jueves, 5 de agosto de 2021

El jarabe y el pan

El jarabe y el pan son parte de una metáfora sexual; las “piezas” musicales, referentes al pan, prohibidas por la Inquisición en el siglo XVIII se conocían como: el Pan de Jarabe, El Pan de Manteca, Los Chimizclanes y Los Panaderos, que durante el XVII Campamento de Verano: ¡Música para Guachit@s! Martín Herrera, Chavolin Herrera, tocó y cantó con versos y "castigos" que nos hicieron reír durante una hora...

¡Ay, Cocol! ¿Ya no te acuerdas
cuando eras chimizclán?
Ya porque tienes tu ajonjolí
ya no te quieres acordar de mí.
En la lírica de tales sones se hace un símil entre la acción de “trabajar”, con “bailar”, y entre el trabajo del panadero con la masa, el “amasar”, con el acto sexual, o cuando menos con “sobar”, “apretar”, “palmear” y “acariciar”, operaciones que se realizan sobre la mesa de amasar. Por ello, no es raro que durante las bodas de la Tierra Caliente del Balsas medio y entre los jñatjo del Oriente de Michoacán, se bailen Las Monas, cargando unas piezas de pan que representan a hombres y mujeres, con el sexo evidentemente expuesto. En otros lugares del Occidente de México, como entre p'urhépechas y mazahuas, el baile de Los Panes con o sin forma humana, termina ofreciendo cuernos, roscas, rosquetes y coronas, como metáforas sexuales menos evidentes que relacionan la acción de “comer”, con “coger”, que también trasciende en frases como: ¡Está para comersel@!.
Incluso entre las coplas que todavía se usan en los jarabes de los Balcones de Turicato, hay uno que hemos escuchado a don Vicente Murillo, violinista que se acerca a los 90 años, oriundo de El Capote y miembro de una familia que tiene cuando menos 150 años en la música. La melodía es llamada “La Feria”, en la compilación que realizó don Francisco Sánchez Flores y entregó a Josefina Lavalle para su libro.
Si quieres vámonos
si quieres vámonos
Si quieres vámonos, te llevaré
y a ver aque,
y a ver aque
y a ver aquella
qui'ace tan sabroso pan/ que está por allá.
Si unimos las referencias a laa “bonitaa panaderas que se saben festejar”, o que “saben trabajar” y “aquella que hace tan sabroso pan”, presentes en la lírica tradicional mexicana, desde el siglo XVIII hasta el presente, nos percatamos que el vínculo entre pan y sexo es una metáfora presente desde hace mucho tiempo, como se ha mostrado con anterioridad entre los cítricos, “naranjas y limas, limas y limones”, y la sexualidad.
Este vínculo entre el jarabe y la procreación, mediada por la sexualidad, presente en sus movimientos y lírica, fue la razón para que estuviera presente en las bodas, como una metáfora que alentara la multiplicación dentro de la familia. Así, el “Creced y multiplicaos”, alentado por el Estado y la Iglesia en la Nueva España devastada por las epidemias, entró en la lógica de las diversas culturas locales del occidente novohispano con un rito de fertilidad que consiste en bailar “con panes”, alimento y metáfora sexual, sin que hubiera contradicción para los portadores y si para los censores.

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