bola de cristal para ver al futuro....


La idea de implementar el Campamento como estrategia para el fortalecimiento de las artes tradicionales de la Tierra Caliente nunca se pensó tan a largo plazo, porque, de manera optimista, creíamos que rápidamente se reproducirían las acciones por otros equipos de amantes de las artes tradicionales y los niños, niñas y jóvenes pulularían; pero no fue así, tuvieron que pasar casi X años para que los Campamentos fueran replicados por el Programa de Desarrollo Cultural de la Tierra Caliente (del CONACULTA) y para que se implementaran en otros estados y lugares de Michoacán, pero en ése ínterin, logramos publicar manuales de violín, guitarra de golpe, vihuela, arpa, tambora y del fandango del Balsas, así como como diez discos (De tierras abajo vengo, El fandango del Balsas, Te vengo a Bailar, Yo le daré la vuelta al mundo, El Palomo, La Colección Música Tradicional de Michoacán: Crescenciana Borja, Los Jilguerillos del Huerto, Los Capoteños, luego con Jijos del Quiote: Los Campiranos del Sur, Balcones de Tierra Caliente), el segundo dedicado al "baile", donde los zapateados son la parte central del registro (y que ha sido poco comprendido), además de los mas generales y acompañantes de libros :...Una bandolita de oro y ...si como tocas el arpa, tocaras el órgano de Urapicho. En ellos, aparecen músicas que eran desconocidas en ése momento, como todo el repertorio religioso de las funciones de la Tierra Caliente, los toques de pífano y tambor de Cutzio, la guitarra panzona.
          También se publicaron en un libro los artículos de un coloquio (7 años después, en 2011) llamado "Temples de la Tierra", donde la mayoría de los participantes, fueron también monitores en los campamentos y usaron los conocimientos adquiridos en los recorridos de campo por la región (financiados por El Colegio de Michoacán, en su proyecto Patrimonios de la Cuenca del Tepalcatepec) para aproximar a los niños y jóvenes de la región as las artes tradicionales. Ellos han formado un equipo de investigadores interesados en las artes tradicionales de la región y han atraído a nuevos investigadores, de tal manera que de ser una zona muy explorada por investigadores, pero con pocos productos de ésos trabajos, unos cuantos artículos y discos con grabaciones de campo; a partir del 2005 las publicaciones sobre la región que realizó el equipo se comenzaron a notar: Alejandro Martínez de la Rosa, Vìctor Hernández Vaca, Alejandra Espinoza, Jorge Amós Martínez y sobre todo David Durán Naquid empezamos a compartir conocimiento en artículos, ponencias, talleres y conciertos didácticos.
           David impartió cursos den la ENDF y la AMD, pero también en otros centros escolares donde se enseñan las artes escénicas y que incluyen los montajes de artes tradicionales, apoyó durante casi dos años con clases en El Tecolote, cuando era todavía El Charco de las Ranas, y sobre todo, los instó a buscar bailadores y músicos tradicionales en los alrededores de Arcelia. Fue el primero en introducir, de nuevo, la tabla como instrumento musical, la ha cargado a toda presentación y gratamente, ha sido imitado, no sólo en reunir a música y baile alrededor de la tabla, sino en sus formas de bailar (que proceden de muchos maestros y maestras ya fallecidos). Ha publicado interesantes artículos sobre las estéticas sonoras en el baile, sobre la tabla como instrumento, sobre la forma de bailar el jarabe, los cuales deben reunirse en un libro, que hace 5 años le ruego que haga, porque permitirá a otros maestros de danza folclórica despegarse de los escenarios y aproximarse al valor del baile en la tradición.
     A partir de la investigación podemos fundamentar las acciones que emprendemos los Campamentos, en lo que toca ChanequeSon (el grupo de Música y Baile Tradicional A. C., que nunca se ha pensado como exclusivo) y en los conciertos didácticos que se presentan. La panzona, la armonía, el jarabe y los bailes de juego forman parte de las posibles presentaciones del grupo y pronto tendrán a la periquita y el arpa jarabera entre sus compañeros que han salido de las sobras del olvido para reincorporarse a la tradición viva.
        Insistimos en la necesidad de que la improvisación regrese y Gustavo ha hecho que David, Saya, Ana, pero también Gusto por el Son, Los Jabalíes y hasta El Maracumbé le entren al jarabe y el verso improvisado; pronto la décima y la valona regresarán a la fiesta en tonos líricos, reflexivos, religiosos, de salutación y alabanza, sin dejar la comicidad que conocemos como tópico casi exclusivo.
       Siguiendo el libreto del fortalecimiento del Sotavento, buscamos la construcción de instrumentos y aunque Mariano Espinoza es nuestro amigo, el conocimiento llegó por Francisco Mora, tenaz "guacamayense" (Oriundo de Guacamayas, municipio de Lázaro Cárdenas), quien ha aprendido a construir instrumentos con familias de Paracho, como los Pacheco, y con el señor Salinas en Morelia, quien nos guió en la compra de herramientas y materiales para producir la primera guitarra sexta de Los Ciruelos, donde algún día saldrán instrumentos con "etiquetas verdes", producidos con maderas que reforestarán El Astillero y que de manera sustentable, serán cortadas para producir instrumentos musicales de la región: arpas, guitarras de golpe, vihuelas, armonías, tuás, tamboritas, tablas para bailar, violines, chelos y bajos.
         Los propios Ciruelos y El Astillero conformarán el Centro de Investigación para el Desarrollo de la Tierra Caliente, que será una estación de investigación primero, luego un espacio para ofertar diplomados a jóvenes egresados de la UMSNH y otras universidades que quieran estudiar con una perspectiva de Desarrollo Sustentable y con Participación Comunitaria; quienes brindarán talleres de formación a las personas de la región de Tzitzio, Tuzantla, Tiquicheo, Carácuaro y Nocupétaro, donde se encuentran algunos de los municipios más pobres de Michoacán (y del país).
       Tendrán asilos estudiantiles para que jóvenes de la región se formen como licenciados en Desarrollo Social Comunitario, en Educación de las Artes Tradicionales, Etnolaudería y en Trabajo Social y Salud Comunitaria; pero también en maestrías como Arquitectura Tradicional Comunitaria, Ecología para la Sutentabilidad, y Sociología Rural. Las cuales serán interinstitucionales entre la UMSNH, UDCM, UIIM, UNAM y la UG (no descarto a las Benito Juárez, en cuanto sepa cómo funcionan). La Responsabilidad Social Universitaria dejará de ser ideas de escritorio y se volverá acción real inmediata.
         Entre el cuerpo de docentes tendremos a varios campist@s y los campamentos serán sólo una acción entre cientos que ocurrirán en ése antiguo asentamiento matlatzinca que fue San Pedro Ixtapan Copuyo.
          Así que para tan grandes sueños lo que nos faltan son manos e inteligencias; necesitamos que esos que están apenas saliendo de la universidad vayan a los posgrados, que los que van a entrar a prepa busquen perfiles que embonen, y sobre todo, aquellos que ya son investigadores en universidades regresen, pero no a enseñar El Pollo, sino a gestionar y crear sinergias.
       Aquí ya nos separamos de los "jarochos" (aunque ya abrieron su licenciatura en laudería tradicional), porque NO QUEREMOS UN MOVIMIENTO MARIACHERO, no queremos que los niñ@s se conviertan el Folk stars que vayan de escenario nacional en escenario nacional, o internacional, o que salgan a "DIVERTIR BORRACHOS" (en cantinas de pueblo, en "Festivales culturales" o "Conciertos internacionales", para eso ya hay muchos y no porque sea "deshonroso", como pensaban las mamás de antes, sino porque imagino futuros plenos para ellos en la labor comunitaria (Utopías quiroguiana, moreliana, y cardenista).
        Aquí oculto la bola de cristal y medito los consejos que les daré a los nuevos promotores... afilen bien sus cuchillos, porque vamos a carnear....

Aquí comienza la segunda parte de la Crónica del Campamento de Verano: "Música para Guachit@s" con útiles consejos para sus continuadores.

La primer transformación de objetivos fue dejar de "formar" músicos y bailadores", para volverlos "del gusto", pero luego nos dimos cuenta que el gusto no es suficiente si se piensa en la salvaguardia de una tradición, porque un niño aficionado en una familia no puede hacer que los fandangos sustituya a las fiestas familiares, ni que el papá de la Quinceañera contrate un conjunto de música tradicional, entonces nos llegó la idea de formar "promotores", lanzamos una convocatoria en el XIII para realizar previamente un Diplomado de Promoción y Gestión Cultural Comunitaria, de nuevo, pensando en que con el pago de los asistentes financiaríamos el costo del Campamento, sin embargo, otra vez sólo tuvimos a los amigos y salimos tablas con su alimentación, y tuvimos que "invertir" en el Campamento. Ahora que vemos como Fundación Azteca de Salinas pliego nos roba impuestos y paga los suyos a través de las orquestas infantiles y juveniles, me pregunto qué haríamos los promotores "independientes" con ése dinero? Aunque fue un fracaso económico, fue un éxito el campamento, pues los amigos se encargaron de sobrellevar el peso que implica. Al principio, hacíamos todo todos los mediadores: manejar llevando útiles y catres, armar el campamento, cocinar, "enseñar", tocar con los músicos tradicionales, etc., con el tiempo y la llegada de amigos que vieron en ésta acción cierta permanencia, el "descanso" aumentó, pero no como quisiéramos, todavía el viernes: limpié por segunda vez, dos botes llenos de caca, de las letrinas, los enterré, quemé la basura, fui por 8 garrafones de agua, con otros cuatro formamos una línea y llenamos los dos tambos para las cocineras, hice tres zanjas para que el agua no dejara resbaloso el camino, sembramos 10 codos de citronela, que espero ahuyenten los moscos un poco (Copuyo es: "Kupuio", lugar de moscos en purépecha) y sólo entonces pude regresar a Morelia a celebrar el cumpleaños de Verónica.
                 No se trata de adornar aquestos relatos, sino porque los niños, niñas y jóvenes aprenden con el ejemplo, si yo me siento, no puedo "mandar", manda haciendo y éso permite una convivencia mejor; por ello siempre pedimos que les den las gracias a las cocineras y en algún momento, les tocamos un rato en la cocina, porque antes había el "fandango de las cocineras", cuando la fiesta era para ellas, ya que se la habían pasado trabajando y sin disfrutar. Tratamos siempre de que los niños, niñas y jóvenes piensen ¿quién trabajó para que yo disfrute? Aunque nos acabemos 10000 litros de agua, todos lavan sus trastes y todos colaboran de alguna manera, unos más que otros a la convivencia; los hay que se sientan y quieren que les lleven las sillas, motivo por el cual corrí a los hijos de una maestra y tuve un disgusto con un padre pendejo que pensaba que esto era algo "gratis" y que nos pagaba la presidencia, motivo por el cual siempre aclaro que sale de nuestros bolsillos y que les regalamos nuestras vacaciones a sus hijos; no obstante veo que los padres que acompañan a sus hijos sólo lavan "sus platos" y los de "sus hijos", lo cual nos da una idea del nivel de individualidad en el que vivimos. Ésta es la razón por la cual tenemos que cambiar los objetivos, no se trata ya de lograr "músicos" o "amantes de la música de la Tierra Caliente", ni de crear "promotores" sino de ayudar a que sean "buenas personas", empáticos con los demás, conscientes de sus acciones y de que estas los llevan a situaciones que no quieren vivir, como ser corridos del campamento y trabajar para ganarse el derecho de permanecer en él, porque aunque lo he narrado como una "escuelita", es más un espacio de camaradería, en el río, en las anécdotas después de comer, en la alegría de tocar, y que suene bien, de hacer versos curiosos y hasta profundos, de enseñar al amigo que te pedorrea en las noches o grita en sueños.
             Este trabajalal a veces recibe las "sugerencias" como insultos, porque la gente no ve lo que hay detrás y sugerencias como ¿por qué no hay niñas? Duelen como puñales: primero porque no es la ciudad, aquí el oficio de la música "no es para las niñas", porque los talleres que implementamos con ellas iban funcionando y dejaron de ir, aunque varias se quedaron, y porque proyectos para hacerlo sólo de niñas no han sido apoyados... pero que tal si lo planeamos y lo implementamos el año que entra? Ahí hay un reto para quienes tomaron el cuchillo y cortaron la rebanada de pastel comprometiéndose XV años para que el Campamento De Verano Música Para Guachitos llegue a los 30; tomar el cuchillo, cualquiera, sostenerlo va a ser cansado; pero ustedes están a mediar sus 20's y ya llegarán a sus 50 cuando dejen en manos de otros esta acción o la multipliquen en una red de campamentos.
            Por lo pronto, a los XV regresaron los que andaban entre 12 y 15 cuando fueron a su campamento, se vieron sin panza, sin barba,con granitos; los chicos vieron a sus maestros cuando no sabían "bien", vieron algunas folkstars locales y nacionales, recordaron amores que ahora son viejos y que entonces fueron de verano. Algunos decidieron aceptar el reto y realizarán el XVI, otros fueron a beber y gustar del fandango, que como les he dicho reiteradamente, no es el eje central ya del campamento, pues cuesta mucho trabajo y dinero (para quienes invertimos en él, aunque una bicoca para las autoridades), para realizar una fiesta.
            El fandango está regresando a espacios urbanos, pero todavía no se entiende el sentido colectivo que tiene, muchos van a los fandangos, pero pocos los organizan, es decir invierten económicamente en ellos; la mayoría va a beber y comer "gratis", algunos ni su seis de chelas llevan, y casi ninguno retribuirá organizando uno. El año pasado sólo fui invitado a tres y con el que organizo el 20 de noviembre fueron cuatro, pero en cada fiesta vi al menos a 40 personas, si cada una festejara su cumpleaños con uno hubiera podido asistir a 50; pero que me entere, solo debe haber unos 8 usuales en Morelia (me refiero a espacios donde la comida y la conversación están presentes, porque juebebes hay muchos). Así que los fandanguitos del Campamento superan con mucho a todos los que se hacen en Morelia. Una misión de los Campistas será alentar a que sus fiestas se transformen en fandangos, con sólo incluir las tablas y los músicos tradicionales estamos a la mitad; con una morisqueta y dos litros de mezcal ($800) ya financiaron su fandango. El que yo haré éste año será con boleto intercambiable, haré la invitación abierta, pero a cada asistente le entregaré un boleto, cuyo talón me quedaré, en el transcurso del año deberá invitarme a un fandango y así lo quitaré de la lista de los que no voy a invitar el año que entra; va a ver que no es lo mismo "servirse" que "servir", pero da más satisfacciones.
           El Campamento ha creado noviazgos, enemistades, desamores y no pocos encuentros sexuales, ha sido incluyente y por eso también es La Campamenta. Esas anécdotas no se pueden contar aquí, pero la memoria es más fuerte. Varios niños se volvieron adolescentes y varios adolescentes jóvenes, algunos nos casamos y otros encontraron nuevas parejas en el transcurso de los años, por eso digo que además de "aprender" artes tradicionales se tienen experiencias y éstas con el tiempo se vuelven memorias; pero la mía no es la única ni la verdadera, otras comenzarán a sonar....
            Por el momento aquí acabo la segunda parte y prometo una tercera, pero mañana....
 (29 de julio de 2019)

lunes, 13 de abril de 2020

Campamento de Verano Musica para Guachit@s, 2016




Estoy cansado, tengo la presión alta y no quiero ir a recoger el material a Copuyo; mejor sería reflexionar lo ocurrido y ver la distancia que nos separan de otros eventos que se ocupan del mismo tema. Por ahora la pregunta de ¿para qué componer nuevos sones, gustos y jarabes? Ronda mi mente. Hace 12 años negaba rotundamente y descalificaba a quienes, sin conocer los repertorios, se atrevían a "componer" música con ritmos y géneros "tradicionales", sobre todo porque eran grupos de folcloristas que habían aprendido a tocar en las peñas y querían "temas" para vender en sus grabaciones (todavía en cassette) durante sus "conciertos". Hicieron valonas sin saber que la valona tiene un carácter de albricias, antes que ser caniones "graciosas", y ni siquiera fueron décimas glosadas; algunos mas hicieron sones, que en realidad son canciones. Otros ponían el ejemplo de La Gallina, entre los jarochos, y yo argumentaba, bueno, ellos "ya conocen" bien su tradición, nosotros apenas estamos explorando, no conocemos bien los repertorios y géneros que se tocan; así que se nos fueron los jarabes que toaba don Rafael Ramírez, antes de darnos cuenta que, primero, Los Balcones de Tierra Caliente son una subregión y tienen su género musical predominante en el jarabe. Durante 10 años empezamos con El Pollo, hasta que se volvió para mí un mantra sin sentido, y éso que se propusieron nuevas coplas; pero como a Mafalda, a mí El Pollo no me gusta ni en caldo. Ahora, como bien dice don José García Abarca no creo terminar nunca de conocer las músicas de la Tierra Caliente. Hemos sistematizado un poco; sin embargo, éste campamento me mostró que ya podemos intentar enseñar a los niños a partir de crear algo propio: una copla, una melodía, ya la tradición oral se encargará de borrar lo que no sirve, no se ocupa, no gusta y dejar lo sólido para que forme sedimento con lo que llamamos arte tradicional...No todos los jarabes son lo mismo... éste tiene raspa y palomo. (26 de julio de 2016).