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sábado, 18 de abril de 2020

Tercera parte de la Crónica del XV Campamento De Verano Música Para Guachitos donde se narran las condiciones actuales y se saca la bola de cristal para ver al futuro....


La idea de implementar el Campamento como estrategia para el fortalecimiento de las artes tradicionales de la Tierra Caliente nunca se pensó tan a largo plazo, porque, de manera optimista, creíamos que rápidamente se reproducirían las acciones por otros equipos de amantes de las artes tradicionales y los niños, niñas y jóvenes pulularían; pero no fue así, tuvieron que pasar casi X años para que los Campamentos fueran replicados por el Programa de Desarrollo Cultural de la Tierra Caliente (del CONACULTA) y para que se implementaran en otros estados y lugares de Michoacán, pero en ése ínterin, logramos publicar manuales de violín, guitarra de golpe, vihuela, arpa, tambora y del fandango del Balsas, así como como diez discos (De tierras abajo vengo, El fandango del Balsas, Te vengo a Bailar, Yo le daré la vuelta al mundo, El Palomo, La Colección Música Tradicional de Michoacán: Crescenciana Borja, Los Jilguerillos del Huerto, Los Capoteños, luego con Jijos del Quiote: Los Campiranos del Sur, Balcones de Tierra Caliente), el segundo dedicado al "baile", donde los zapateados son la parte central del registro (y que ha sido poco comprendido), además de los mas generales y acompañantes de libros :...Una bandolita de oro y ...si como tocas el arpa, tocaras el órgano de Urapicho. En ellos, aparecen músicas que eran desconocidas en ése momento, como todo el repertorio religioso de las funciones de la Tierra Caliente, los toques de pífano y tambor de Cutzio, la guitarra panzona.
          También se publicaron en un libro los artículos de un coloquio (7 años después, en 2011) llamado "Temples de la Tierra", donde la mayoría de los participantes, fueron también monitores en los campamentos y usaron los conocimientos adquiridos en los recorridos de campo por la región (financiados por El Colegio de Michoacán, en su proyecto Patrimonios de la Cuenca del Tepalcatepec) para aproximar a los niños y jóvenes de la región as las artes tradicionales. Ellos han formado un equipo de investigadores interesados en las artes tradicionales de la región y han atraído a nuevos investigadores, de tal manera que de ser una zona muy explorada por investigadores, pero con pocos productos de ésos trabajos, unos cuantos artículos y discos con grabaciones de campo; a partir del 2005 las publicaciones sobre la región que realizó el equipo se comenzaron a notar: Alejandro Martínez de la Rosa, Vìctor Hernández Vaca, Alejandra Espinoza, Jorge Amós Martínez y sobre todo David Durán Naquid empezamos a compartir conocimiento en artículos, ponencias, talleres y conciertos didácticos.
           David impartió cursos den la ENDF y la AMD, pero también en otros centros escolares donde se enseñan las artes escénicas y que incluyen los montajes de artes tradicionales, apoyó durante casi dos años con clases en El Tecolote, cuando era todavía El Charco de las Ranas, y sobre todo, los instó a buscar bailadores y músicos tradicionales en los alrededores de Arcelia. Fue el primero en introducir, de nuevo, la tabla como instrumento musical, la ha cargado a toda presentación y gratamente, ha sido imitado, no sólo en reunir a música y baile alrededor de la tabla, sino en sus formas de bailar (que proceden de muchos maestros y maestras ya fallecidos). Ha publicado interesantes artículos sobre las estéticas sonoras en el baile, sobre la tabla como instrumento, sobre la forma de bailar el jarabe, los cuales deben reunirse en un libro, que hace 5 años le ruego que haga, porque permitirá a otros maestros de danza folclórica despegarse de los escenarios y aproximarse al valor del baile en la tradición.
     A partir de la investigación podemos fundamentar las acciones que emprendemos los Campamentos, en lo que toca ChanequeSon (el grupo de Música y Baile Tradicional A. C., que nunca se ha pensado como exclusivo) y en los conciertos didácticos que se presentan. La panzona, la armonía, el jarabe y los bailes de juego forman parte de las posibles presentaciones del grupo y pronto tendrán a la periquita y el arpa jarabera entre sus compañeros que han salido de las sobras del olvido para reincorporarse a la tradición viva.
        Insistimos en la necesidad de que la improvisación regrese y Gustavo ha hecho que David, Saya, Ana, pero también Gusto por el Son, Los Jabalíes y hasta El Maracumbé le entren al jarabe y el verso improvisado; pronto la décima y la valona regresarán a la fiesta en tonos líricos, reflexivos, religiosos, de salutación y alabanza, sin dejar la comicidad que conocemos como tópico casi exclusivo.
       Siguiendo el libreto del fortalecimiento del Sotavento, buscamos la construcción de instrumentos y aunque Mariano Espinoza es nuestro amigo, el conocimiento llegó por Francisco Mora, tenaz "guacamayense" (Oriundo de Guacamayas, municipio de Lázaro Cárdenas), quien ha aprendido a construir instrumentos con familias de Paracho, como los Pacheco, y con el señor Salinas en Morelia, quien nos guió en la compra de herramientas y materiales para producir la primera guitarra sexta de Los Ciruelos, donde algún día saldrán instrumentos con "etiquetas verdes", producidos con maderas que reforestarán El Astillero y que de manera sustentable, serán cortadas para producir instrumentos musicales de la región: arpas, guitarras de golpe, vihuelas, armonías, tuás, tamboritas, tablas para bailar, violines, chelos y bajos.
         Los propios Ciruelos y El Astillero conformarán el Centro de Investigación para el Desarrollo de la Tierra Caliente, que será una estación de investigación primero, luego un espacio para ofertar diplomados a jóvenes egresados de la UMSNH y otras universidades que quieran estudiar con una perspectiva de Desarrollo Sustentable y con Participación Comunitaria; quienes brindarán talleres de formación a las personas de la región de Tzitzio, Tuzantla, Tiquicheo, Carácuaro y Nocupétaro, donde se encuentran algunos de los municipios más pobres de Michoacán (y del país).
       Tendrán asilos estudiantiles para que jóvenes de la región se formen como licenciados en Desarrollo Social Comunitario, en Educación de las Artes Tradicionales, Etnolaudería y en Trabajo Social y Salud Comunitaria; pero también en maestrías como Arquitectura Tradicional Comunitaria, Ecología para la Sutentabilidad, y Sociología Rural. Las cuales serán interinstitucionales entre la UMSNH, UDCM, UIIM, UNAM y la UG (no descarto a las Benito Juárez, en cuanto sepa cómo funcionan). La Responsabilidad Social Universitaria dejará de ser ideas de escritorio y se volverá acción real inmediata.
         Entre el cuerpo de docentes tendremos a varios campist@s y los campamentos serán sólo una acción entre cientos que ocurrirán en ése antiguo asentamiento matlatzinca que fue San Pedro Ixtapan Copuyo.
          Así que para tan grandes sueños lo que nos faltan son manos e inteligencias; necesitamos que esos que están apenas saliendo de la universidad vayan a los posgrados, que los que van a entrar a prepa busquen perfiles que embonen, y sobre todo, aquellos que ya son investigadores en universidades regresen, pero no a enseñar El Pollo, sino a gestionar y crear sinergias.
       Aquí ya nos separamos de los "jarochos" (aunque ya abrieron su licenciatura en laudería tradicional), porque NO QUEREMOS UN MOVIMIENTO MARIACHERO, no queremos que los niñ@s se conviertan el Folk stars que vayan de escenario nacional en escenario nacional, o internacional, o que salgan a "DIVERTIR BORRACHOS" (en cantinas de pueblo, en "Festivales culturales" o "Conciertos internacionales", para eso ya hay muchos y no porque sea "deshonroso", como pensaban las mamás de antes, sino porque imagino futuros plenos para ellos en la labor comunitaria (Utopías quiroguiana, moreliana, y cardenista).
        Aquí oculto la bola de cristal y medito los consejos que les daré a los nuevos promotores... afilen bien sus cuchillos, porque vamos a carnear....

Aquí comienza la segunda parte de la Crónica del Campamento de Verano: "Música para Guachit@s" con útiles consejos para sus continuadores.

La primer transformación de objetivos fue dejar de "formar" músicos y bailadores", para volverlos "del gusto", pero luego nos dimos cuenta que el gusto no es suficiente si se piensa en la salvaguardia de una tradición, porque un niño aficionado en una familia no puede hacer que los fandangos sustituya a las fiestas familiares, ni que el papá de la Quinceañera contrate un conjunto de música tradicional, entonces nos llegó la idea de formar "promotores", lanzamos una convocatoria en el XIII para realizar previamente un Diplomado de Promoción y Gestión Cultural Comunitaria, de nuevo, pensando en que con el pago de los asistentes financiaríamos el costo del Campamento, sin embargo, otra vez sólo tuvimos a los amigos y salimos tablas con su alimentación, y tuvimos que "invertir" en el Campamento. Ahora que vemos como Fundación Azteca de Salinas pliego nos roba impuestos y paga los suyos a través de las orquestas infantiles y juveniles, me pregunto qué haríamos los promotores "independientes" con ése dinero? Aunque fue un fracaso económico, fue un éxito el campamento, pues los amigos se encargaron de sobrellevar el peso que implica. Al principio, hacíamos todo todos los mediadores: manejar llevando útiles y catres, armar el campamento, cocinar, "enseñar", tocar con los músicos tradicionales, etc., con el tiempo y la llegada de amigos que vieron en ésta acción cierta permanencia, el "descanso" aumentó, pero no como quisiéramos, todavía el viernes: limpié por segunda vez, dos botes llenos de caca, de las letrinas, los enterré, quemé la basura, fui por 8 garrafones de agua, con otros cuatro formamos una línea y llenamos los dos tambos para las cocineras, hice tres zanjas para que el agua no dejara resbaloso el camino, sembramos 10 codos de citronela, que espero ahuyenten los moscos un poco (Copuyo es: "Kupuio", lugar de moscos en purépecha) y sólo entonces pude regresar a Morelia a celebrar el cumpleaños de Verónica.
                 No se trata de adornar aquestos relatos, sino porque los niños, niñas y jóvenes aprenden con el ejemplo, si yo me siento, no puedo "mandar", manda haciendo y éso permite una convivencia mejor; por ello siempre pedimos que les den las gracias a las cocineras y en algún momento, les tocamos un rato en la cocina, porque antes había el "fandango de las cocineras", cuando la fiesta era para ellas, ya que se la habían pasado trabajando y sin disfrutar. Tratamos siempre de que los niños, niñas y jóvenes piensen ¿quién trabajó para que yo disfrute? Aunque nos acabemos 10000 litros de agua, todos lavan sus trastes y todos colaboran de alguna manera, unos más que otros a la convivencia; los hay que se sientan y quieren que les lleven las sillas, motivo por el cual corrí a los hijos de una maestra y tuve un disgusto con un padre pendejo que pensaba que esto era algo "gratis" y que nos pagaba la presidencia, motivo por el cual siempre aclaro que sale de nuestros bolsillos y que les regalamos nuestras vacaciones a sus hijos; no obstante veo que los padres que acompañan a sus hijos sólo lavan "sus platos" y los de "sus hijos", lo cual nos da una idea del nivel de individualidad en el que vivimos. Ésta es la razón por la cual tenemos que cambiar los objetivos, no se trata ya de lograr "músicos" o "amantes de la música de la Tierra Caliente", ni de crear "promotores" sino de ayudar a que sean "buenas personas", empáticos con los demás, conscientes de sus acciones y de que estas los llevan a situaciones que no quieren vivir, como ser corridos del campamento y trabajar para ganarse el derecho de permanecer en él, porque aunque lo he narrado como una "escuelita", es más un espacio de camaradería, en el río, en las anécdotas después de comer, en la alegría de tocar, y que suene bien, de hacer versos curiosos y hasta profundos, de enseñar al amigo que te pedorrea en las noches o grita en sueños.
             Este trabajalal a veces recibe las "sugerencias" como insultos, porque la gente no ve lo que hay detrás y sugerencias como ¿por qué no hay niñas? Duelen como puñales: primero porque no es la ciudad, aquí el oficio de la música "no es para las niñas", porque los talleres que implementamos con ellas iban funcionando y dejaron de ir, aunque varias se quedaron, y porque proyectos para hacerlo sólo de niñas no han sido apoyados... pero que tal si lo planeamos y lo implementamos el año que entra? Ahí hay un reto para quienes tomaron el cuchillo y cortaron la rebanada de pastel comprometiéndose XV años para que el Campamento De Verano Música Para Guachitos llegue a los 30; tomar el cuchillo, cualquiera, sostenerlo va a ser cansado; pero ustedes están a mediar sus 20's y ya llegarán a sus 50 cuando dejen en manos de otros esta acción o la multipliquen en una red de campamentos.
            Por lo pronto, a los XV regresaron los que andaban entre 12 y 15 cuando fueron a su campamento, se vieron sin panza, sin barba,con granitos; los chicos vieron a sus maestros cuando no sabían "bien", vieron algunas folkstars locales y nacionales, recordaron amores que ahora son viejos y que entonces fueron de verano. Algunos decidieron aceptar el reto y realizarán el XVI, otros fueron a beber y gustar del fandango, que como les he dicho reiteradamente, no es el eje central ya del campamento, pues cuesta mucho trabajo y dinero (para quienes invertimos en él, aunque una bicoca para las autoridades), para realizar una fiesta.
            El fandango está regresando a espacios urbanos, pero todavía no se entiende el sentido colectivo que tiene, muchos van a los fandangos, pero pocos los organizan, es decir invierten económicamente en ellos; la mayoría va a beber y comer "gratis", algunos ni su seis de chelas llevan, y casi ninguno retribuirá organizando uno. El año pasado sólo fui invitado a tres y con el que organizo el 20 de noviembre fueron cuatro, pero en cada fiesta vi al menos a 40 personas, si cada una festejara su cumpleaños con uno hubiera podido asistir a 50; pero que me entere, solo debe haber unos 8 usuales en Morelia (me refiero a espacios donde la comida y la conversación están presentes, porque juebebes hay muchos). Así que los fandanguitos del Campamento superan con mucho a todos los que se hacen en Morelia. Una misión de los Campistas será alentar a que sus fiestas se transformen en fandangos, con sólo incluir las tablas y los músicos tradicionales estamos a la mitad; con una morisqueta y dos litros de mezcal ($800) ya financiaron su fandango. El que yo haré éste año será con boleto intercambiable, haré la invitación abierta, pero a cada asistente le entregaré un boleto, cuyo talón me quedaré, en el transcurso del año deberá invitarme a un fandango y así lo quitaré de la lista de los que no voy a invitar el año que entra; va a ver que no es lo mismo "servirse" que "servir", pero da más satisfacciones.
           El Campamento ha creado noviazgos, enemistades, desamores y no pocos encuentros sexuales, ha sido incluyente y por eso también es La Campamenta. Esas anécdotas no se pueden contar aquí, pero la memoria es más fuerte. Varios niños se volvieron adolescentes y varios adolescentes jóvenes, algunos nos casamos y otros encontraron nuevas parejas en el transcurso de los años, por eso digo que además de "aprender" artes tradicionales se tienen experiencias y éstas con el tiempo se vuelven memorias; pero la mía no es la única ni la verdadera, otras comenzarán a sonar....
            Por el momento aquí acabo la segunda parte y prometo una tercera, pero mañana....
 (29 de julio de 2019)

Un cambio generacional: de la grabación a la experiencia del escucha


Afirmaría que somos una generación no sólo por compartir un rango de edad y un interés en las músicas de tradición oral; tenemos una banda sonora similar, cada uno con más o menos músicas populares en su gusto musical, más o menos músicas de concierto, chirrines, marisqueros, tropicales, sonideros, rupestres, folclóricos, poperos, mariachis, punketos, banderos, darketos, gruperos, mexicatiahuis....Ese panorama sonoro formó nuestras escuchas, nuestro gusto musical, y se convirtió en aspiraciones estéticas cuando tocamos o queremos registrar: sonar como o no sonar como; dirige nuestras “grabaciones de campo”, rudimentarias o no... más graves, menos agudos, seco y sin efectos, o con efectos y sentido sorraund...
Grabadora de Vinilos

        He podido hacer algunos discos de distribución restringida y aunque alguno de ellos se reproduce como “pirata” en los puestos ambulantes de los Balcones (por Ario, Tacámbaro y Turicato), otro que tiene puros “zapateos” no es aceptado por nadie en Huetamo, y otro, con danzas de la Sierra Costa Occidental, fue sacado del mercado por los ruidos que un micro con un falso metió (que ahora sé cómo eliminar, pero que lamentablemente quedó en el disco).... Hay grabaciones que son “documentos” que sólo algunos especialistas disfrutan, pues el scratch y el pop son insistentes...En cierta ocasión sabiendo que había unos ejemplos en una universidad del cono sur de mis grabaciones, pregunté a un encargado del acervo que le parecieron y su sinceridad fue para mí desoladora: ..MIERDA, claro que elaboré una explicación sobre esto: y tiene que ver que ellos siguen atrapados en la sustitución folclorista de los “cultivadores”, a quienes no consideran capaces de presentarse en escenarios, y por ello necesitan de intermediarios con el público. No obstante, las grabaciones responden más a momentos en los que consideraba importante hacer el registro, como si no hubiera mañana y la desaparición de ciertas prácticas fuera inmediata; por ello, no son “disfrutables”, en el sentido estético del escucha acostumbrado a sonidos familiares, atmósferas sonoras que se ligan con valores morales y sentimientos sitematizados.
Grabadora de carrete
          En otros momentos he comentado que inicié con un culto a la grabación, transmitido como valor por las generaciones precedentes; de Yurchenko a Contreras, pasando por Hellmer, Macías, Villanueva y Martínez (Alejandro, aclaro jajaja), la cual se transmitió con vigor dentro de mi propia generación; pero, gracias a Carlos Ruiz, reacio a dar a conocer sus registros y a cuestionar la fetichización del disco, ahora ni siquiera llevo grabadora cuando voy a una situación performativa de interés (por ello, luego me doy de topes y se la miento a Carlos, jajaja pero eso es otro boleto). Tal “suficiencia” se debe a que considero conocer mejor al Sistema artístico performativo de la Tierra Caliente, al que me he dedicado durante más de 15 años; pero siempre sale la copla o la pieza desconocida que permite llenar las estampitas faltantes y comparar con otras regiones.
          Ahora entiendo que mi propia grabación es “historiable”, por varias razones: primero porque pertenece a una “generación” donde los recursos tecnológicos facilitaron los registros “fieles” en dispositivos digitales, disminuyendo tamaños, aumentando la independencia y movilidad de la batería, hasta popularizarlos; lo cual permitió grabar sin que los dispositivos influyeran demasiado en los preservadores; la posibilidad de hacer cientos de registros a bajo costo hizo que la “selección” de lo “digno de registrar” tuviera menos criterios restrictivos; pues antes había pensar ¿qué y cuánto tiempo registrar? ahora se graba y luego se reflexiona sobre el contenido. Lamentamos que sólo tengamos entre 50 y 60 grabaciones del son de arpa tamboreada de Sinahua, con el conjunto de Zicuirán y El Lindero; pero una sola persona (yo por ejemplo), debo tener más de 7 horas de registro (aunque no necesariamente con repertorio “desconocido”, para nosotros).
         La historicidad de mis grabaciones está en que mis “intereses” han cambiado: desde pensar que todo necesita registrarse, porque puede ser la única evidencia futura de algo; hasta descubrir que el registro es azaroso, en muchos sentidos, que si se hizo bien y si no pues ni modo; mi propia palabra y experiencia son ahora testimonios fidedignos, aunque suene cada vez más a “viejito” fuente: -¡Así era en mis tiempos, cuando yo lo escuché! De esas grabaciones algunas tienen ficha mínima y hasta ensayo, cuando se trata de las que salieron en disco, y otras están en cassetes, minidisk, CD y archivos de computadora, sin que las recuerde; quedarán para que un futuro Camilo Camacho le dedique horas de escucha para saber quién diablos toca. Tal vez entonces se socialicen y vinculen con otras que Alejandro Martínez de la Rosa, Ysrael González, David Durán, Martín Dagio, Yasbil Mendoza y Mariano Herrera, por decir algunos, hicieron a veces al mismo tiempo, desde otros puntos de la misma fiesta, con otras caracterizaciones en los controles de grabación, algunos en video; lo que permitirá incluso hacer un recorrido sonoro por el espacio festivo del fandango en el futuro (si a si se decide).
Grabadora digital
          En ése trayecto se incorporaron a la región otras escuchas, con “mayor oído” y “oficio musical”, crearon sus registros desde su propia condición e historicidad, tanto generacional como individual. Ello derivó en dos propuestas: tocar “el estilo”, reproducir de manera fiel (o con esa intensión) la música, aunque los contextos ya no lo fueran, tocar “como en el disco”, para audiencias que ya gustan de las canciones y corridos, que son ya otros entornos sonoros. La otra fue pensar en que, como tradición viva, nada “se pierde”, ni se “rescata”; pero se puede ayudar a que la población joven de la región decida qué preservar, según sus necesidades y contextos; así que, algunos de mi generación implementaron talleres que tienen ya a varios niños, niñas y jóvenes tocando su tradición musical; aunque eso del “estilo” sea cuestionado por los performadores más hábiles, que no son de la región; sin embargo, siendo “su tradición”, los jóvenes decidirán si las técnicas de ejecución a emplear son las que se enseñaron en los talleres, las que escuchan en los registros de los dos conjuntos grabados, o desarrollan las propias; seguramente sus repertorios incluirán más canciones, corridos y hasta cumbias, géneros que los grupos de folcloristas, que por el momento tocan en las fiestas locales, no quieren interpretar. Este grupo sigue influido por la generación anterior, que tenían en los registros de campo su justificación de estar en la fiesta y existir como folcloristas.
           A diferencia de la generación precedente, aunque se guste y se conozcan varios géneros musicales (sobre todo entre quienes crecieron en las grandes ciudades: México y Guadalajara), hay un interés por un Sistema performativo en específico (sobre todo por origen o afincamiento). Todavía hay grupos de folcloristas que tocan “música tradicional mexicana” y que recorren el país comprando dotaciones instrumentales diversas para tocar un par de piezas, por región, en programas escénicos de una hora; sin embargo, cada vez más hay grupos de folcloristas que interpretan repertorios de Sistemas performativos minoritarios o desconocidos, como la “canción cardenche" o el corrido suriano.
         En el pasado, los folcloristas no se interesaban en fortalecer las tradiciones que interpretaban, tal vez porque el Estado tampoco tenía políticas públicas para ello; en la actualidad los PACMYC, FOESCA estatales, FONCA, México en escena, están interesados en formar públicos y se convierten en opciones para hacer música con apoyo estatal, e incluso como “salario” para sostenerse. Los talleres, cursos, diplomados, certificaciones, se multiplican y los espacios para las artes performativas de tradición oral se trasladan de las cantinas, las fiestas patronales y familiares a las casas de cultura, festivales, inauguraciones de eventos culturales, en planteles educativos de todos los niveles. Muchos grupos de folcloristas se interesan en realizar grabaciones de sus propias interpretaciones para promoverse y, por tanto, sus criterios estéticos se materializan en grabaciones que muestran “cómo quieren sonar”, o “cómo los hacen sonar” los ingenieros de sonido. Los grupos de folcloristas más antiguos, incluso se aventuran a la “composición” de nuevas piezas, que, como propuestas de “actualización”, se incorporen a los repertorios del Sistema artístico performativo al que se adscriben.
           Nuestra generación ha desplazado, como medio de aprendizaje individual, al oído y la memoria; y como espacio social del disfrute: el evento performativo, a la escucha repetida y solitaria de grabaciones. Los contenidos aprendidos se reducen a “lo musical”, pierden los contextos sociales que los enlazan con la región, las actividades productivas, los imaginarios, la sociedad local y se resignifican en los contextos urbanos, atendiendo a sus cualidades “estéticas”, que se imaginan intrínsecas”, y a los chovinismos regionales identitarios. La música suena para disfrute del individuo, sobre todo en los espacios más íntimos mediante las grabaciones, para afirmar su identidad, pero cada vez menos en contextos sociales donde la experiencia estética es colectiva y efímera; la grabación ha favorecido esto.
           Al iniciar mi interés en las artes tradicionales performativas de la Tierra Caliente, mis experiencias de campo eran prácticamente nulas. “Perdía” mi tiempo realizando grabaciones que luego escuchaba fuera de contexto; aunque quería “compartir”, los sonidos producidos en ésos espacios sociales, estaba lejos de hacerlo; hasta hace poco comprendí que, así como ciertos sistemas de grabación y reproducción sonora están impedidos de registrar aspectos de la música, como los armónicos, también lo están de captar el olor, la temperatura, o el ánimo de las personas. La grabación “aproxima” a la experiencia festiva, pero no la sustituye. Aunque estaba en el lugar no me percataba de lo que sucedía a mi alrededor, no hablaba para no arruinar mi grabación, me movía poco y en silencio, “desaparecía” de la fiesta y mi vivencia quedaba supeditada a la grabación. No podía entonces aproximarme a la experiencia liberadora del fandango, cercado por la libreta de notas y la grabadora, intentando no olvidar… lo que no iba a recordar…
        El problema sigue presente ¿Cómo compartir la experiencia estética colectiva con otros individuos? El objetivo es usar el disfrute y el gozo para fortalecer al Sistema de las Artes Tradicionales de una región, para que sus situaciones sociales performativas se mantengan y se amplíen sus potenciales preservadores. El fandango, la función, la cuelga, los pasacalles son situaciones sociales performativas que cada individuo debe vivir con una actitud abierta para que, desde su propia experiencia, añorante, gozosa, catártica, triste, cualquiera que sea ésta, menos la indiferente, sirva de referente y aliento para involucrarse como espectador, acompañante, cantador, versero, tamboreador, bailador y músico, o varias de éstas. Si el interés debe sustentarse en la experiencia, entonces la grabación puede ser un vehículo para la memoria y la evocación; sin embargo, no consigue ser el único referente, ni es la mejor herramienta mnemotécnica. Aunque la foto es de una charla sobre la experiencia de “retornar” grabaciones a las comunidades descendientes de los performadores y preservadores que las realizaron, desde los archivos fonográficos centralizados, creo que la acción no es un fin sino un medio y no puede detenerse ahí.
      Durante varios años he conversado con artistas tradicionales de la Tierra Caliente, la Meseta y el Oriente de Michoacán, la mayoría no tenía un buen nivel de lecto-escritura, o eran analfabetos, su conocimiento musical era o es de tradición oral; en muchos casos su memoria era prodigiosa. La mayoría aprendieron primero la parte rítmica, a tamborear, a bailar, luego a afinar, a tocar y el repertorio para interpretar a partir de ejercitar su capacidad de recordar; escuchar un sonido primero, un intervalo entre sonidos, recordarlos y reproducirlos en su instrumento; pero los momentos en que podían escuchar la música o bailar eran escasos y para ellos valiosos. Una tonada o una copla se mantenían en las memorias de los asistentes a partir de las experiencias colectivas y las vivencias subjetivas; su valor social era alto. A partir de entonces, experimento con mi propia experiencia; evito escuchar músicas grabadas, si bien compro discos, que escucho una vez; intento acrecentar mi habilidad de identificación, registro y memorización, justo porque me gustan mucho esas tradiciones musicales que fueron puestas en soportes físicos.
         En las generaciones recientes, incluida la mía, el valor de la memoria ha decaído. La búsqueda de información se ha facilitado y las “respuestas” se obtienen rápido. El esfuerzo no tiene un valor social alto y se prefiere la eficacia a la eficiencia. La lógica de una sociedad, que ha sido amedrentada continuamente por la violencia, ha incorporado, en el discurso, cuando menos, el ideal de una “vida fácil”. El objetivo aparente es lograr el disfrute hedonista, sin esfuerzo individual ni social.
        La propia escuela ha transformado su sistema de evaluación y prefiere alentar las habilidades y competencias sociales del individuo, lo cual no está mal en una sociedad capitalista, que ve los derechos individuales sobre los sociales; pero no para las sociedades rurales que se rigen por tradiciones y son fuertemente colectivas. Tales disposiciones oficiales se han entendido entre los docentes como la “no memorización” y la no “reprobación”, considerada como discriminatoria. La mayoría de los niños que asisten a los talleres no tienen una motivación propia y carecen de disciplina e interés para lograr metas que no son las suyas; ello convierte a la educación formal en un obstáculo para entender a las artes performativas tradicionales y reduce las posibilidades de “éxito” de los talleres de iniciación artística, que necesitan, además, de mediadores que generen primero experiencias de vida en los asistentes, formen “públicos”, o con palabras de la tradición: “gente del gusto”, para que algunos con mayores habilidades o empeño, logren iniciarse en una práctica artística. Las grabaciones con músicas tradicionales se han visto como un medio para lograr “atraer” a los interesados, formar públicos y apoyar la ejecución musical; sin embargo, los objetivos de las grabaciones son disímbolas: en unos la “calidad sonora” es mala porque se prefiere el “documento”; en algunas producidas por la industria fonográfica se exacerba el virtuosismo, lo que las vuelve difíciles de entender, descifrar al intentar tocarlas por aquellos que inician; en otras, las propuestas sonoras incluyen dotaciones instrumentales, ritmos o fusiones con otras músicas, lo que vuelve difícil enseñar una tradición, que en sí misma tiende al canon de un repertorio acotado; la mayoría tiene líricas que son lejanas en temas, épocas y vocabulario, de lo que dicen y piensan los jóvenes aprendices; además, estas grabaciones “compiten” por el “gusto” de los individuos con músicas y propuestas sonoras de más fácil acceso, aquellas que están en los medios de comunicación, por ejemplo.
            Creo que, en cierto momento, la grabación es un obstáculo para el aprendizaje del Sistema performativo de las artes de tradición oral de una región, sobre todo porque tienden a convertirse en un canon, cuando no lo son. Cada grabación es un registro de una variante posible, la solución única para un momento social, un contexto, por un grupo de músicos; no son raros los ejemplos en los que, las condiciones de grabación, impusieron modificaciones en tiempo, lírica, frases melódicas, ritmos de los registros, los que, en su contexto performativo, se realizan de otra manera: valonas con sólo dos o tres décimas y sin despedida, por ejemplo.
          Los discos grabados con fines de comercialización, contienen registros de músicos destacados socialmente: por sus habilidades interpretativas; los artistas que lograron entrar a los estudios de grabación, en el sistema individualizante de las industrias culturales; sin embargo, no siempre habilidad interpretativa coincide con habilidad performativa, pues una tiene el acento en el “artista” y la otra en la relación que éste tiene con el “escucha”, el público y otros artistas con los que colabora. En un contexto comunitario, el músico no es un concertista, es un acompañante de los bailadores y los cantadores, no actúa sólo, no necesita “lucirse” o mostrar sus habilidades de ejecución, debe ser empático y apoyar las ejecuciones artísticas (el performance) de los asistentes, sus copartícipes en la fiesta, es artista de y para la comunidad, no desde el escenario para la comunidad.
          Las grabaciones con fines de comercialización son un obstáculo para los aprendices más jóvenes, no son un instrumento adecuado para lograr la memorización de frases musicales, muchas veces despojadas, por los mediadores de los tallerse, de adornos y esbozadas de manera sencilla para los que inician; pero además, usarlas de manera indiscriminada hace que algunos aprendices consideren un objetivo aproximarse a la interpretación y la convierten en un canon, un modelo a seguir; así que, de manera indirecta, distancian a los aprendices de los músicos menos hábiles en la ejecución, pero con un buen performance o con conocimientos amplios sobre el contexto, de repertorios poco preservados o antiguos y que son los verdaderos modelos a seguir.
         Entonces, la grabación necesaria para los talleres debe contener apoyos para el nivel del aprendiz: de cada instrumento de la dotación: afinación, registros (pequeñas frases melódicas usadas para probar la afinación), escalas y ejercicios, frases musicales de las piezas más sencillas, ejecución en ensambles. Una vez iniciados los aprendices en la ejecución, se les pueden proporcionar grabaciones de versiones distintas (por regiones, por grupos musicales de distintas generaciones) de algunas de las piezas usadas; el objetivo es mostrarles que existe una diversidad en la ejecución de las artes performativas, aunque pertenecen a una tradición compartida; pero, como muchas de éstas provienen de grabaciones de campo, es necesario que conozcan los objetivos de cada registro, las restricciones tecnológicas en los momentos en que fueron grabadas, los intereses de los colectores, los espacios en que se resguardan, así como las historias de vida de los intérpretes, los cambios en las dotaciones, las técnicas de ejecución, las formas musicales, líricas y dancísticas.
          Las grabaciones de los grupos comercializados, por las industrias culturales, deben ser para las últimas etapas del aprendizaje en los talleres, no sin advertir que éstas fueron “transformadas” de acuerdo a los criterios de estética de los ingenieros de sonido y productores de las industrias culturales. Los cambios más evidentes son la restricción en tiempo, pues usualmente las grabaciones comerciales duran sólo tres minutos, lo que, en consecuencia, limita las figuras, las frases musicales, las coplas, muchas de ellas, además, en relación con el baile, que fue escindido de las grabaciones sin entenderlo como elemento rítmico en diálogo con la música. Es necesario explicar cómo dichos criterios cambiaron con el tiempo y las transformaciones tecnológicas, como la popularización de los estudios de grabación permitió a los folcloristas tener mayor control sobre las producciones fonográficas en las que participaban; con ello hubo de nuevo cambios: el tiempo de las piezas musicales se alargó, lo que trajo la posibilidad de reducir el tempo de ejecución, alargar las figuras, las frases musicales, incorporar más coplas; luego, componer coplas, reintroducir instrumentos en desuso, géneros musicales y recuperar repertorio preservado por algunos músicos, para terminar reintroduciendo el sonido percusivo del baile.
          Aunque es imposible saber si los chicos escucharán las grabaciones en el orden sugerido y estarán atentos a las indicaciones; incluso aquellas que les pedirán, en algún momento, que trasladen su necesidad de escucha a la memoria, justo cuando se han estado usando constantemente grabaciones para enseñar los repertorios de la tradición, y la grabación comercial los invita a la escucha individual hedonista, es probable que algunos repitan los procesos y sean hábiles performadores de su tradición en contexto. Para ellos las grabaciones ya no tendrán sentido: ni como medio de aprendizaje, ni como medio de disfrute individual; pues con las habilidades desarrolladas buscarán experiencias estéticas en comunidad, en los momentos destinados para ello, los cuales serán cada vez más frecuentes y así, los nuevos “en el gusto” tendrán muchas oportunidades de aprender.
         Espero que mi generación sea de las últimas en consumir músicas tradicionales grabadas y sea la transición a unas renovadas “tertulias” soneras, fandangos, cuelgas, funciones, velaciones y velorios, pasacalles y demás espacios sociales cotidianos, y extracotidianos, para las artes tradicionales performativas, que justo en su existencia efímera, cobran sentido.
(25 de junio de 2018)