Vamos a comenzar una historia que se extiende en el territorio y en el tiempo. Narraremos cómo los Bargas de los ranchos de la Sierra del Tigre, se volvieron los Vargas en los valles cañeros de Tecalitlán. Algunos Vargas salieron de Colima para la ciudad de México y seguir allende las fronteras. Si usted espera una loa al Mariachi Vargas, a los músicos que lo conformaron, y sobre todo a Silvestre o al pirata Fuentes, siga su camino; se trata de hacer una historia social, porque la música y el "musicar" es una acción colectiva, donde las cosas suceden con y sin la "genialidad" del individuo. A lo largo de estas páginas, y las futuras, vamos a desentrañar relaciones no siempre evidentes entre lo geográfico, lo económico, lo material en primera instancia, y lo social, lo político, en segundo plano, para ver cómo todo confluye en lo cultural. No es el individuo el agente de esta historia, es el colectivo anónimo que fabricó instrumentos, técnicas de ejecución, propuso dotaciones, técnicas de ejecución, de canto, creó coplas y estribillos, modeló líneas melódicas y las vistió con acordes, las alegró con bajos, para que sus escuchas gritaran, zapatearan y pespuntearan sobre el suelo, y alegraran sus vidas en un marco espacial y temporal concreto, con singularidades, pero con muchas coincidencias con otras regiones del occidente de México, como el Plan de la Tierra Caliente, los Balcones y la Depresión del Balsas.
El marco geográfico puede trazarse en una zona montañosa, formada por cerros de basalto cubiertos con tierra colorada, llamada charanda, al sur del lago de Chapala, que tiene como punto más alto el Pico del Tigre, de 2,800 msnm, no menos impresionantes son el Palo Verde, el Blanco, el de La Cruz, El Cuascomate, El Faisán, El Montoso, y el Chinito, por el cerro más alto es que se conoce como Sierra de El Tigre. En ése cerro alto nace un río que ahí se llama Quitupan, luego Tamazula, Tuxpan, Naranjo y por último, Coahuayana, cuando desemboca en el Océano Pacífico, en la Boca de Apiza; en su recorrido de norte a sur recoge las aguas de los ríos y arroyos de la sierra como el de las Huertas, el Calóndrigo, el Algodón, el Santa María del Oro y el grande de Tepalcatepec, que corre paralelo al Coahuayana, hasta llegar a Tepalcatepec y dirigir su derrotero hacia la izquierda para regar todo el Plan de Apatzingán. Esos ríos corren por barrancas profundas como la del Agua Fría, la de las Agujas, la Burra, y de la Soledad. Es necesario tener en mente los nombres de los accidentes geográficos enumerados, pues muchos de ellos dieron nombre a los ranchos y haciendas en sus inmediaciones, los cuales aparecerán como referencia a lo largo del texto en los documentos familiares.
Estas tierras y ríos nutren pinos de diversas especies como el abeto, el oyamel, el ocote, el lacio, y el chino, robles, encinos, madroños, fresnos de los que cuelgan orquídeas de la tierra, lianas, musgo que sube de un suelo cubierto de arbustos y helechos. Los habitantes tienen huertas con frutas de tierra fría como el capulín, el tejocote y la pera; y aprovechan agua y madera para procesar los magueyes mezcaleros.
En el cielo azul y frío vuelan gavilanes de cola larga, tórtolas, y abajo corren codornices, liebres, jabalís, armadillos, venados cola blanca, perseguidos por coyotes, zorras, tejones, pumas y gato montés, llamados “tigres” por los habitantes, y que nombra la serrana región.
Al ir descendiendo en altitud por la sierra hacia el sur, la flora se vuelve de selva baja caducifolia, con ceibas, parotas, rosamoradas, caobas, huásimas, mezquites y huizaches, cuelgan algunas orquídeas y bromelias. Pitayos y magueyes (sobre todo los mezcaleros) cubren los terrenos donde la caña de azúcar no prospera. Aparecen un número mayor de reptiles como las víboras de cascabel.
Es una zona de muchas rancherías y pocos pueblos, localizados en las estribaciones de los cerros, de un lado Quitupan, Mazamitla, Valle de Juárez, Tamazula, Zapotiltic, Tuxpan y Tecalitlán, Jilotlán pertenecen a Jalisco, del otro lado San José de Gracia, Sahuayo, Jiquilpan, Cotija, Los Reyes, Tocumbo, y Tepalcatepec, pertenecen a Michoacán. Por un lado y por el otro bordeaban los Caminos Reales de Colima, uno hacia Guadalajara y el norte, otro hacia Valladolid-Morelia y la Ciudad de México. Ahora podemos ver dos carreteras que siguen sin atravesar el macizo montañoso y que marean de tantas curvas para bajar y subir, “...de Colima para arriba”. y desde hace unas décadas un camino revestido convertido en carretera estatal que va de Quitupan a Santa María del Oro.
Don Luis González conocía muy bien a la gente de la región, pues era uno de ellos, y en su etnohistoria nos dice:
...No sabían leer, pues un par de excepciones no invalida la regla. Sí sabían multitud de refranes y proverbios acarreados por la tradición oral. También llenaban su memoria con historias familiares que a veces se remontaban hasta siglo y medio. Los sucesos de las guerras de independencia acaecidos en la zona, y de los que todavía quedaban protagonistas, eran del dominio común. No hay indicios de que se hayan sabido y sentido mexicanos. El sentimiento de raza era más fuerte que el sentimiento de patria.
Interesante que unos músicos de esta región fueran elegidos para representar "lo nacional", mostrar a México en el extranjero, cuando en los ranchos el sentido nacional sigue bastante laxo.
Es una región donde se contrastan los antiguos pueblos de indios al norte, con las rancherías de “criollos” y mestizos que se dispersan por cerros y barrancas. Los rancheros se sienten “orgullosos de su ascendencia española”, pero “los matrimonios con personas de ascendencia negra o indígena no eran insólitos”. Don Luis dice que hay una cultura compartida y que entre ranchos y pueblos lo que hay es una diferencia de “estilo de vida”.
El poder de los pueblos del Bajío ha disputado el control de la región desde antes de la llegada de los occidentales. Unos pueblos fueron dependientes del Obispado de Valladolid de Michoacán, otros de Guadalajara, unos del Virrey de la Nueva España, otros de la Real Audiencia de Guadalajara, y en medio Colima, siempre en conflicto, incluso cuando se estableció una Alcaldía Mayor, tuvo su cabecera en movimiento, unos años en Tecalitlán lo que marcaría al pequeño pueblo en los imaginarios de los habitantes de la región.
El 28 de diciembre 1843, en el templo de la parroquia de Quitupan se casó José Ma Bargas, originario y vecino del rancho de El Zapote, hijo legítimo de José Arcadio Bargas y de Ma. Josefa Rodríguez, quienes en ése momento vivían; con la señorita Guadalupe Andrade, “de la misma vecindad”, hija legítima de José Andrade y Dolores García, también vivos en ése momento. Es hasta el momento el documento que permite iniciar la genealogía.
Adelante veremos que se trata de una familia de personas con ascendientes indígenas y criollos, que, a veces, algunos de sus miembros, son referidos como “españoles”, “criollos”, “de raza blanca” y otros como “indios”, “agraciados”, “naturales”, “de raza indígena”, y también como “de raza mezclada”. Las fotos de los famosos de la familia no son de fiar, porque en un país con tantos prejuicios raciales y microracismos, como México, la imagen que el Estado y las industrias culturales promovieron de “lo mexicano”, en la segunda mitad del siglo XX, fue la de un mexicano estereotipado como “criollo”, “ranchero” y por tanto no “indio”; así que los retoques de las fotografías en el color de la piel y de los ojos no fueron pocos y tuvieron una intencionalidad étnica y política, consciente y no, por quienes las trabajaron.
En 1844 se estableció una política de modernización industrial en México, entre ellas el establecimiento de la industria de la seda, y para ello se fomentó la siembra de moreras en Michoacán. En Zamora, cabecera de distrito, se crearon compañías y es probable que eso atrajera a José Ma. Vargas a Cotija, un pueblo industrioso, con un nutrido grupo de arrieros que favorecía el comercio; ahí nació su hija Antonia. Al fracasar el movimiento de procesamiento de la seda es probable que la familia regresara a los ranchos en la sierra, hasta que llegó la Intervención Francesa.
Luis González describe muy breve y de manera interesante la vida de los rancheros de la Sierra del Tigre en ése momento.
... Rojas, el de las mil fechorías, andaba peleando contra los güeros. Un día por la tarde llegan éstos al Llano de la Cruz. (Son 400 zuavos a las órdenes del coronel Clinchant). Las mujeres se ponen a hacer tortillas para ellos. (Esa misma tarde entran a Jiquilpan 4000 hombres, defensores de la República, al mando del general José María Arteaga). Los rancheros del Llano de la Cruz y puntos circundantes ven con asombro el traje de los zuavos: camisa guanga y azul, y nagüillas rojas. Ya oscuro, los franceses salen al galope del Llano de la Cruz y se dirigen hacia donde sale el sol. Los de Clinchant, a las cuatro de la mañana, atacan a los republicanos que duermen en Jiquilpan. Se traba el combate. Muere el general Ornelas de un balazo en el cuello y el general Pedro Rioseco de un golpe. Se dispersa el ejército atacado. Los güeros vuelven por donde vinieron. Otra vez las mujeres de los rancheros de la exhacienda de Cojumatlán muelen maíz y hacen tortillas para ellos. En adelante, ya por una ranchería, ya por otra, ya victoriosos, ya maltrechos, los gabachos vuelven a pasar...
Las rancherías se vuelven vulnerables, el maíz, el frijol, los quesos y sobre todo el ganado se pierde con las incursiones de unos y otros, por ello los rancheros migran a las ciudades, villas y pueblos que circundan su territorio. La familia de José María Bargas baja a La Cañada, hacienda de Tasinaxtla, en Zapotiltic, siguiendo a su hermano Vicente Bargas y sus hijos que trabajaban para la hacienda; pero no se establecen de manera definitiva, siguen a la hacienda de La Purísima, en Tecalitlán.
Es muy probable que tanto José María y Vicente tuvieran conocimientos musicales, y este hecho va a ser interesante, pues estas dos familias van a insertar en el gremio de Euterpe, van a formar linajes musicales a través de matrimonios con personas de otros linajes musicales que conforman una red de individuos que dedican una parte de su vida laboral a la música y entre los que salen varios grupos musicales de tradición oral, en orquestas, mariachis, bandas, y ya a mediados del siglo XX, con otros géneros modernos.
Amado, hijo de José María, y padre de Gaspar Vargas, era músico, y Hermenegildo, hijo de Vicente, dirigió un mariachi, donde inició a tocar Silvestre Vargas, y también tuvo un hijo Juan Vargas, primo segundo de Gaspar, que fue músico. Es por ello que la hipótesis del conocimiento musical de José María y de su hermano Vicente Bargas parece tener cierta viabilidad, como también la de Arcadio, hasta el momento el patriarca.
Vamos a contar la historia de los Bargas, músicos de mariachi que descendieron de Quitupan, a los pueblos y haciendas de la antigua Alcaldía Mayor de Colima; hasta que unos fueron seleccionados para representar a “lo mexicano” por las industrias culturales y por el Estado mexicano, con base en las habilidades de gestión de Gaspar Vargas y su estrategia de que líderes políticos del occidente de México pusieran al grupo y sus miembros bajo su tutela, en padrinazgos que eran políticos e incidían en lo músical; el primer ejemplo está en el espacio local, donde la familia de la Mora, que tuvo a varios presidentes municipales de Tecalitlán (como Trinidad y Arturo), que “ayudaron”, pero también usaron a Gaspar como un “embajador cultural” de Tecalitlán fuera del pueblo, ellos lo vincularon con el diputado de la región y este a su vez con José Guadalupe Zuno, gobernador de Jalisco, quien los contactó con Lázaro Cárdenas del Río, quien antes de ser presidente de México, fue comisionado para terminar con los levantamientos cristeros en la Sierra del Tigre, y algunos de sus hermanos estuvieron comisionados militarmente en la región y por ser de Jiquilpan, uno de los pueblos que bordean la Sierra del Tigre, pues compartían su cultura, aunque con matices diferentes de “estilo de vida”, diría don Luis González.
Es necesario decir que igual de importante que esta historia social de la cultura musical de la Sierra del Tigre, sería tratar de hacer la historia de los Bargas en los pueblos de indios del sur de Chapala, probablemente músicos indios de la capilla musical de la parroquia de Mazamitla, que en el siglo XVIII formaban un cuarteto barroco, al que después llamaríamos “mariachi”, influidos por la industria cultural, pero que también se conoce en la región como conjunto de arpa, fandango, murga y “música de cuerda”.


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