Tuxpan fue un pueblo indígena cercano a Tecalitlán (ahora es una pequeña ciudad), que ha sido una capital cultural de la región, pues su sistema de gobierno tradicional ha necesitado a muchos músicos para mantener el ciclo ritual; es reconocido regionalmente como “un pueblo de músicos”. Es probable que desde el periodo colonial existan linajes musicales que han tenido conocimiento y práctica de la lectoescritura musical, por lo que hay muchos individuos que ejercen la docencia formal e informal de los conocimientos de teoría musical, sin que necesariamente sus actividades laborales sean exclusivamente las musicales, en particular oficios con actividad manual intermitente, como la peluquería y la sastrería.
Un ejemplo de esa costumbre de combinar actividades es don Ramón Ramírez Rosales, nacido un 13 de diciembre de 1918, quien vivió más de 105 años, fue sastre y músico, oficios que aprendió con su tío Juventino Rosales Munguía, quien también lo era.[ “Felicitación a don Ramón Ramírez Rosales”, Tuxpan Cultural, Facebook, 13 de diciembre de 2023.]
La década de los años 20 del siglo XX fuer convulsa políticamente por el reparto agrario y la insurrección cristera, que llevó la violencia a las zonas rurales de la Sierra del Tigre y de Santa María del Oro, por lo que una parte de la población abandonó los ranchos y haciendas y se refugió en los pueblos, entre más grandes mejor. Tecalitlán no fue la excepción, pues además de tener a cristeros en sus inmediaciones había guardias blancas de los hacendados, que buscaban inhibir el reparto agrario; por lo que la violencia se podía desencadenar en cualquier momento y el trabajo musical disminuyó, lo que afectó sobre todo a quienes trabajaban también como peones agrícolas y vaqueros.
Este fue el caso de la familia Vargas, quienes como músicos de arpa grande no pudieron participar en los “combates” por las cosechas, ni en los “rodeos” de vacas, o hacer “desmontes” para la siembra en las laderas de los cerros para el autoconsumo; por lo que irse a pueblos más grandes, con cierta estabilidad económica y política les garantizaba el poder subsistir con la música.
Silvestre Vargas tocaba el violín desde 1913, incluso tocó formalmente con el mariachi de su tío abuelo Hermenegildo Vargas, arpero, antes de incorporarse por temporadas con el de su padre Gaspar; pero la situación económica no era halagüeña. Es por ello que se mudó a Tuxpan, para aprender el oficio de la sastrería y algo de lectoescritura musical, como dijo su hijo Rodrigo, a Tuxpan Joven:
"A mi papá siempre le gustó Tuxpan, el vivió allá en 1921, cuando estudió con el maestro Ismael Alcaraz Correa, estudió música y sastrería, y le gustó mucho, ya luego regresó desde septiembre del 76 hasta febrero del 81".
El joven “maestro” Ismael tenía 27 años en 1921, era casi de la edad de Silvestre. Nació el 17 de junio de 1894, en la familia “no indígena”, formada por Bartolo Alcaráz, comerciante, y Leonila Correa.
"En Tuxpan 20 de junio de 1894 bauticé a un niño que nació el día 17 del presente a quien le puse por nombre José Ismael, hijo legítimo de Bartolo Alcaraz, y de Leonila Correa, abuelos paternos Hilario Alcaraz y Romualda Herrera, maternos José Encarnación Correa, y Rafaela Salvatierra, padrinos Tomas Rodríguez y Donaciana Manríquez, casados".
Esta identidad registrada como “no indígena” es ambigua, pues en otros actos civiles los registros le colocan como “indígena”; se trata más de la percepción momentánea de quien hace la anotación. El escribiente o secretario de juzgado tiene un conocimiento de la sociedad local y regional, está atravesado por prejuicios sociales y étnicos, que han construido jerarquizaciones sociales basadas en varios rubros. Uno de los aspectos para clasificar a las personas mediante la percepción visual, la mirada, es la “apariencia”. Esta se divide en una fenotípica, donde estaría el tipo de cabello, el color de la piel, la forma del rostro, los ojos, la nariz, los labios, los pómulos y el mentón, que se “heredan” por el linaje familiar, que el escribiente “conoce” localmente; y otra sociocultural, a partir de la ropa y la parafernalia que usa, que son elementos culturales y de estatus social visibles e interpretables para quien mira y registra. Menos evidente es el conjunto con formas gestuales, posturas corporales, proxemia y actitudes de porte, que también son de carácter cultural, y permiten entender cruces de lecturas entre rostro, linaje, indumentaria, usos corporales, para la clasificación etnoracial en las actas del Registro Civil.
A decir de don Silvestre Vargas, en entrevista del 20 de marzo de 1971 para El Informador, de Guadalajara, por el año de 1915, junto con don Albino Torres, pianista, nacido en Tuxpan y que desarrolló su vida musical en Zapotlán, y don Ismael Alcaráz, “integraban un terceto que interpretaba las melodías entonces en boga”.
En plena Revolución mexicana y en un pequeño pueblo del sur de Jalisco, es probable que la música de moda fueran corridos, marchas, y la naciente canción mexicana, que dialogaba ya con las músicas internacionales como el danzón, el bolero y la guaracha, caribeños, con los españoles como el cuplé y la zarzuela. El vals, los chotises, las polkas fueron apropiados por compositores mexicanos quienes componen muchos en la segunda mitad del siglo XX. Compositores como Miguel Lerdo de Tejada y Manuel M. Ponce, letristas como José F. Elizondo y Antonio Zúñiga, van a crear la canción mexicana, que en los años 40 se volverá “ranchera”.
El 29 de julio de 1935 el presidente de la república, Gral. Lázaro Cárdenas, hizo una visita a Tuxpan, Jalisco, para escuchar las necesidades de la población; después de la comida,
"Un mariachi de este lugar dirigido por el profesor Ismael Alcaraz, amenizó la fiesta, mariachi que sin temor a equivocarme, es de los mejores de Jalisco formado por elementos competentes, quienes vestidos de charros deleitaron con sus alegres sones regionales al señor Presidente de la República".
Escribió el corresponsal de El Informador, de Guadalajara. Sería interesante recuperar la historia de este mariachi del “maestro” y compañero de serenatas de Silvestre Vargas, en Tuxpan.
Don Ismael se casó “grande”, a los 46 años, el 15 de noviembre de 1940, con María Refugio Aguayo Parra, de 23 años. Entre sus testigos, a quienes podemos suponer cercados, además de un médico, un empleado público y un agricultor, estuvo Luciano Valdespino, soltero de 43 años, “filarmónico” lo que evidencia la práctica musical del sastre Alcaráz.[ Archivo del Registro Civil de Jalisco, Tuxpan, Matrimonios 1940, acta 66, 15 de noviembre de 1940, matrimonio Ismael Alcaraz Correa y María Refugio Aguayo.]
Tuvo varios hijos e hijas, su hijo Bartolo murió de “cardiopatía congénita”, recién nacido, el 9 de octubre de 1946, en la casa número 43 de la calle 20 de Noviembre; en el acta el aparece como “comerciante mexicano, de raza indígena de 52 años de edad, originario y vecino de este lugar”. Interesante que aquí se el escribano registra “de raza indígena”, pero como hemos mostrado, no tiene que ver con la etnicidad que el propio personaje asumiera.
Aunque se casó ya mayor, Ismael Alcaráz tuvo relaciones en su soltería, una de ellas con Josefina Ríos, de quien nació su hija Lidia Alcaráz Ríos, “mestiza”, casada el 12 de abril de 1948, en Tuxpan, con Roberto Melchor, “mestizo” de Zapotiltic.[ Archivo del Registro Civil de Jalisco, Tuxpan, Matrimonios 1948, acta 33, 12 de abril de 1948, matrimonio Roberto Melchor Guzmán y Lidia Alcaraz Ríos.] Entre los testigos está Andrés Damian, o Dimas, casado, locero de 28 años.
En los registros aparece el señor Alcaráz como “comerciante”, y no especifica en ¿cuál ramo?. por don Silvestre suponemos que era sastre, pero, al parecer, se dedicó más a la venta de “loza”, pues varios “loceros” aparecen como sus testigos en los actos civiles. A su muerte, en la nota necrológica, podemos leer:
Muchos años se dedicó, juntamente que a su oficio, al comercio de su tienda instalada al final de la avenida 20 de Noviembre, en que vendía ollas de barro, cazuelas, platos y jarros y a la vez el tepache sabroso que fabricaba de piña.
Otro negocio no tan “visible”, y mas redituable fue el agio, pues prestaba dinero a rédito; lo que le trajo la mirada del crimen de su región. El primer robo que sufrieron fue en marzo de 1965, cuando les arrebataron, después de golpear y amarrar a la pareja, 13 mil pesos en efectivo y alhajas por 40 mil, pero los cuatro asaltantes fueron aprendidos en Zapotiltic, cuando abordaban un autobús para Tecoman. En noviembre de 1978, trataron de secuestra a la esposa doña María Refugio Aguayo Parra, pero unos niños dieron aviso a las autoridades.
Don Ismael murió el 3 de mayo de 1992, a edad avanzada, y el corresponsal de El Informador aclara en su nota necrológica que fue “maestro de música que tuvo como alumnos a quienes fueron después grandes músicos vernáculos, como varios elementos del famoso Mariachi Vargas de Tecalitlán”. Además nos ilustra lo conocido y querido en Tuxpan, pues “sus restos fueron velados por mucha gente del pueblo que lo conocía y sabía de su valer en el medio musical popular”.
Es usual atribuir a Rubén Fuentes, tal vez porque él mismo lo dijo en varias entrevistas, que la "modernización" del mariachi se debe a su perspectiva de futuro. Que él mandó a todos los mariacheros viejos a "bañarse", incluido a don Gaspar, a que aprendieran la lectoescritura musical, para leer los arreglos que les hacía, y al que no le gustó, lo corrió del Mariachi Vargas de Tecalitlán S. C., registrado por Rubén Fuentes Gasson, incluidos sus logos y el epíteto de "El mejor mariachi del mundo", usado desde 1958. A mí me parece que ese proceso es anterior y no se debe a una sola persona en la región del sur de Jalisco y la Tierra Caliente occidental, la lectoescritura musical de los mariachis, como lo muestra el caso del maestro Ismael Alcaráz Correa, era algo que estaba sucediendo desde, al menos 1915 [probablemente desde fines del siglo XIX]. En ése momento, como sucedía en la cuenca del río Balsas, por la época, había mucha de inseguridad y violencia, y sobre todo poco crecimiento económico; pero la actividad musical en orquestas, bandas, mariachis o grupos "regionales" de tradición oral, era mucha (las fiestas no se "cancelaban") y los músicos, usualmente pasaban de una agrupación a otra, por lo que "leer papeles" musicales les permitía tener más trabajo, y no por ello dejaban de ser loceros, comerciantes, sastres, arrendadores, jornaleros y cuanta actividad les permitiera poner las tortillas y los frijoles sobre la mesa familiar...
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