jueves, 26 de febrero de 2026

Trinidad Olivera Flores, “El Potrillo”, violinista.

Trinidad Olivera nació hacia 1897, aprendió a tocar el violín y fue el segundo violín del mariachi de Gaspar Vargas, cuando el primero lo hacía Refugio Hernández, primo de Gaspar. Hacia 1930 fue maestro de Nicolás Torres Vázquez, violinista, también del mariachi de Gaspar Vargas. Hacia 1932 Silvestre decidió usar también el guitarrón, junto con el arpa, así que puso a tocar el guitarrón a Trinidad Olivera; tocó con el mariachi de Vargas hasta 1934. Al dejar el mariachi se dedicó al comercio y a la agricultura. No sabemos si continuó la enseñanza a niños y jóvenes, o el interés con la formación musical de Nicolás Torres se debió a que tenían un parentesco lejano.

              Nicolás nos cuenta esa aproximación de la siguiente manera: 

...A mi me tocó una buena suerte conocer a uno de los primeros que se agrupó con los señores Vargas. Él se llamó J. Trinidad Olivera, yo tenía alrededor de catorce años cuando me vio que andaba en plan de juego con un amigo mío, mi amigo tocaba guitarra y yo mandolina, al vernos con instrumentos, él me pregunto ¿Te gustaría enseñarte a tocar?
        Le conteste: es que no tengo, y dijo: pues si tú quieres, yo te presto uno de los que tengo y si aceptas te espero ahí donde ensayo. En cuanto nos pusimos al ensayo luego dijo lo siguiente: tú vas hacer un segundo violín, es por eso que te debo decir de qué manera lo hagas...
        Al término de seis semanas, me llevó a mi primer tocada, la cual le pagaron a él $4.50 (moneda nacional) por el tiempo de tres y media horas. Guardo toda mi gratitud al señor Trinidad, más bien conocido con el sobrenombre «El Potrillo», quien fue mi primer maestro. 

       El maestro Trinidad Olivera le presentó a Nicolás a los Vargas y empezó a tocar con ellos, cuando vivían en La Cañada de Taxinaxtla, en el municipio de Zapotiltic, pero próxima a Tecalitlán. 

Recuerdo que mi maestro Trinidad me dijo que tenía el compromiso de ir al ingenio alcoholero que se llama “La Cañada”, esto sucedió en el año de 1928. Teníamos que irnos tres personas en loma de bestia a unirnos en el lugar indicado con los dos señores Vargas, padre e hijo. Fue la primera vez que toque con los compañeros Vargas. Poco tiempo después fue que trabajamos más frecuentemente.

En los años 1928 a 1930 íbamos a ciudades cercanas de Tuxpan, Tamazula, Cd. Guzmán, y a la capital de Colima. Cuando se terminaban las fiestas religiosas en Cd. Guzmán en seguida eran las de Colima. Así se pasaron dos o tres años.

              Don J. Trinidad Olivera Flores nació en 1897, aunque todavía no hemos encontrado documento que lo avale. Tal vez porque fue hijo “natural”, pero reconocido, pues su padre, don Emigdio Olivera Martínez, se casó dos veces, pero no con doña Fermina Flores Alvarado, hija de Valentín Flores y Andrea Alvarado, bautizada el 8 de julio de 1865, en Tecalitlán. Las cosas se complicaron con la muerte de su padre en hacia 1908.

         El linaje musical le viene de la familia Martínez, su abuela, Andrea Martínez, era hija de J. Trinidad Martínez, casado con Ma. Isabel López, y tal vez con ellos aprendió el oficio, aunque su padre fue carpintero, y uno de sus tíos obrajero.

 Antes de contraer matrimonio formal, don Trinidad Olivera tuvo un hijo “natural”, José Olivera, con Refugio Chávez García. El tenía 27 años, era soltero, jornalero, originario y vecino de Tecalitlán, la madre tenía 18 años, era hija de  Adolfo Chávez y Encarnación García. El infante nació en la casa número 34 de la calle de Abasolo, a unas casas de la residencia del padre.

         En 1930, en la casa número 52 de la calle de Abasolo, vivía Trinidad Olivera, de 30 años, registrado por el Censo Nacional como “músico”, soltero; en la misma casa vivían: su madre Fermina Flores de 60 años (aunque había nacido en 1865), y Juliana Vargas, viuda, de 65 años, probablemente una tía.

Don Trinidad contrajo matrimonio el 7 de noviembre de 1940, en Tecalitlán. El enlace se celebró en la casa número 14, de la calle Xicoténcatl, que era la misma en la que vivían los Vargas. En el acta aparece: J. Trinidad Olivera, soltero, comerciante de 43 años de edad, hijo legítimo de Emigdio Olivera, finado, y de Fermina “Ramírez”, en realidad Flores, y su consorte: la señorita Baudelia Contreras, célibe, sin profesión, de 18 años de edad, hija legítima de Luis Contreras, viudo, y de Mercedes Pérez, finada. Ambos contrayentes eran de Tecalitlán, “son de raza mezclada”, católicos, mexicanos. Es interesante que los testigos fueran también músicos, Amado Vargas, padre de Gaspar, y J. Trinidad Martínez, del linaje Martínez, ambos en ése momento casados, labradores, mayores de edad, de Tecalitlán y “sin parentesco con los contrayentes”.

Tras su separación del Vargas en 1934, don Trinidad Olivera regresó a Tecalitlán y se dedicó al comercio, y también a la política. En 1943 era el presidente municipal del pequeño pueblo, y oficial del Registro Civil. El 3 de mayo tuvo que registrar la muerte, “sin asistencia médica”, de su hija recién nacida, María Fermina, de apenas 7 días de nacida, en la casa número 13 de la calle de Abasolo.

En ése momento ya tenía un año su hijo Dámaso Olivera Contreras, y al parecer, no tuvo más descendencia con Baudelia.

           La señora Baudelia Contreras Pérez falleció el 6 de mayo de 1966, en el Sanatorio Ayala, de la ciudad de Guadalajara Jalisco, con la asistencia médica del doctor Salvador Sánchez Ruíz, a consecuencia de Absceso Hepático. En ése momento tenía 41 años, y fue inhumada en primera clase en el Panteón Municipal. Según declaró su hijo Dámaso Olivera Contreras.

              Don Trinidad Olivera aparece en las actas hasta el 18 de enero de 1970, cuando comparece ante el Registro Civil, en la pequeña ciudad de Tuxpan, Jalisco, para dar parte de la muerte por “coma diabético”, de su hijo José Olivera Chávez, casado, mexicano, obrero, de 44 años, en la casa número 46 de la calle Hidalgo, donde vivía con su mamá María Refugio Chávez, de 60 años, y con su esposa, Olivia Castrejón, de 22 años. Fue inhumado su cuerpo en una fosa de 3a clase por 5 años en el Panteón Municipal.

  No duró mucho don Trinidad, pues el mismo año, el 3 de noviembre, murió de “paro cardiaco”, después de sufrir bronquitis crónica, según certificó el doctor Enrique González Mora. Quedó asentado en el acta como viudo, de 73 años de edad, originario de Tecalitlán y vecino del mismo, en la casa número 57 de la calle de Xicoténcatl, según declaró su hijo Dámaso Olivera, casado, de 29 años. Fueron testigos los ciudadanos: Arturo de la Mora Ochoa y Abel Vázquez Ruetz.

 Trinidad Olivera con Gaspar Vargas.




 

 

 

 

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